Hallan un exoplaneta con lava fría y la atmósfera más gélida

Astrónomos de la Universidad de Chicago identificaron HD 3167 b, una supertierra rocosa a 154 años luz que desafía las expectativas por conservar una atmósfera pese a su extrema cercanía a su estrella. El hallazgo ofrece nuevas pistas sobre la evolución de los planetas rocosos y sobre cómo pudo ser la Tierra primitiva.

En 1988, mucho antes de que se confirmaran los primeros exoplanetas, los astrónomos ya sospechaban que existían mundos más allá del Sistema Solar; hoy, ese mapa cósmico suma más de 6.000 y uno de los más intrigantes es HD 3167 b, un planeta rocoso cubierto de lava fría que obliga a revisar lo que se creía posible en condiciones extremas.

Astrónomos de la Universidad de Chicago descubrieron un exoplaneta cubierto de lava fría que, según indicaron, presenta semejanzas con las características de la Tierra en tiempos remotos. Se trata de HD 3167 b, que orbita una estrella a 154 años luz de nuestra posición en el cosmos y es descripto como una “supertierra rocosa”. Además, se destaca entre los más de 6.000 planetas descubiertos fuera del Sistema Solar por tener la atmósfera más fría conocida hasta ahora.

Cómo es HD 3167 b, el exoplaneta con la atmósfera más fría

De acuerdo con los investigadores de la institución estadounidense, este mundo gira tan cerca de su estrella que un año completo equivale a un día terrestre. Dicho de otro modo, completa una vuelta en aproximadamente 24 horas.

No es su única rareza. Además de registrar la atmósfera más gélida detectada hasta la fecha, también es el mundo de lava fría más pequeño observado hasta el momento.

Edwin Kite, profesor asociado de Ciencias Geofísicas en la Universidad de Chicago y coautor del estudio, destacó la singularidad de este hallazgo en los confines de nuestro vecindario cósmico.

“Lo sorprendente es que, cuanto más cerca orbita un planeta rocoso de su estrella, más difícil debería resultarle mantener una atmósfera, ya que se ve bombardeado por el viento estelar y recibe una mayor cantidad de fotones de alta energía procedentes de la estrella. No obstante, parece que muchos de estos mundos de lava sí la conservan”, señaló.

Los exoplanetas de lava —ya se han observado otros similares— son rocosos y alcanzan temperaturas tan elevadas que sus superficies se funden y arden. Este mundo recién descubierto difiere ligeramente de los demás. Si el planeta careciera de atmósfera, su cara diurna —la que mira siempre hacia la estrella— estaría “tan caliente como teóricamente fuera posible” debido a la cercanía a su sol, explicó el coautor Brandon Park Coy, estudiante de posgrado del equipo de Kite. Sin embargo, encontraron algo diferente: el planeta es inusualmente frío.

Las observaciones de HD 3167 b fueron realizadas con el Instrumento de Infrarrojo Medio (MIRI) del Telescopio Espacial James Webb, una herramienta que permite estimar temperaturas e indicios de atmósferas en planetas lejanos.

Mundos demasiado calientes como para albergar vida, aunque parecidos a la Tierra primitiva

Los investigadores concluyeron que este planeta tendría una atmósfera que enfría su cara diurna al reflejar la luz de la estrella y redirigir ese calor hacia la cara nocturna, que permanece en oscuridad permanente. Aunque sigue siendo lo bastante caliente como para considerarse un mundo de lava, es el más frío de los observados hasta la fecha que cuenta con atmósfera.

Los estudios sobre exoplanetas atravesaron una transformación decisiva en las últimas dos décadas: pasaron de detectar mundos gigantes, similares a Júpiter, a identificar también planetas rocosos y supertierras que permiten comparar procesos atmosféricos, composición y dinámica térmica con la historia temprana de la Tierra.

Según la publicación Space, estos hallazgos refuerzan la conclusión entre los científicos planetarios de que la mayoría de los mundos de lava probablemente poseen atmósferas. Los investigadores están ampliando los límites de lo posible en el campo de la ciencia de los exoplanetas al explorar mundos extraños y lejanos que pueden ayudar a comprender mejor nuestro propio planeta, así como la forma en que la vida podría surgir y sobrevivir en el universo.

Los responsables del estudio, publicado recientemente en la revista The Astrophysical Journal Letters, indicaron que este tipo de planetas “son demasiado calientes para albergar vida” y que estos exámenes permiten arribar a conclusiones sobre procesos relevantes para otros mundos rocosos.

En los últimos años, la investigación exoplanetaria ha cambiado también la forma de interpretar estos objetos: ya no se los observa solo como cuerpos extremos, sino como laboratorios naturales para estudiar atmósferas, circulación de calor y química bajo condiciones fuera de escala. En ese sentido, HD 3167 b se suma a una lista creciente de mundos que desafían las categorías tradicionales.

Coy concluyó que, a pesar de lo “inhóspitos que resultan para la vida”, también es interesante estudiar esta clase de planetas porque la Tierra primitiva pudo haberse asemejado mucho a un mundo de lava.

“Consideramos que, en una etapa muy temprana de la historia del Sistema Solar, cuando se formaron los planetas terrestres, estos alcanzaron temperaturas extremas debido a la energía liberada por las constantes colisiones de planetesimales. La Tierra atravesó una fase conocida como ‘océano de magma’, caracterizada por una superficie totalmente líquida. Esta nueva investigación nos ofrece una oportunidad para estudiar cómo pudieron haber sido las condiciones durante los primeros dos millones de años de nuestro planeta”, cerró el especialista.

Análisis y proyecciones

El caso de HD 3167 b refuerza una idea central de la astronomía moderna: incluso en entornos considerados imposibles para la vida, las atmósferas pueden persistir y moldear por completo el comportamiento térmico de un planeta. A futuro, observaciones más finas con telescopios espaciales permitirán comparar estos mundos con otros similares y mejorar los modelos sobre formación planetaria, pérdida atmosférica y redistribución de calor. En paralelo, este tipo de estudios seguirá aportando pistas para reconstruir las primeras etapas de la Tierra y entender mejor cómo evolucionan los planetas rocosos bajo radiación extrema.

Evolución del tema

La postura científica frente a los exoplanetas ha cambiado de forma notable: de la búsqueda inicial de grandes planetas fáciles de detectar se pasó al análisis detallado de supertierras y mundos rocosos, precisamente los más útiles para estudiar atmósferas y condiciones de habitabilidad. Con la llegada de instrumentos como el telescopio espacial James Webb, la discusión ya no gira solo en torno a si un planeta existe, sino a cómo es su atmósfera, cómo distribuye el calor y qué dice eso sobre su historia. HD 3167 b encaja en esa nueva etapa de la exploración espacial, en la que cada descubrimiento sirve tanto para clasificar mundos lejanos como para revisar el pasado de nuestro propio planeta.