Acampada por la vivienda en Zaragoza se levanta, pero sigue la protesta

La acampada instalada en la plaza de España se desmontará este sábado a las 15.00, pero el movimiento por la vivienda continuará con una manifestación y nuevas asambleas. El Sindicato de Inquilinas sostiene que la movilización ha servido para visibilizar el conflicto y extender la organización barrial.

“La historia no se mueve sin presión social”, resume una de las ideas más repetidas en los grandes ciclos de protesta por la vivienda en Europa, un conflicto que en las últimas décadas ha pasado de los desahucios aislados a la organización sostenida en barrios y centros de trabajo. En Zaragoza, esa lógica vuelve a expresarse con la acampada de la plaza de España, que este sábado empezará a desmontarse, aunque sus promotores insisten en que la movilización apenas cambia de formato.

La acampada por la vivienda instalada en la plaza de España de Zaragoza se levantará a las 15.00 horas de este sábado y, tres horas después, a las 18.00, sus participantes se sumarán a la manifestación convocada desde la plaza Santo Domingo, en el Casco Histórico. Después, el movimiento seguirá en asambleas con la intención de extender la lucha a otros puntos de la ciudad y sumar más colectivos.

A partir de las 15.00 horas comenzará la recogida de las 130 tiendas de campaña que, por iniciativa del Sindicato de Inquilinas, fueron instaladas en la noche del pasado jueves 1 de octubre en esta céntrica plaza de Zaragoza.

La portavoz del Sindicato de Inquilinas, Paula Ríos, explicó que, una vez desmontado el asentamiento, “continuará la lucha por otros medios” y convocó a la ciudadanía a participar en la manifestación de la tarde.

“Tenemos que demostrar que estamos hartas, que somos miles y que queremos acabar con el negocio de la vivienda”, enfatizó. También reivindicó que han sido “días de solidaridad” y de demostración de que son capaces de ocupar el espacio público que, según denuncian, “están intentando privatizar”.

En declaraciones a los medios, Ríos lamentó que la votación celebrada este viernes en el Congreso de los Diputados, en la que decayeron los dos reales decretos, “demostró que todos los partidos del arco parlamentario legislan a favor del rentismo”.

Según su lectura, las propuestas eran “parches llenos de agujeros”, porque incluían bonificaciones fiscales para rentistas y compensaciones para caseros que buscan expulsar a los inquilinos de sus viviendas. Y, a su juicio, los otros bloques políticos ni siquiera lograron aprobar esos “parches”.

El cambio viene por la fuerza

De esa votación, el colectivo extrae una conclusión que considera “clara”: “Nadie nos va a regalar nada. Cualquier conquista, cualquier cambio solo puede venir de la fuerza de la clase trabajadora organizada”. Por eso, Ríos sostuvo que las próximas semanas y los próximos meses deben seguir siendo “meses de lucha”.

Admitió que el recorrido será “largo” y que queda mucho trabajo para extender la organización “a los barrios, a los centros de estudio y a los centros de trabajo”. En esa línea, tras la manifestación de este sábado han convocado una gran asamblea abierta a la ciudadanía para el jueves 8 de octubre, a las 19.00, en la plaza San Pablo.

“Queremos dejar claro que levantar la acampada no significa en ningún caso acabar aquí. La lucha sigue, es el único camino”, afirmó, antes de animar a acudir a la cita de las 18.00 en la plaza Santo Domingo.

Una acampada que buscan convertir en red

Ríos calificó estas dos noches de acampada como “un éxito” porque, según dijo, demostraron que fueron capaces de montar un campamento en pocas horas y de convocar a cientos de personas. Además de quienes participaron en las actividades del asentamiento, aseguró que recibieron mensajes de “muchísimas” personas dispuestas a enviar materiales, apoyo económico y a acercarse a respaldar la iniciativa.

Para la portavoz, la experiencia sirvió para visibilizar el conflicto y para mostrar que “hace tres semanas ocupar la plaza de España con un campamento lleno de pancartas diciendo que hay que acabar con el negocio de la vivienda parecía imposible y sin embargo hoy es realidad”.

A su entender, lo ocurrido en estos días demuestra que no pueden resignarse y que la situación puede cambiar, de modo que el episodio no debe leerse como motivo de desesperanza, sino como incentivo para “redoblar la rabia y redoblar la organización”.

Ante un eventual adelanto de las elecciones generales, insistió en que “hay que seguir luchando”. “No tenemos confianza en ninguno de los partidos políticos que actualmente están en el Congreso de los Diputados. No van a legislar a nuestro favor, entonces cualquier mejora habrá que arrancarla y por eso habrá que seguir luchando”, señaló.

En cuanto a la forma de articular esa presión, Ríos apuntó que el “desborde” de estos días puede canalizarse de distintas maneras. Por eso, el Sindicato de Inquilinas insiste en reforzar los sindicatos de vivienda, que, subrayó, llevan “muchísimo tiempo” frenando desahucios y organizando el conflicto, además de extender la lucha a barrios, centros de trabajo y centros de estudio.

La organización tratará de llegar a nuevos rincones de la ciudad y, a partir de la asamblea del próximo jueves, prevé crear grupos de trabajo para extenderse por los barrios y llevar ese “sindicalismo de vivienda” al territorio.

Huelga general y apoyos

Sobre la posibilidad de convocar una huelga general, la portavoz señaló que “algunos agentes” ya han planteado esa opción y que, aunque la consideran positiva, también son conscientes del trabajo de base que exige impulsar una medida así en un contexto en el que “se llevan años sin vivir una”.

Por eso reclamó “muchas manos” y un trabajo paciente, “de hormiguita”, más invisible que el que se ha visto en la plaza. En ese marco, reiteró el llamamiento a la participación ciudadana.

Preguntada por el respaldo sindical, indicó que CCOO y UGT “de momento, no se han querido posicionar”. A su juicio, son organizaciones que no siempre están “en la primera línea defendiendo los intereses de la clase trabajadora”, aunque cree que eso solo podría cambiar si el impulso desde abajo fuera lo suficientemente fuerte como para obligarlas a moverse.

También afirmó que, por ahora, ni sindicatos ni partidos políticos de Aragón han mantenido reuniones formales con el movimiento. “De momento no hemos tenido reuniones formales con ninguno de esos sindicatos a nivel de Aragón, ni tampoco hemos tenido reuniones con ningún partido político y no creemos que ellos nos vayan a regalar nada”, concluyó.

Incidente en la plaza

En medio de la mañana se registró un incidente entre un ciudadano que portaba una pancarta de apoyo a Ceuta y varios acampados, después de que el hombre se quejara de que las tiendas de campaña le obligaban a dar un rodeo por la plaza de España.

Tras la discusión por la presencia de las tiendas, el hombre desplegó un cartel con el lema “Real Decreto Urgente para Ceuta, ya”, y los acampados le gritaron “fascista” y “fuera fascistas de nuestros barrios”.

Luego, una de las acampadas rompió el cartel y lanzó los trozos a la cara del hombre, lo que fue aplaudido por otros participantes. El ciudadano reaccionó con enfado y, más tarde, otro acampado le arrojó agua de un botellín y le mojó la camisa, lo que intensificó el altercado hasta la llegada de un vehículo de la Policía Nacional, cuyos agentes tomaron parte de lo sucedido.

De la protesta simbólica a la organización estable

En los últimos años, los movimientos por la vivienda han mostrado una evolución clara: de la denuncia puntual de los alquileres altos y los desahucios a la construcción de estructuras permanentes de apoyo mutuo, asesoría y presión política. Esa transición explica por qué una acampada puede ser, al mismo tiempo, un gesto visible de protesta y un laboratorio para redes más duraderas. En este caso, el objetivo de extender la organización a los barrios sugiere que el movimiento busca pasar de la ocupación temporal del espacio público a una presencia territorial estable, con mayor capacidad de interlocución y de conflicto social.

Análisis y proyecciones

La decisión de levantar la acampada, pero no la protesta, es coherente con una estrategia de acumulación de fuerzas: mantener la visibilidad mediática, evitar el desgaste logístico y trasladar el conflicto a estructuras más difíciles de desactivar, como asambleas, sindicatos de vivienda y redes barriales. Si esa transición logra sostenerse, el movimiento podría ganar capilaridad y capacidad de presión local; si no, corre el riesgo de que la energía inicial se disperse. La clave, como muestran experiencias previas del activismo por la vivienda en España, será convertir la indignación en organización continua, algo que requiere tiempo, constancia y alianzas sociales amplias.