De Siberia a la Argentina: la historia de Mikhail, un ruso que se enamoró del folclore y del mate
Salió de Siberia pensando en una estadía breve, pero la pandemia y el vínculo con la cultura local lo llevaron a quedarse más tiempo del imaginado. Hoy, Mikhail Bogdanov recorre el país, aprende sus tradiciones y comparte su experiencia desde su canal de YouTube.“Quien llega a la Argentina no tarda en descubrir que aquí una ronda de mate puede abrir más puertas que cualquier protocolo”. Esa idea, que resume buena parte de la cultura de hospitalidad del país, también explica en parte la historia de Mikhail Bogdanov, un viajero ruso que salió de Siberia hace siete años pensando en pasar apenas el invierno en un destino cálido y terminó recorriendo medio mundo. Lo que iba a ser una escala breve en Sudamérica se prolongó por la pandemia y, desde entonces, la Argentina pasó a ocupar un lugar central en su vida.
Mikhail Bogdanov es ruso, nació en Siberia y viaja mientras registra sus experiencias para su canal de YouTube. Antes de llegar a la Argentina, recorrió Tailandia, Cuba, Chile y muchos otros países. Sin embargo, hubo algo del país del Río de la Plata que lo marcó especialmente: la calidez de su gente, sus costumbres y una cultura que, con el tiempo, empezó a sentir cada vez más cercana.
Con el paso de los años, el viajero ruso se fue integrando a la vida cotidiana argentina: aprendió a tomar mate, compartió asados, asistió a carnavales y fiestas populares, y conoció el folclore desde adentro. Incluso, aprendió a bailar chacarera y otros ritmos tradicionales de la mano de personas que conoció durante sus viajes. En diálogo con TN, recordó cómo llegó al país, cómo se acercó al folclore y por qué decidió quedarse más tiempo del previsto.
Recorrer toda América y terminar visitando la Argentina
Antes de instalarse en la Argentina por más tiempo del imaginado, Mikhail viajó siete años por América. Fue desde Cuba hasta Chile. Su llegada al país no estaba en sus planes originales, pero las personas que encontró en el camino lo fueron empujando a seguir: “En mi camino me encontraba con muchos argentinos y resultaban ser buenos compañeros. Tuve muy buenas experiencias con argentinos y muchos me invitaron a su país”.
Entró a la Argentina por la frontera con Chile, en Mendoza. Allí vivió una escena que todavía recuerda con nitidez: “Cuando salgo del auto, veo gente tomando mate después de un partido de vóley. Les pregunté algo y me invitaron a tomar mate con galletitas. Me sentí bien recibido desde el primer momento”, relató.
Él pensaba quedarse un par de meses, pero la llegada de la pandemia y el confinamiento alteraron por completo sus planes. Lejos de sufrir la estadía, Mikhail aprovechó cada experiencia que le ofreció el país: “La Argentina y su gente me recibieron muy bien: con mates y asados, bailes latinos y folclore, fútbol y otras actividades. Mi estancia fue rica en experiencias”, señaló.
Durante esos años, recorrió distintas provincias y se acercó cada vez más a las fiestas y tradiciones populares. Estuvo en el carnaval de Tilcara, viajó por la provincia en el Tren Cultural hasta llegar a la Fiesta de la Abuela Carabajal y, casi sin proponérselo, terminó entrando en el universo del folclore. Lo que empezó como una curiosidad durante sus viajes terminó llevándolo hasta Santiago del Estero, donde aprendió a bailar con ayuda de los propios argentinos.
De una peña en Córdoba a bailar folclore en Santiago del Estero
Su encuentro con el folclore fue tan inesperado como su llegada a la Argentina. Mikhail estaba en Río Cuarto, Córdoba, cuando asistió a una peña de Orellana Lucca. Allí entrevistó a los músicos y terminó recibiendo una invitación que cambió el rumbo de su viaje: lo llamaron a acompañarlos a un concierto en Santiago del Estero. Aceptó y, una vez allí, se sumergió de lleno en una cultura que hasta entonces conocía sobre todo desde el lugar de espectador.
En Santiago del Estero visitó el Patio del Indio Froilán, Villa Atamisqui, la Fiesta de la Abuela Carabajal y la Marcha de los Bombos. Al principio observaba a quienes bailaban, pero pronto dejó de mirar desde afuera. “Yo vi a la gente bailando, me acercaba a ellos y me invitaban a bailar. Me guiaban y me mostraban elementos de diferentes bailes”, contó. Así, de la mano de quienes encontraba en cada fiesta y peña, empezó a aprender los pasos y a participar de las rondas.
Para Mikhail, el folclore terminó siendo mucho más que aprender una danza. Fue una manera de acercarse a la historia y a las costumbres de las personas que conoció en el camino. “Así el pueblo argentino me compartió su tradición”, explicó. Entre bombos, guitarras y chacareras, el viajero encontró una de las expresiones culturales que más lo impresionaron del país y que hoy también integra el material que comparte con quienes lo siguen desde Rusia.
Bailar chacarera también significó dejar de mirar la cultura argentina desde afuera y animarse a formar parte de ella. En cada encuentro, fueron los propios santiagueños quienes le marcaron los pasos y lo acompañaron en el aprendizaje. Lo que empezó como una invitación en medio de una fiesta terminó convirtiéndose en una de las experiencias que más atesora de su estadía en el país.
Entre Rusia y Argentina: las dos culturas que más siente cerca
Después de varios años en la Argentina, Mikhail asegura que todavía se sorprende con las historias, costumbres y formas de vivir que encuentra en cada provincia. Para él, uno de los rasgos más atractivos del país es su diversidad: “Lo que más me gusta de la Argentina es su complejidad: hay muchos elementos que arman la cultura argentina y su gente. Es muy interesante explorarlo. Hablar con un argentino es hacer un viaje a su mundo personal”, resumió.
A pesar del tiempo que lleva lejos de Rusia, no siente que haya dejado atrás su identidad. “Aunque pasé varios años en Argentina, sigo siendo hijo de mi patria, porque Rusia me dio mucho y tengo una conexión fuerte con mi país”, afirmó. De todos modos, dice que no tuvo demasiado tiempo para extrañar su tierra natal porque prefiere enfocarse en lo que vive en el presente. “Sé que en cualquier momento vuelvo y me enfoco en lo que sucede aquí ahora”, señaló.
También encontró similitudes entre argentinos y rusos. En ambos países hay extensiones enormes y paisajes y culturas distintas según la región. Además, comparten la costumbre de reunirse alrededor de la comida: los argentinos preparan asados y los rusos tienen el shashlik, una variedad de brocheta de carne asada. Y así como acá el mate ocupa un lugar central, en Rusia lo hace el té: “A ambos pueblos les gusta juntarse a comer y tocar la guitarra”, sostuvo Mikhail.
Pero también advierte diferencias. Según su experiencia, los rusos suelen ser más puntuales y no tienen la misma costumbre argentina de abrazar o besar a personas que acaban de conocer. Del otro lado, considera que a los argentinos les hace falta menos para divertirse y ser alegres.
Entre esos cruces culturales, Mikhail fue armando una mirada cada vez más amplia sobre la Argentina. La experiencia de un extranjero que aprende a leer costumbres locales suele mostrar, además, cómo las tradiciones populares funcionan como una puerta de integración: el mate, el asado, el folclore y las peñas operan como espacios de pertenencia, especialmente para quienes llegan desde otras latitudes. En su caso, el viaje no sólo fue geográfico, sino también cultural y afectivo.
En los últimos años, su recorrido reflejó un proceso claro: pasó de ser un visitante curioso a un participante activo de celebraciones, encuentros y bailes tradicionales. Esa evolución también muestra cómo la Argentina logra, a través de su vida social y sus fiestas regionales, incorporar a quienes se acercan con interés genuino. No se trata sólo de observar un país, sino de entrar en su lógica cotidiana y comunitaria.
Mikhail aún no sabe cuánto tiempo más seguirá en la Argentina. Lo que sí tiene claro es que el país dejó una marca en su recorrido: “Al visitar varias provincias, explorar sus comidas, leyendas y maneras de vivir, y compartir fiestas populares y conversaciones, absorbí un poco de espíritu argentino”.
Mientras continúa recorriendo el país y registrando sus experiencias para quienes lo siguen desde Rusia, mantiene el vínculo con su tierra natal, pero también se lleva algo de cada lugar que conoció. Esta vez, entre mates, asados, bombos y chacareras, la Argentina dejó de ser una parada más en su viaje para convertirse en parte de su propia historia.






















