Pilar Brown ganó la interna y presidirá la Juventud PRO

Pilar Brown se impuso en la pulseada por la conducción de la Juventud PRO en medio de la interna que enfrenta a Fernando De Andreis con Cristian Ritondo. La definición estuvo atravesada por negociaciones, tensiones y un episodio de cruce verbal entre las candidatas.

“La juventud no es el futuro, es el presente”, suele repetirse en la política argentina para subrayar el peso de las nuevas generaciones en la construcción partidaria. En el PRO, esa máxima volvió a quedar a la vista con una pulseada interna que terminó favoreciendo a Pilar Brown, quien será la nueva presidenta de la Juventud del partido.

Fernando De Andreis le ganó la pelea a Cristian Ritondo y Pilar Brown será la nueva presidenta de la Juventud PRO. La elección estuvo cerca de terminar en un escándalo luego de que una de las candidatas increpara en un bar a sus competidores.

Como publicó LPO, De Andreis y Ritondo quedaron envueltos en la interna del PRO por la jefatura de Gobierno. El ex secretario de Mauricio Macri sostiene que el ex presidente debe elegir al candidato a jefe de Gobierno y el diputado cerró un acuerdo político para la continuidad de Jorge Macri.

Ese enfrentamiento también se trasladó a la elección de la nueva presidenta de la Juventud del PRO. Hubo una promesa de que los adultos no intervinieran, pero duró poco y De Andreis juntó avales para la ganadora.

La nueva presidenta de la Juventud trabajó en el gobierno porteño, fue candidata a legisladora y preside la juventud del PRO capitalino. No tiene ningún parentesco con Marcos Peña Braun, ya que sus apellidos se escriben distinto. Brown competía contra Alejandro Finocchiaro, hijo de Alejandro Finocchiaro, que contaba con el apoyo de Cristian Ritondo, y también contra Valentina Etulain, una militante que pasó por el radicalismo y volvió al PRO.

Ritondo apoya la reelección de Jorge Macri y tensiona con De Andreis.

Según relataron desde el partido, todo estaba dado para que la nueva presidenta surgiera de la Capital o de Entre Ríos, dos de las tres provincias que gobierna el PRO, ya que Emanuel Fernández es de Chubut. Para participar de la contienda hacían falta los avales de siete distritos. Para evitar la interna, se necesitaban avales de 14. Brown consiguió 17 adhesiones.

De Andreis, mano derecha de Mauricio Macri, se ocupó de llamar distrito por distrito para pedir por Brown.

Fuentes del PRO relativizaron el interés de Ritondo. “Se sacó una foto porque se lo pidió Rocío Figueroa, pero Cristian está en otra liga”, explicaron.

En el macrismo quisieron evitar las internas a toda costa, pero lo lograron a medias. Una de las postulantes no se tomó demasiado bien la derrota. A sabiendas de que su suerte estaba echada, Finocchiaro se reunió con Brown para acordar el reparto de secretarías y vocalías, pero dejaron afuera a la tercera competidora.

Etulain se enteró del convite y llegó hasta el bar donde negociaban Finocchiaro y Brown. Se cruzó con sus competidores y los increpó, aunque el incidente no escaló más allá de los insultos.

Análisis y proyecciones: La disputa por la Juventud PRO refleja un rasgo recurrente del macrismo desde su expansión nacional: la tensión entre el orden vertical impulsado por la conducción de Mauricio Macri y las corrientes territoriales que buscan mayor autonomía, especialmente en la Ciudad de Buenos Aires. En los últimos años, el PRO atravesó una dinámica de alianzas y reacomodamientos en la que la definición de liderazgos juveniles dejó de ser un trámite orgánico para convertirse en un termómetro de poder interno. Si bien la victoria de Brown ordena momentáneamente la situación, el trasfondo sugiere que la pelea entre los sectores que responden a De Andreis y Ritondo seguirá condicionando la estrategia partidaria, en particular en torno a la Jefatura de Gobierno y a la relación con Jorge Macri. La Juventud PRO, en ese marco, puede convertirse en una plataforma de proyección para la nueva dirigencia o en un nuevo espacio de disputa si las tensiones no se canalizan políticamente.

Evolución del escenario: En los últimos años, el PRO pasó de una etapa de fuerte centralidad presidencial y disciplinamiento interno a un esquema más fragmentado, con liderazgos provinciales, disputas por candidaturas y negociaciones permanentes entre sectores. En esa evolución, la juventud partidaria ganó visibilidad como cantera de cuadros y también como ámbito de pulseadas simbólicas. Lo que antes podía resolverse por consenso, ahora suele requerir avales, intermediaciones y una arquitectura de acuerdos más compleja. La elección de Brown confirma esa tendencia: la conducción nacional conserva capacidad de intervención, pero ya no alcanza con la referencia histórica del macrismo para desactivar todas las internas.