Wanda Nara, de la televisión al cine: así es su debut
La empresaria protagoniza su primera película y se muestra en pleno rodaje en Montevideo, donde interpreta a Lucía. Entre ensayos, coaching actoral y escenas íntimas, la producción apunta a un estreno en cines el 22 de octubre.“El cine es la única forma de arte que nos ofrece la posibilidad de movernos en el tiempo”, escribió André Bazin, y esa idea parece encajar con la jornada que vive Wanda Nara en Montevideo: una transición de su imagen pública hacia un territorio nuevo, el de la actuación. En un hotel boutique de Carrasco, la empresaria encarna a Lucía en ¿Querés ser mi hijo?, una comedia romántica que la obliga a correrse de los lugares en los que el público más la reconoce y que llegará a los cines el 22 de octubre.
El viaje a la capital uruguaya arranca de madrugada, con lluvia tenue, frío y un cielo cargado que acompaña la travesía desde Buenos Aires hasta el set. La producción se instaló en un hotel boutique del elegante barrio de Carrasco, a unos 30 minutos en auto desde el puerto, en un entorno donde el clima impone rodaje de interiores, pisos húmedos y una atmósfera de trabajo que combina concentración, nervios y precisión técnica.
En el salón principal del hotel, de madera oscura y con un balcón interno rodeado de bibliotecas, el equipo prepara cada detalle. Camarógrafos, vestuaristas, peinadores y maquilladores ajustan cámaras, luces y vestuario mientras esperan las indicaciones de Hernán Gerschuny, director del filme. La producción reúne a unas 30 personas alrededor de cada escena y repite movimientos, marcas y entradas hasta encontrar el tono exacto. Entre el elenco también están Charo López y Jean Pierre Noher, en una jornada donde cada gesto cuenta.
La aparición de Wanda modifica por completo el clima del set. Llega con una bata de Hello Kitty, saluda al equipo, se acerca a sus compañeros y, en tono distendido, le arroja el celular a una asistente antes de avisarle: “Te aviso que voy a grabar”. Luego sube al nivel superior, se quita la bata y deja ver el vestuario de Lucía, la mujer que empieza a tomar forma entre indicaciones, correcciones y un trabajo actoral que la saca de su registro habitual.
La preparación está acompañada de cerca por su coach actoral, Pablo Ini, quien la asiste en cada paso. Entre maquillaje, peinado y bromas con un spray para romper la solemnidad del día, Wanda se concentra en una escena en la que Lucía intenta ganarse a su jefe. “¿Cuándo entro?”, pregunta atenta al momento preciso de su aparición, mientras el equipo ordena la iluminación y define el recorrido de la cámara dentro de la habitación.
Una vez en posición, la empresaria comienza a moverse con suavidad, repite sus líneas y acepta los ajustes que surgen durante el ensayo. En ese pasaje, el personaje exhibe conocimientos vinculados con el fútbol, una zona de comodidad para Wanda, cuya vida pública también estuvo ligada a ese universo. Afuera, la lluvia sigue cayendo sobre Montevideo, reforzando la sensación de una filmación detenida en una especie de cápsula climática y emocional.
Pasadas las 12.30, llega la primera prueba de cámara y, diez minutos después, la primera toma formal de la escena. El salón queda en silencio cuando se encienden las cámaras y Wanda se transforma. La energía cambia: sus diálogos salen con otra cadencia y, por unos minutos, deja atrás la imagen de empresaria para asumir la de actriz en su primer gran desafío protagónico.
Terminada la pasada, el equipo vuelve a concentrarse sobre el material registrado. Wanda escucha nuevas indicaciones, se acomoda entre estilistas y vuelve a ubicarse para un segundo ensayo. La escena se interrumpe por una carcajada, pero el rodaje recupera rápidamente el ritmo. Desde el jardín, Pablo Ini cuenta que este proyecto venía gestándose desde hace tres años y que incluso existió una posibilidad previa en España. “El objetivo era trabajar con alguien que no fuera actriz y transformarla en una actriz de cine”, resume.
Ini explica que el primer ensayo ocurrió luego de un viaje de Wanda a Japón y que, desde entonces, entendió que los métodos tradicionales no alcanzaban. “Empecé a ver algunas cosas que ella tenía y dije: ‘Tengo que usar caminos no tradicionales’”, recuerda. Formado en Actor’s Studio y con experiencia como director de casting, el coach eligió trabajar a partir de lo que Wanda ya traía de su exposición pública, potenciando rasgos propios y corrigiendo otros para acercarla a una interpretación más cinematográfica.
La preparación incluyó análisis de texto, ejercicios emocionales y un trabajo sobre la forma de hablar, respirar y sostener los silencios. Según Ini, Wanda tiende a una manera de expresarse “más comercial, más hacia arriba”, por lo que hubo que intervenir sobre la entonación y la contención. También recibió tareas para ver películas, estudiar los textos de forma monocorde y practicar relajación. El objetivo era que pudiera sostener la emoción sin desbordarla. “En el cine lo más precioso y poderoso es cuando el actor contiene la emoción”, afirma el coach, que la define como “una hormiguita trabajadora”.
Análisis y proyecciones: el caso Wanda Nara confirma una tendencia que el cine comercial viene explotando desde hace años: la conversión de figuras de alta exposición mediática en protagonistas de ficción para ampliar alcance, conversación y taquilla. Ese cruce entre celebridad y actuación suele generar una fuerte curiosidad inicial, pero el verdadero desafío siempre es sostener credibilidad. Si la película logra equilibrar notoriedad con una construcción dramática sólida, el debut puede consolidar a Wanda como una figura capaz de transitar con éxito entre formatos; si no, quedará como un experimento apoyado más en la atención pública que en la interpretación. En términos industriales, este tipo de proyectos suele captar audiencias que no necesariamente siguen el cine local o regional, lo que puede traducirse en un fenómeno de visibilidad superior al promedio.
Más tarde, ya durante el almuerzo, la conversación continúa en una mesa compartida con Wanda, Bernasconi, Gerschuny y otros medios, en un restaurante de una zona turística de Montevideo. El menú incluye pesca del día, pastas y carnes rojas, mientras los periodistas hacen preguntas y el equipo repasa lo grabado. Allí, Wanda recuerda que el proyecto en España no prosperó y que al día siguiente de aquella propuesta, Ini le acercó el personaje de Lucía, una historia que la entusiasmó de inmediato. También cuenta que había visto la versión original mexicana junto a una de sus hijas y su hermana Zaira, y que, por primera vez en mucho tiempo, no cambió de canal antes de terminarla.
“Yo estuve casada dos veces, y a veces dejás un poco postergados tus sueños para complacer al otro”, reflexiona la empresaria. Desde esa experiencia personal, interpreta a Lucía como una mujer que necesita reencontrarse con su deseo, con su esencia y con sus proyectos. Para Wanda, el mensaje de la película gira en torno a la libertad de realizarse como mujer y de elegir sin quedar atrapada por mandatos ajenos.
También se detiene en los prejuicios vinculados con la diferencia de edad entre los personajes. En la ficción, Lucía es mayor que su novio, algo que le permite poner en discusión las asimetrías que todavía persisten entre hombres y mujeres. “El hombre tiene a veces muchas más cosas permitidas que la mujer”, sostiene, y subraya que la historia abre una conversación sobre el derecho a volver a elegir sin condicionamientos de pareja.
Gerschuny, por su parte, define la película como un desafío hermoso y destaca la entrega de la protagonista. En ese proceso, reconoce que buscó “deswandizar” a Wanda, es decir, apartarla de la versión siempre excepcional, siempre bella y siempre filtrada que el público suele consumir. El propósito fue explorar zonas menos visibles, especialmente la fragilidad, para que Lucía no fuera una caricatura ni una versión idealizada de la celebridad.
La propia Wanda admite que el vestuario del personaje le generó una reacción inesperada: al verse en el espejo, sintió angustia y lloró. “Me vi vestida como muy de señora”, comenta, y agrega que esa imagen la conectó con momentos más íntimos y vulnerables de su vida, lejos de la exposición pública. Ese registro, según el director, fue clave para dar vida a una mujer más humana y menos construida desde la perfección.
El vínculo con Agustín Bernasconi también ocupa un lugar central en el rodaje. El actor, que pasó por un casting de unas 60 personas antes de ser elegido, cuenta que estuvo cerca de diez años sin actuar desde su etapa en MYA, el dúo pop que compartió con Maxi Espíndola. La confirmación de que su compañera sería Wanda llegó recién en el último callback.
Quienes siguieron de cerca la filmación aseguran que la química entre ambos apareció desde el inicio. Wanda reconoce que en el primer encuentro se puso nerviosa y empezó a tartamudear. Y cuando llegó el momento del beso, el más clásico de cualquier comedia romántica, llegó también la frase que desarmó la tensión: “Creo que no sé besar”. Bernasconi recurrió entonces a su experiencia para resolver la escena con naturalidad.
La empresaria también destaca la figura del coordinador de intimidad, Rodrigo, un rol que desconocía antes de entrar al proyecto. Según explica, le parece una herramienta “súper importante” porque permite conversar límites, definir qué se puede mostrar y ordenar con claridad las escenas que exigen mayor cuidado.
El regreso al set por la tarde encuentra a Wanda rodeada de fans que le piden fotos antes de volver al trabajo. En cada pasada, repite líneas, recibe correcciones y busca rápidamente la mirada de su coach y de sus compañeros al terminar una escena. La evolución, dicen en el rodaje, se nota entre toma y toma: al principio necesita más guía, pero luego bastan un par de palabras para cambiar por completo la intención de lo que hace frente a cámara.
Con el correr de las horas, el equipo sigue filmando mientras la lluvia persiste sobre Montevideo y la luz natural empieza a apagarse. Las escenas se repiten, las cámaras no se detienen y el hotel se transforma en el escenario de una historia que avanza entre errores, risas y ajustes técnicos. El rodaje incluye el hall del hotel y una escena central de la trama, el encuentro entre Wanda y su antagonista.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, Wanda Nara fue ampliando su perfil más allá de la televisión, el espectáculo y la gestión de su propia exposición mediática. Pasó de ser una figura asociada casi exclusivamente al universo del entretenimiento y el deporte a consolidarse como una celebridad multifunción, con presencia en moda, negocios y ahora ficción cinematográfica. Ese recorrido explica por qué la película no solo la presenta como protagonista, sino también como un caso de reconversión de imagen pública, una apuesta que el cine argentino y regional viene ensayando cada vez con mayor frecuencia.
La jornada de Teleshow termina entrada la noche, pero el equipo de ¿Querés ser mi hijo? continúa trabajando. Wanda ya pasó de la bata de Hello Kitty a la concentración de una escena, del ensayo con su coach a una charla sobre sus miedos, y de las risas con Bernasconi a las pausas que exige el cine. Todo lo que ocurrió antes y lo que vendrá después forma parte de una misma apuesta: la de una mujer que, una vez más, parece decidida a cumplir lo que se propone. La película se verá en cines desde el 22 de octubre.























