El Niño podría encarecer luz y alimentos en Colombia

Un estudio advierte que un episodio intenso de El Niño podría golpear al bolsillo de los hogares colombianos con mayores facturas de energía y alimentos más caros. El impacto sería más fuerte en familias de estratos medios y bajos, especialmente si coinciden alzas tarifarias y mayor consumo.

“El Niño” no es solo un fenómeno climático: en América Latina, su capacidad para alterar lluvias, embalses y precios ha sido observada durante décadas, y en Colombia suele traducirse en una presión inmediata sobre el costo de vida. En esa línea, un estudio de la firma Russell Bedford calcula que una factura de energía de $175.000 podría subir hasta $227.300 al mes si coinciden un ajuste tarifario y un consumo 20% mayor durante un episodio de sequía asociado a este evento.

La estimación equivale a $52.250 adicionales al mes para hogares de estratos tres y cuatro. El cálculo parte de una tarifa residencial cercana a $875 por kilovatio hora, correspondiente a septiembre en los principales operadores del país, y toma como referencia un hogar que incrementa su consumo de 200 a 240 kilovatios hora, junto con un encarecimiento de 18,7% en la generación de energía.

Bajo esa hipótesis, la tarifa total aumentaría 8,2%, siempre que los demás componentes del recibo se mantengan sin cambios. Si el escenario se prolongara durante un año, el desembolso adicional rondaría los $627.000.

El informe aclara que se trata de una simulación y no de un incremento ya definido. Las tarifas varían según la región, la empresa prestadora del servicio y el estrato socioeconómico.

El efecto del fenómeno no se limitaría al uso de ventiladores, aires acondicionados o duchas eléctricas. La menor disponibilidad de lluvias puede afectar los embalses, encarecer la generación eléctrica y, al mismo tiempo, presionar los precios de los alimentos por menores rendimientos o pérdidas en las cosechas.

De acuerdo con la información citada por la firma, el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) estima una probabilidad superior al 90% de que se presente un fenómeno de El Niño muy fuerte entre finales de 2026 y comienzos de 2027.

“En términos financieros, una familia con poco margen después de pagar el arriendo o la cuota del crédito de vivienda, la alimentación y los servicios públicos puede sentir con fuerza incluso un aumento aparentemente pequeño”, afirmó Mauricio Serna, socio de Finanzas Corporativas de Russell Bedford.

El impacto podría ser mayor si se activan recargos por consumo. La Comisión de Regulación de Energía y Gas (Creg) contempla cargos adicionales cuando un usuario supera el 110% de su meta individual: 30% para los estratos uno a tres y 50% para los estratos cuatro a seis, con topes y excepciones. El primer ciclo tiene carácter pedagógico y no genera cobro, pero luego la medida puede trasladarse a la factura.

La firma incluyó ejemplos de gastos cotidianos para mostrar cómo hábitos aparentemente menores terminan pesando en el presupuesto. Cuatro personas que prolonguen cinco minutos cada ducha diaria podrían sumar 55 kilovatios hora en un mes, si usan una ducha eléctrica de 5.500 vatios.

Con la tarifa tomada como referencia, ese consumo adicional costaría cerca de $48.100 mensuales, sin incluir el gasto de agua ni eventuales recargos por exceso de consumo.

La refrigeración también concentra una parte importante de la demanda residencial. Según la caracterización de la Unidad de Planeación Minero Energética (Upme) citada en el estudio, las neveras representan 52% del consumo eléctrico en climas templados, 49% en climas fríos y 45% en climas cálidos.

La comparación entre dos equipos con consumos mensuales de 70 y 30 kilovatios hora ilustra la diferencia: el aparato menos eficiente podría representar cerca de $35.000 más al mes y unos $420.000 en un año, si la tarifa no cambia.

Antes de reemplazar un electrodoméstico, el informe sugiere revisar el estado de los empaques, la ventilación y el mantenimiento. También recomienda evitar duplicar cálculos, dado que el consumo de esos aparatos ya está incluido en el total del recibo de energía.

Russell Bedford plantea, además, que el costo inicial de un equipo eficiente debe compararse con el ahorro esperado y con otros gastos asociados. Si un electrodoméstico cuesta $600.000 más que una alternativa y reduce la factura en $25.000 al mes, recuperar la diferencia tomaría 24 meses.

“La eficiencia no debe confundirse con comprar más”, sostuvo Serna. El especialista indicó que en esa cuenta deben entrar el transporte, la instalación, el mantenimiento y los intereses en caso de financiación.

“Si la financiación absorbe el ahorro, cambiar el equipo puede mejorar el consumo eléctrico y empeorar el presupuesto”, agregó el socio de Finanzas Corporativas de Russell Bedford.

La recomendación es revisar entre dos y tres facturas antes de decidir qué electrodoméstico conviene reemplazar. Ese análisis permitiría identificar si el mayor gasto proviene de un aparato específico, de cambios en los hábitos de consumo o de variaciones tarifarias.

Análisis y proyecciones: en episodios fuertes de El Niño, el impacto suele sentirse por una cadena de efectos: menos lluvias, menor nivel de embalses, presión sobre el costo de generación y, en paralelo, tensiones inflacionarias sobre la canasta básica. En términos macroeconómicos, Colombia ha aprendido en distintos ciclos que la energía y los alimentos pueden convertirse en vectores simultáneos de encarecimiento, por lo que el margen de maniobra de los hogares depende tanto del clima como de la velocidad de ajuste de las tarifas y de la capacidad de ahorro interno. Si el escenario previsto por el estudio se materializara, los hogares con ingresos ajustados serían los más expuestos a recortar consumo, endeudarse o postergar reemplazos de electrodomésticos.

Evolución del tema: en los últimos años, el debate dejó de centrarse solo en el fenómeno climático en sí y pasó a incorporar con más fuerza el comportamiento del sistema eléctrico, la eficiencia energética y la administración del gasto familiar. También cambió la postura de los actores institucionales: mientras el sector regulatorio ha insistido en mecanismos para desincentivar consumos excesivos, firmas consultoras y analistas han puesto el foco en la necesidad de evaluar decisiones domésticas con una lógica financiera, no solo técnica. En ese contexto, el usuario final ya no aparece únicamente como consumidor, sino como un actor que debe anticipar costos, revisar su factura y adaptar hábitos ante eventos climáticos más extremos.

La presión sobre el presupuesto también podría trasladarse a la canasta básica. Según los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) incluidos en el informe, los alimentos acumularon un aumento de 7,16% entre enero y agosto.

El documento cita además un análisis de Corficolombiana, según el cual los episodios fuertes de El Niño elevaron históricamente la inflación de alimentos en 3,9 puntos porcentuales frente a períodos de condiciones climáticas neutras.

Con esa referencia, un mercado de $1 millón al inicio de una comparación anual podría terminar con un costo $39.000 superior al que tendría sin ese efecto climático. El estudio precisa que se trata de una diferencia acumulada hacia el final del año y no de un incremento adicional en cada compra quincenal.

“Ante una temporada seca prolongada, es prudente separar un pequeño monto para posibles aumentos de servicios, mantenimiento de equipos o reparación de fugas”, aconsejó Serna.

La firma recomendó revisar seis meses de facturas, comparar los alimentos por precio por kilo y ajustar las compras al consumo real de cada familia. La reserva para imprevistos, según el informe, puede reducir la necesidad de financiar con tarjeta de crédito un recibo elevado, un arreglo doméstico o una compra de mercado.