Los dólares no salen del colchón a los gritos

El Gobierno quiere que los ahorros vuelvan a financiar la economía, pero la confrontación política puede debilitar el mensaje de confianza. Para invertir hace falta algo más duradero que la promesa de ganar la próxima elección: reglas que sobrevivan a cualquier gobierno.

El ahorrista argentino tiene memoria. Cuando decide qué hacer con su dinero, lleva consigo las experiencias propias, las de su familia y las de un país que demasiadas veces cambió las condiciones después de recibir los depósitos.

Por eso, convencerlo de invertir exige mucho más que entusiasmo oficial. Necesita saber cómo podrá disponer de sus fondos, qué riesgos asume y qué garantías conservará cuando cambien las autoridades.

La confianza se construye con decisiones consistentes. Cada palabra de quienes conducen la economía debería contribuir a esa tarea.

El miedo también puede frenar una inversión

Luis Caputo calificó a Axel Kicillof como el “Anticristo” al cuestionar el riesgo que, a su juicio, representa una eventual vuelta del kirchnerismo. filo.news

La expresión busca marcar una diferencia política extrema. Pero merece una pregunta: ¿qué escucha el ciudadano que está evaluando comprometer sus ahorros?

Puede escuchar que el Gobierno defiende su programa. También puede interpretar que, si cambia el resultado electoral, su inversión quedará expuesta a un escenario imprevisible.

Ese es el problema de utilizar el temor como argumento económico. Puede servir para movilizar votos y, al mismo tiempo, desalentar decisiones que necesitan varios años para madurar.

Una fábrica, un comercio o un proyecto productivo requieren un horizonte más largo que una campaña.

El “colchón” es una metáfora que necesita precisión

La cifra difundida de unos 285.114 millones de dólares fuera del sistema financiero local incluye distintas formas de tenencia, entre ellas efectivo y depósitos en el exterior. No representa exclusivamente billetes escondidos en los hogares. TodoArgentina

Tampoco permite afirmar que todo ese dinero esté disponible para ingresar inmediatamente a la economía argentina. Son activos de distintos titulares, con necesidades, obligaciones y decisiones diferentes.

Pero el debate que despierta es relevante: cómo lograr que una mayor parte del ahorro encuentre oportunidades productivas dentro del país.

La respuesta exige atender la seguridad jurídica, la estabilidad económica, los costos y la rentabilidad. Reducir esa decisión a una cuestión de patriotismo o adhesión política sería desconocer cómo se protege el esfuerzo de una vida.

La estabilidad debe sobrevivir a las elecciones

Un gobierno puede defender su continuidad y explicar por qué considera conveniente la reelección. Lo que no debería hacer es presentar cada alternancia democrática como una amenaza inevitable contra el patrimonio de los ciudadanos.

La previsibilidad se vuelve más sólida cuando existen acuerdos básicos sobre contratos, propiedad, obligaciones del Estado y funcionamiento de las instituciones.

Eso requiere una responsabilidad compartida. El oficialismo debe ofrecer reglas confiables; la oposición debe explicar qué propone cambiar y cómo evitaría perjudicar derechos adquiridos.

Si cada elección parece obligar a empezar desde cero, la prudencia del ahorrista resulta comprensible.

Polarizar puede fortalecer al adversario

Convertir a un dirigente opositor en protagonista permanente también tiene consecuencias electorales.

Cuando el Gobierno concentra sus críticas en una sola figura, le concede visibilidad y puede ayudar a reunir alrededor de ella a sectores que antes estaban dispersos. Eso no garantiza su crecimiento, pero constituye un riesgo de la estrategia.

Además, cuanto más tiempo se dedica a describir al adversario, menos espacio queda para explicar resultados propios.

La defensa de una gestión necesita mostrar qué mejoró, qué sigue pendiente y qué se corregirá. El contraste político puede acompañar esa explicación; difícilmente alcance para reemplazarla.

La oposición también debe ofrecer certezas

Reunir sectores alrededor del rechazo a Milei no constituye, por sí solo, una propuesta de gobierno.

Una alternativa necesita explicar cómo financiará sus decisiones, qué hará con los impuestos, cómo sostendrá la estabilidad y qué condiciones ofrecerá a quienes producen y trabajan.

La descalificación, venga de donde venga, deja esas preguntas sin respuesta.

Para el dueño de un pequeño negocio, el productor o la familia que conserva una reserva para emergencias, la cuestión es concreta: ¿puedo confiar en que las reglas serán respetadas cuando necesite mi dinero?

La confianza se gana cumpliendo

Argentina necesita que el ahorro pueda convertirse en crédito, inversión, producción y empleo. Para lograrlo debe ofrecer oportunidades y garantías que resulten creíbles.

Cada contrato respetado, cada obligación cumplida y cada decisión bien explicada aportan más que una amenaza electoral.

Los argentinos no necesitan que les ordenen confiar. Necesitan motivos para hacerlo.

El día que puedan planificar sin temer que la próxima elección cambie todas las condiciones, los dólares tendrán más razones para salir del colchón.