Roggio, Ghella y un gigante chino disputan la Línea F del subte porteño

Tras la apertura de ofertas técnicas, tres grandes consorcios quedaron en carrera por la construcción de la nueva Línea F del subte porteño. La obra, clave para ampliar la red y aliviar a la Línea C, demandará una inversión de 1.350 millones de dólares.

“Construir una nueva línea de subte en Buenos Aires es una decisión que ordena la ciudad por décadas”, suele repetirse en el mundo de la infraestructura urbana. Con esa lógica, la futura Línea F quedó en el centro de una licitación que promete ser una de las más relevantes para la movilidad porteña en los próximos años.

Tras la apertura de ofertas técnicas, Roggio y Ghella competirán contra el gigante chino CITIC por la construcción de la Línea F. Roggio opera actualmente los subtes y, además, fue la empresa que construyó la Línea H. Ghella, con buenos vínculos con Mauricio Macri, estuvo a cargo de las obras del soterramiento del Sarmiento.

CITIC, por su parte, se asoció con otra firma china, Ranken Railway Construction, y con Supercemento, Eleprint y Panedile.

La obra estará a cargo del área de Infraestructura, tendrá un presupuesto de 1.350 millones de dólares y comenzará el año próximo. “En diciembre se adjudica y los trabajos arrancan a principios de 2027”, anunció Jorge Macri.

La Línea F tendrá 12 estaciones a lo largo de 9,8 kilómetros y unirá Barracas con Constitución, San Cristóbal, Monserrat, San Nicolás, Recoleta y Palermo, lo que permitirá la combinación con las seis líneas de subtes de la red.

Dos de las competidoras quedaron en el camino. Según explicaron desde CAMARCO, Marcelo Mindlin buscaba presentar una oferta a través de SACDE junto a Impregilo y pidió varias prórrogas al gobierno porteño. Finalmente, no integrará la licitación. Tampoco participará Techint, otra de las compañías interesadas.

Será la primera línea nueva de subte en 25 años para la Ciudad, desde la finalización de la Línea H. Se espera que transporte 300 mil pasajeros diarios y ayude a descomprimir la Línea C, una de las más cargadas de la red metropolitana.

En términos de planificación urbana, la Línea F aparece como una respuesta a una demanda histórica: conectar corredores que hoy dependen de combinaciones largas y de superficie. En Buenos Aires, como en otras grandes capitales, las ampliaciones de subte suelen tener un impacto doble: mejoran la conectividad cotidiana y también reconfiguran el valor inmobiliario y la densidad de uso del suelo en las áreas servidas.

La estrategia de sumar la Línea F se complementa con el desarrollo del Trambus, un sistema eléctrico de superficie pensado para fortalecer la conexión transversal de distintos sectores de la Ciudad mediante corredores de capacidad intermedia, señalaron desde el gobierno porteño.

“La Línea F va a transformar la manera en que nos movemos por Buenos Aires. Es una obra pensada a largo plazo, que incorpora tecnología, automatización y nuevas soluciones para sumar capacidad”, dijo Pablo Bereciartua, ministro de Movilidad e Infraestructura porteño.

En la evolución reciente de este tipo de proyectos, la Ciudad pasó de priorizar ampliaciones puntuales a buscar una red más integrada entre subte, superficie y sistemas eléctricos. Esa tendencia, visible en la planificación del Trambus y en la apuesta por tecnología y automatización, refleja un cambio de enfoque: ya no se trata solo de sumar kilómetros, sino de mejorar la eficiencia del conjunto del transporte público.

De cara al futuro, el principal desafío será sostener el financiamiento, cumplir plazos y coordinar la obra con el funcionamiento diario de la red. Si se concreta según lo previsto, la Línea F podría convertirse en una de las intervenciones estructurales más importantes de Buenos Aires en décadas, tanto por su impacto operativo como por su peso simbólico en la expansión del subte.