Montenegro vuelve a la intendencia de Mar del Plata en medio de la crisis de inseguridad
Guillermo Montenegro dejará el Senado bonaerense para regresar a la intendencia de Mar del Plata. Su retorno apunta a recomponer una gestión golpeada por la inseguridad, el malestar vecinal y el deterioro económico.“La seguridad es la primera de las libertades”, suele repetirse en la tradición política liberal; en Mar del Plata, esa idea vuelve a cobrar peso con el regreso de Guillermo Montenegro a la intendencia para intentar contener una crisis que ya desbordó el clima social y político de la ciudad.
Montenegro dejará su banca en el Senado bonaerense y volverá a ponerse al frente del municipio, en una decisión que busca frenar la ola de delitos que se apoderó de la ciudad balnearia durante la gestión de Agustín Neme.
El dato ya había sido anticipado en exclusiva por LPO: Montenegro, que encabezó la boleta de La Libertad Avanza en la Quinta Sección el año pasado, tenía previsto regresar a La Feliz. El movimiento confirma una estrategia de reposicionamiento político en un distrito considerado clave por su peso electoral y por su centralidad turística.
Neme, muy cuestionado por los marplatenses y apodado “Meme” en una burla a su supuesta falta de gestión, enfrenta un creciente desgaste político. A las críticas por la administración municipal se suman el derrumbe del turismo, la caída de las ventas en los comercios y las quejas por la prestación deficitaria de los servicios, un combo que fue deteriorando aún más la percepción pública sobre su gestión.
Sin embargo, el núcleo de la crisis se concentra en la inseguridad. La escalada del delito agravó el malestar vecinal y convirtió a la cuestión policial en el principal factor de erosión para el gobierno local, en una ciudad cuya economía depende en gran medida del movimiento turístico y del consumo estacional.
El exjuez federal cuenta además con el guiño del gobierno nacional para retomar el control de un distrito estratégico en la provincia de Buenos Aires, especialmente de cara a la temporada de verano y en la previa de un año electoral con fuerte disputa política. En ese contexto, la administración de Mar del Plata aparece como un frente sensible por su impacto simbólico, económico y territorial.
Análisis y proyecciones: el regreso de Montenegro puede leerse como una señal de emergencia política, pero también como una apuesta a recuperar la iniciativa en un distrito donde la seguridad se volvió el eje ordenador de la agenda pública. En términos electorales, la combinación de inseguridad, deterioro económico y desgaste de imagen suele acelerar los cambios de liderazgo cuando la gestión local pierde capacidad de respuesta. Si logra ordenar la situación, Montenegro podría reposicionarse como figura de gestión; si no lo hace, el costo político podría extenderse tanto al municipio como a la estrategia de La Libertad Avanza en una sección decisiva.
Evolución del tema: en los últimos años, Mar del Plata fue atravesando un deterioro paulatino en su clima social, con tensiones crecientes entre la estacionalidad turística, la demanda de servicios y la seguridad urbana. La figura de Montenegro había quedado asociada a una etapa de conducción con mayor visibilidad política, mientras que Neme quedó expuesto a un escenario de gestión más debilitado. Ese cambio refleja un patrón frecuente en la política local: cuando la crisis se concentra en la inseguridad, el oficialismo suele recurrir a figuras con mayor capital político o experiencia para intentar recomponer autoridad y credibilidad.
La expectativa oficial es que su retorno permita reordenar prioridades y recuperar control en una ciudad que, para el gobierno, no puede llegar “detonada” a un año electoral.





















