El dólar sube en Uruguay y se acerca a los $41 para 2027
El billete verde cerró en 40,46 pesos uruguayos y marcó una suba diaria de 3,55%, en medio de proyecciones oficiales que anticipan una trayectoria levemente alcista hacia 2027. La volatilidad del mercado cambiario volvió a ubicarse por encima de su referencia habitual.
“La historia del dólar en América Latina suele leerse como la historia de la confianza”, una premisa que vuelve a ganar relieve cuando el tipo de cambio uruguayo muestra movimientos bruscos en un contexto de mayor demanda por cobertura. En el cierre de operaciones, el dólar estadounidense se cotizó en 40,46 pesos uruguayos, con un incremento del 3,55% frente a los 39,08 pesos de la jornada anterior, según Dow Jones.
En la última semana, la divisa estadounidense avanzó 0,62%, mientras que en la comparación interanual acumuló una suba del 5%. Además, el tipo de cambio entre el dólar y el peso uruguayo encadenó una tendencia positiva durante los últimos cuatro días, una señal que refleja mayor apetito por el billete verde en el mercado local.
La volatilidad actual del tipo de cambio se ubicó en 37,76%, por encima de la volatilidad de referencia de 16,03%, lo que confirma un escenario de mayor inestabilidad cambiaria. En términos de mercado, estos niveles suelen asociarse con movimientos más sensibles a expectativas, flujos financieros y cambios en el humor de los inversores, especialmente en economías pequeñas y abiertas como la uruguaya.
Proyecciones económicas en Uruguay para 2026
Las estimaciones sobre la evolución del dólar en Uruguay apuntan a un aumento moderado hacia fines de 2026, de acuerdo con la última encuesta difundida por el Banco Central del Uruguay (BCU). Para enero de ese año, el tipo de cambio esperado se ubica en 38,98 pesos por dólar, mientras que la mediana proyectada para junio asciende a 39,33.
En conjunto, los analistas consultados por el BCU prevén que el tipo de cambio alcanzará los 40,19 pesos al cierre de 2026, luego de registrar 38,92 en enero y 39,48 en junio. Más adelante, los especialistas proyectan que la moneda estadounidense podría llegar a 41,46 pesos a fines de diciembre de 2027, siempre según los datos oficiales relevados por el organismo monetario.
El mismo sondeo también ofrece un panorama de crecimiento económico moderado. El Producto Bruto Interno (PBI) de Uruguay aumentaría 1,87% en 2026, 1,85% en 2027 y 1,92% en 2028, en línea con una expansión acotada pero sostenida. Estas cifras representan un ajuste respecto de las expectativas de julio del año pasado, cuando se esperaba un crecimiento más dinámico del 2,47% para 2026. La dispersión de los pronósticos para ese año va del 1,50% al 2,30%, según los distintos analistas.
En materia de inflación, la mediana de las proyecciones ubica al índice de precios al consumo (IPC) en 4,40% para 2026, con un leve ascenso a 4,45% en 2027 y 4,50% en 2028. La trayectoria, en principio, sugiere un acercamiento gradual al rango meta del BCU, fijado precisamente en 4,5%.
El peso uruguayo a través de los años
El peso es la moneda oficial de Uruguay desde 1993, cuando reemplazó a los antiguos pesos en un contexto de inflación elevada. El proceso de transición comenzó el 29 de octubre de 1991, cuando el Banco Central del Uruguay fue habilitado para emitir nuevos billetes que sustituyeran a los viejos pesos uruguayos, equivalentes a 1.000 nuevos pesos, y la moneda terminó de circular hasta marzo de 1993.
Durante la década de 1990, Uruguay adoptó un esquema de bandas de flotación para intentar anticipar con mayor precisión la evolución del peso frente al dólar. Más tarde, en 2002, bajo la presidencia de Jorge Batlle, el país atravesó una crisis financiera marcada por la fuga de capitales, lo que dificultó el control del mercado cambiario hasta la decisión de pasar a un régimen de flotación independiente, sistema que se mantiene hasta hoy.
Tras la maxidevaluación de 2002 se abrió una etapa de apreciación de la moneda. En ese marco, cabe recordar que las monedas uruguayas incorporan animales y figuras patrias en su reverso como parte de su diseño.
En el plano económico y social, Uruguay se destaca en América Latina por su alto ingreso per cápita, bajos niveles de desigualdad y pobreza, y una clase media que representa alrededor del 60% de la población. Sin embargo, el país aún enfrenta desafíos estructurales vinculados con el aumento de la competitividad, el crecimiento de largo plazo, la incorporación de las mujeres a la actividad económica y la transformación educativa.
Análisis y proyecciones
La combinación de un dólar más firme, una volatilidad elevada y expectativas de inflación todavía contenidas sugiere que el Banco Central del Uruguay seguirá enfrentando el clásico dilema de muchas economías pequeñas: sostener la estabilidad de precios sin frenar la actividad. En este tipo de escenarios, el comportamiento del tipo de cambio suele influir no solo en los precios internos, sino también en las decisiones de inversión, el comercio exterior y el poder adquisitivo de los hogares.
De cara a los próximos años, el sendero proyectado por los analistas muestra una depreciación gradual del peso frente al dólar, más compatible con un ajuste ordenado que con un salto abrupto. Si ese escenario se confirma, el impacto sobre la economía uruguaya dependerá en buena medida de la evolución de la demanda externa, el ritmo de crecimiento regional y la capacidad del país para sostener la confianza en su marco macroeconómico.
Evolución reciente del tema
En los últimos años, el debate cambiario en Uruguay pasó de centrarse casi exclusivamente en la estabilidad nominal a incorporar con más fuerza la competitividad, la inflación y el costo de vida. El país transitó desde un período de mayor intervención y referencias más rígidas hacia una lógica de flotación administrada por expectativas, en la que el dólar funciona tanto como precio económico clave como termómetro político y social.
En ese recorrido, los actores del mercado han ido ajustando sus previsiones con más cautela: las proyecciones de crecimiento se moderaron, las metas de inflación se volvieron más relevantes y el tipo de cambio dejó de leerse como una variable aislada para pasar a ser parte del equilibrio entre actividad, precios y confianza. En la actualidad, la discusión ya no gira solo en torno al valor del dólar, sino también a cómo ese valor condiciona el margen de maniobra de la política económica uruguaya.





















