Brian Battistone, el tenista de la raqueta doble y saque de vóley
A los 47 años, Brian Battistone volvió a llamar la atención en el circuito profesional con su raqueta de doble mango y un saque en salto que recuerda al vóley. Su estilo, reglamentario y llamativo, lo convirtió otra vez en una atracción del Challenger de Columbus.“El tenis siempre ha premiado la innovación: desde la raqueta de madera hasta el cordaje moderno, cada cambio alteró la manera de jugar”. En ese camino de reinvenciones aparece Brian Battistone, quien a los 47 años volvió a quedar en el centro de la escena con una propuesta tan insólita como legal: una raqueta de doble mango y un saque que parece tomado de una cancha de vóley.
El estadounidense fue la gran atracción del Challenger de Columbus, torneo que se disputa esta semana en esa ciudad del estado de Ohio. Allí volvió a exhibir el servicio que lo hizo conocido hace más de 15 años, con un cambio de manos en pleno movimiento y un salto que deja la imagen de un golpe ejecutado en suspensión.
Batistone nació el 10 de agosto de 1979 en Santa Barbara, California, y se transformó en profesional en 2007. Su recorrido en singles nunca lo llevó a los primeros planos: su mejor ranking fue 853°, en noviembre de 2009. En cambio, encontró en el dobles su terreno más competitivo, hasta alcanzar el puesto 88 del mundo el 1° de noviembre de 2010. La ATP también le adjudica cuatro títulos Challenger.
Sin embargo, su marca registrada no está en las estadísticas sino en el diseño de su herramienta de juego. La imagen que más lo identifica es la de una raqueta roja con forma de Y, con dos empuñaduras separadas desde el mango y un aspecto parecido al de una herramienta de jardinería. El modelo se llama The Natural y fue desarrollado por Natural Tennis, empresa en la que Battistone figura como uno de los accionistas, según indica el sitio oficial de la compañía. El diseño estuvo a cargo de Lionel Burt, otro de los propietarios.
La raqueta comenzó a ganar visibilidad en el tenis profesional a partir de la aparición de Brian y su hermano Dann Battistone. Más allá del impacto visual, la doble empuñadura le permite alternar la raqueta de una mano a la otra y buscar golpes de derecha desde ambos lados de la cancha. La lógica detrás del invento es, en definitiva, usar el cuerpo de una forma distinta a la del tenis convencional, que históricamente privilegió el agarre único y la transición entre derecha y revés.
Battistone contó que empezó a usarla cuando tenía 27 años, después de haber jugado hasta entonces con una raqueta tradicional. La propia empresa Natural Tennis afirma que el modelo que utiliza cuenta con versiones de 27,5 y 29 pulgadas de longitud, cabeza de 105 pulgadas cuadradas y patrón de encordado de 16 x 19. Además, asegura que existe documentación de la ITF que avala su conformidad con las reglas.
El saque que parece de vóley
La otra gran singularidad de Battistone está en el servicio. Primero se coloca detrás de la línea de base, con la raqueta en una mano y la pelota en la otra. Luego lanza la bola bien alto, cambia la raqueta de mano en pleno gesto y, en ese mismo movimiento, salta hacia adelante. El golpe se produce en el aire, antes de que sus pies vuelvan a tocar el suelo.
La escena se asemeja a un saque de vóley: lanzamiento alto, impulso, salto y contacto por encima de la cabeza. “Siento que así puedo llegar a la red más rápido y conseguir más ángulo”, explicó en una entrevista publicada por el Otago Daily Times en 2012. Sobre su raqueta de doble empuñadura, agregó: “Me permite utilizar las dos manos por igual y tengo alcance completo con ambos lados del cuerpo”.
El gesto volvió a viralizarse a partir de su participación esta semana junto a su compatriota Stefan Kozlov en el cuadro de dobles del Challenger de Columbus, certamen bajo techo, de la segunda categoría de la ATP y con 75 puntos en juego para el ranking profesional. En ese contexto, Battistone y Kozlov cayeron en 32avos de final ante Alex Rybakov y Keegan Smith por 6-3, 5-7 y 10-5.
Más allá del resultado, el estadounidense ingresó al main draw gracias al ranking combinado con su compañero, que ocupa actualmente el puesto 678°. Battistone, por su parte, figura en el lugar 2454 de la especialidad. En lo que va del año, según la ATP, suma dos victorias y nueve derrotas. Antes de llegar a Columbus había competido en el circuito ITF World Tennis, siempre en dobles: encadenó cinco caídas seguidas en torneos M15 y M25 disputados en Estados Unidos y en Sapporo, Japón. En esas presentaciones compartió equipo con su hijo Samuel Battistone, de 21 años, además de Harrison Deer y Strong Kircheimer. Buena parte de su carrera, no obstante, la desarrolló junto a su hermano mayor, Dann.
Su última aparición en un cuadro de singles en el nivel profesional fue en el Challenger de Little Rock, en 2021, cuando perdió precisamente ante Kozlov, su compañero de esta semana, por 6-2 y 6-2 en la primera ronda de la qualy.
Qué dice el reglamento sobre el particular estilo de Brian Battistone en el saque
El reglamento de la International Tennis Federation permite que uno o los dos pies estén en el aire al momento de sacar. Lo que exige es que, antes de iniciar el movimiento del servicio, el jugador esté quieto y con ambos pies detrás de la línea de base.
La norma habilita el despegue del suelo durante el gesto. Lo que no autoriza es comenzar el servicio desde una posición incorrecta ni cambiar de ubicación caminando o corriendo mientras se ejecuta el saque.
Por eso Battistone puede aterrizar dentro de la cancha sin incurrir en falta de pie: para las reglas, el servicio ya concluyó en el instante del impacto.
La regla 18 de la ITF, referida a la “Falta de Pie”, establece de forma específica que “durante el movimiento del servicio el jugador no puede cambiar de posición caminando o corriendo, aunque se permiten movimientos leves de los pies”.
Y añade: “El sacador no tocará con ninguno de los pies la línea de fondo o la pista; ni tocará con ninguno de los pies el área fuera de la extensión imaginaria de la línea lateral; ni tocará con ninguno de los pies la extensión imaginaria de la marca central. Si el servidor infringe esta regla entonces cometerá una falta de pie”.
Análisis y proyecciones
El caso Battistone ilustra una tensión clásica del tenis: la convivencia entre la creatividad individual y la uniformidad técnica de un deporte altamente reglamentado. En una disciplina donde la biomecánica, la repetición y la precisión suelen dominar, propuestas como la suya resultan excepcionales porque rompen la imagen tradicional del saque y del agarre, pero sin necesariamente vulnerar el reglamento. Eso explica por qué su estilo genera curiosidad, viralidad y también debate sobre si la innovación puede convertirse en una ventaja competitiva sostenible.
En términos de proyección, el mayor impacto de este tipo de recursos suele estar más cerca de la exhibición que de la élite sostenida. A lo largo de los últimos años, el tenis ha mostrado una apertura gradual a nuevas herramientas y lecturas tácticas, pero el circuito profesional continúa premiando sobre todo la repetición eficiente, la potencia controlada y la adaptación física. Battistone, con su perfil, se mueve en una zona singular: no compite por alterar el sistema, sino por demostrar que dentro de sus márgenes todavía puede haber espacio para la originalidad.
Cómo evolucionó el caso Battistone en los últimos años
Con el paso del tiempo, Battistone pasó de ser una rareza comentada por la estética de su juego a convertirse en una figura de culto dentro de las curiosidades del tenis. En sus años más competitivos encontró mejores resultados en dobles, especialmente junto a su hermano Dann, mientras que en singles nunca logró consolidarse entre los mejores. Esa evolución refleja un corrimiento desde la búsqueda de rendimiento sostenido hacia una presencia más simbólica, reforzada por la circulación de videos y la recuperación de su estilo cada vez que vuelve al circuito.
También cambió el contexto del propio tenis profesional. En la última década, el deporte se volvió más analítico, más físico y más homogéneo en sus patrones de juego. En ese escenario, la propuesta de Battistone aparece casi como una anomalía: un recordatorio de que el circuito todavía tolera, aunque sea en los márgenes, experimentos que desafían la estética dominante. Su reaparición en Columbus confirma que su figura sigue despertando interés no por su ranking, sino por la capacidad de transformar un punto cualquiera en un espectáculo distinto.























