El Gobierno avanza con la venta de Belgrano y San Martín
El Ejecutivo autorizó la licitación de dos de las centrales térmicas más eficientes construidas por el Estado en las últimas décadas. El proceso reabre el debate sobre su valuación, su origen en el FONINVEMEM y el impacto de una nueva privatización en el sistema eléctrico.“A veces la historia económica da vueltas inesperadas: lo que nació como una respuesta a una crisis para transformar deuda en generación eléctrica termina hoy en una privatización”, resume el caso de las centrales Manuel Belgrano y José de San Martín, dos de los activos térmicos más relevantes del sistema argentino.
El Gobierno puso en venta dos de las centrales térmicas más eficientes construidas por el Estado en las últimas décadas. Se trata de Manuel Belgrano, en Campana, y José de San Martín, en Timbúes, dos ciclos combinados que suman cerca de 1.740 MW y que surgieron a partir de un esquema de financiamiento mixto, con fuerte participación estatal, para ampliar la oferta eléctrica del país.
El decreto 1107, publicado este lunes en el Boletín Oficial, autorizó la venta mediante licitación pública nacional e internacional de todas las acciones que Energía Argentina (ENARSA) posee en ambas compañías. El Estado detenta el 65,01% de Termoeléctrica Manuel Belgrano y el 68,83% de Termoeléctrica José de San Martín. La misma norma también deja encaminada la posterior privatización de la central Guillermo Brown, una vez concluida la liquidación de su fideicomiso.
La historia de Belgrano y San Martín ayuda a entender qué es exactamente lo que ahora se pone en venta. Ambas centrales nacieron del FONINVEMEM, el Fondo para Inversiones Necesarias que permitan incrementar la Oferta de Energía Eléctrica en el Mercado Eléctrico Mayorista, diseñado durante la gestión del entonces ministro de Planificación, Julio De Vido.
El mecanismo surgió después de la crisis de 2001, cuando la pesificación y el congelamiento tarifario habían acumulado deudas con los generadores y paralizado la inversión. En lugar de cancelar de manera directa esos pasivos, el Estado estructuró un sistema por el cual los privados transformaron parte de lo adeudado por CAMMESA en aportes para construir nueva capacidad de generación. Así nacieron las sociedades Manuel Belgrano y José de San Martín y, en 2006, los fideicomisos que financiaron las obras. CAMMESA aportó las acreencias, el BICE administró los fondos y las generadoras intervinieron en la construcción, recibiendo acciones en función de sus aportes.
El resultado fue la puesta en marcha de dos centrales de ciclo combinado de gran escala. Las turbinas comenzaron a generar en ciclo abierto en 2008 y los ciclos combinados quedaron habilitados comercialmente a comienzos de 2010. Actualmente, San Martín cuenta con una potencia instalada de unos 865 MW y Manuel Belgrano, de 873 MW. Una se ubica en Timbúes, Santa Fe; la otra, en Campana, provincia de Buenos Aires.
En el sector energético existe un consenso poco frecuente en torno a aquella experiencia. Incluso ejecutivos críticos de buena parte de la política energética kirchnerista suelen reconocer que el FONINVEMEM fue una respuesta ingeniosa para un momento en el que faltaban inversiones y abundaban acreencias impagas. En términos históricos, la iniciativa combinó la lógica de financiamiento público con participación privada, algo que ha sido bastante habitual en grandes obras energéticas del mundo cuando el objetivo era acelerar la expansión de la oferta sin cargar todo el costo en el Tesoro.























