Alto Calilegua, el pueblo jujeño donde solo viven Betty y Tito
En las alturas de las Yungas jujeñas, Alto Calilegua conserva la postal de un pueblo detenido en el tiempo. Hoy solo lo habitan Betty y Tito, custodios de un rincón aislado al que se llega tras una larga travesía de montaña.“La geografía manda”, podría resumir cualquier relato sobre Alto Calilegua, un rincón de las Yungas jujeñas donde la altura, la humedad y el aislamiento moldearon durante décadas una vida marcada por el esfuerzo y la soledad. A unos 3000 metros sobre el nivel del mar, este pequeño asentamiento conserva la apariencia de un pueblo suspendido entre montañas y nubes.
Jujuy es una de las provincias argentinas con mayor diversidad paisajística. Además de destinos muy conocidos como el Cerro de los Siete Colores, el Hornocal y la Quebrada de Humahuaca, también resguarda parajes apartados de los circuitos turísticos más transitados. Uno de ellos es Alto Calilegua, un pequeño asentamiento ubicado en medio de las Yungas jujeñas, donde hoy viven apenas dos personas.
Betty y su esposo Tito son los últimos habitantes permanentes de este pueblo de montaña, al que se llega luego de una extensa caminata por senderos rodeados de naturaleza. La imagen de un asentamiento casi vacío no es casual: en muchas regiones rurales de la Argentina, el despoblamiento avanzó a medida que las nuevas generaciones migraron hacia centros urbanos en busca de trabajo, educación, salud y conectividad.
Alto Calilegua, el pueblo donde nacen las nubes
Alto Calilegua está levantado sobre una gran pradera de altura, abrazada por las montañas de las Yungas. Desde allí se observan cerros, vegetación y nubes bajas que parecen tocar el suelo, una postal que explica por qué muchos lo describen como un lugar donde “nacen las nubes”.
El asentamiento se encuentra a unos 3000 metros de altura y ofrece vistas hacia el Cerro Hermoso. La combinación de altura, humedad y vegetación da forma a un paisaje radicalmente distinto al de las zonas más conocidas de Jujuy.
La localidad está ubicada en una región donde la selva de montaña comienza a transformarse en una extensa pradera de altura, en un cambio de ambiente típico de las Yungas, uno de los ecosistemas más valiosos del norte argentino por su biodiversidad y su función como corredor biológico.
Cómo llegar a Alto Calilegua
El acceso a este pequeño pueblo no es sencillo. El punto de partida es San Francisco, localidad situada a unos 1500 metros sobre el nivel del mar. Desde allí, la llegada se realiza a pie o a caballo por un sendero de montaña.
La travesía puede demandar hasta 12 horas de caminata a lo largo de unos 18 kilómetros, mientras el paisaje va cambiando de manera constante.
El recorrido atraviesa distintos sectores de las Yungas hasta alcanzar la pradera en la que se encuentra Alto Calilegua.
Por las características del terreno y la duración del trayecto, se recomienda hacerlo con alguien que conozca la zona y pueda guiar a los visitantes.
El pueblo donde solo viven Betty y Tito
La historia de Alto Calilegua también refleja la de tantos pueblos pequeños del interior argentino que, con el correr de los años, fueron perdiendo población.
En otros tiempos, varias familias vivían en este lugar. Sin embargo, muchas fueron emigrando hacia otras localidades en busca de oportunidades laborales, mejores servicios y mayor conectividad.
Hoy, los únicos habitantes permanentes son Betty y su esposo Tito.
La pareja recibe a los viajeros que llegan tras completar el extenso recorrido y, según el relato de quienes visitan el pueblo, los agasaja en su casa con mate cocido y pan casero.
Las casas abandonadas y los lugares que todavía resisten
Aunque actualmente solo viven dos personas en Alto Calilegua, todavía quedan huellas de la época en que el pueblo tenía una comunidad mucho más numerosa.
En la ladera de la montaña hay alrededor de 25 viviendas de adobe, abandonadas desde hace décadas.
También persisten construcciones que alguna vez fueron centrales para la vida comunitaria:
- Una escuela, hoy fuera de funcionamiento.
- Una sala médica, también en desuso.
- Una iglesia, que todavía puede visitarse.
- Un molino comunitario, que continúa en funcionamiento.
Estos espacios permiten reconstruir cómo era la vida cotidiana cuando Alto Calilegua todavía albergaba a más familias.
Un lugar sin negocios ni servicios básicos
Quienes quieran conocer Alto Calilegua deben tener en cuenta que no se trata de un destino turístico convencional.
En el pueblo no hay negocios ni servicios básicos disponibles para los visitantes. Por eso, quienes emprenden la travesía deben organizarse con anticipación y llevar todo lo necesario para el viaje y la estadía.
La ausencia de infraestructura turística forma parte de su encanto: el aislamiento permite descubrir un rincón de Jujuy donde el ritmo de vida es completamente distinto al de las grandes ciudades.
La naturaleza que rodea a Alto Calilegua
El pueblo está rodeado por el paisaje de las Yungas jujeñas, una región reconocida por su enorme biodiversidad. En las últimas décadas, la conservación de estos ambientes cobró mayor relevancia por la presión de la actividad humana sobre los bosques nublados y la selva pedemontana, ecosistemas especialmente sensibles.
El cercano Parque Nacional Calilegua protege unas 76.000 hectáreas de selva montañosa y alberga numerosas especies de flora y fauna.
Entre los animales que habitan esta región se encuentran especies emblemáticas como:
- El yaguareté.
- El tapir.
- El oso hormiguero.
- El cóndor andino.
Para quienes emprenden la travesía hacia Alto Calilegua, el entorno natural es uno de los principales atractivos. Las montañas, los cambios de vegetación, las nubes bajas y las vistas abiertas convierten el recorrido en una experiencia tan importante como la llegada al pueblo.
Análisis y proyecciones
Alto Calilegua sintetiza una tensión frecuente en las regiones de montaña: por un lado, el valor patrimonial y paisajístico de los pueblos casi despoblados; por otro, la dificultad de sostener servicios básicos y arraigo permanente en territorios tan aislados. En términos de proyección, este tipo de parajes suele oscilar entre dos caminos posibles: el abandono progresivo o la reconversión en destinos de turismo de naturaleza, siempre que exista infraestructura mínima, cuidado ambiental y acceso responsable. En el caso de las Yungas, la preservación del entorno puede convertirse en una ventaja competitiva, aunque también exige límites claros para evitar impactos sobre ecosistemas frágiles.
Cómo cambió la situación en los últimos años
La evolución de Alto Calilegua refleja un proceso más amplio que se repite en muchas localidades del interior: antes había varias familias y hoy permanecen solo Betty y Tito, como testigos de una comunidad que fue reduciéndose con el tiempo. En paralelo, la mirada sobre el lugar también cambió. Lo que durante décadas fue un pueblo aislado y funcional para quienes vivían allí, pasó a ser observado cada vez más como una experiencia buscada por viajeros interesados en paisajes extremos, caminatas exigentes y destinos fuera del turismo masivo. Ese cambio de percepción no modifica su realidad cotidiana, pero sí explica por qué hoy despierta mayor curiosidad.
Alto Calilegua está lejos de los destinos turísticos más populares de la provincia. No tiene grandes hoteles, restaurantes ni comercios: solo unas pocas construcciones, un paisaje de montaña y dos habitantes que mantienen viva la historia del lugar.
El largo camino para llegar y el aislamiento hicieron que el pueblo conserve una fisonomía muy distinta a la de las ciudades y localidades mejor conectadas.
Por eso, para quienes buscan una experiencia alejada del turismo tradicional, Alto Calilegua aparece como uno de los rincones más particulares de las Yungas jujeñas: un pueblo donde las nubes parecen nacer entre las montañas y donde Betty y Tito todavía esperan a quienes se animan a completar la travesía.





















