Croquetas de calabacín y atún: una receta cremosa y distinta

La cocinera española Loli Domínguez propone una versión distinta de un clásico infalible: croquetas de calabacín, atún y cebolla caramelizada. Con una bechamel suave y un exterior dorado, la receta suma sabor y una textura ideal para salir de lo tradicional.

Dicen que la cocina popular nunca deja de reinventarse: las croquetas, presentes en la tradición gastronómica española desde hace generaciones, vuelven a demostrarlo con una combinación poco habitual. La cocinera española Loli Domínguez propone una versión que reúne calabacín, atún y cebolla caramelizada en un relleno cremoso, unido por una bechamel suave y bien condimentada.

Esta variante se aparta de las clásicas croquetas de pollo, jamón o cocido y apuesta por un relleno diferente, pensado para quienes buscan una alternativa casera, sabrosa y sencilla. El resultado es una croqueta dorada por fuera y tierna en su interior, con un perfil de sabor equilibrado y original.

Cómo hacer las croquetas de Loli Domínguez

Ingredientes:

  • 350 gramos de calabacín
  • 100 gramos de cebolla caramelizada
  • 100 gramos de atún en aceite (bien escurrido)
  • 1 cucharada de aceite de oliva
  • 45 gramos de manteca
  • 65 gramos de harina de trigo común
  • 750 ml de leche entera o semidesnatada
  • 2 huevos
  • Pan rallado, cantidad necesaria
  • Aceite abundante para freír
  • Sal, pimienta y nuez moscada a gusto

Paso a paso:

  1. Lavar y cortar el calabacín en trozos pequeños. Cocinarlo en una sartén con un poco de aceite de oliva hasta que quede tierno. Luego, sumar la cebolla caramelizada y cocinar unos minutos más para integrar los sabores.
  2. En otra sartén, preparar la bechamel. Para ello, derretir la manteca, incorporar la harina y cocinar durante un minuto. Después, añadir la leche de a poco, removiendo sin parar para evitar grumos. Condimentar con sal, pimienta y nuez moscada.
  3. Cuando la bechamel esté lista, agregar el calabacín con la cebolla y cocinar todo junto a fuego medio durante unos 10 minutos, sin dejar de remover.
  4. Apagar el fuego e incorporar el atún escurrido, mezclando hasta que quede completamente integrado.
  5. Una vez lista la masa, colocarla en un recipiente plano y cubrir con papel film. Es fundamental dejarla enfriar y luego llevarla a la heladera por varias horas. Este paso resulta clave para que tome la consistencia necesaria y las croquetas mantengan su forma al freírlas.
  6. Con la masa bien fría, formar las croquetas del tamaño deseado. Pasarlas primero por huevo batido y luego por pan rallado.
  7. Freír en abundante aceite caliente hasta que estén doradas y crujientes por fuera.
  8. Retirarlas y servir.

Análisis y proyecciones

Las croquetas son un ejemplo clásico de cocina de aprovechamiento: una preparación capaz de transformar sobras o ingredientes simples en un plato de alta aceptación. En los últimos años, además, las versiones caseras han ganado terreno frente a las industriales gracias al interés por recetas más personalizadas, con mayor control sobre el relleno y la textura. La combinación de verduras con pescado, como en esta propuesta, también responde a una tendencia extendida de incorporar opciones más livianas o equilibradas sin resignar sabor.

Si esta línea de recetas sigue creciendo, es probable que las croquetas mantengan su vigencia como formato flexible para adaptar a distintos gustos, dietas y estaciones del año. La bechamel, que históricamente ha sido la base más tradicional, continúa siendo el recurso que permite unir ingredientes y asegurar una textura cremosa, mientras que variantes con vegetales y conservas como el atún amplían el repertorio sin alejarse del espíritu original del plato.

Evolución de la receta y de las preferencias

Durante décadas, las croquetas estuvieron asociadas a preparaciones muy concretas, sobre todo de pollo, jamón, bacalao o restos del cocido. Sin embargo, la cocina doméstica fue incorporando rellenos más creativos y hoy abundan las versiones con verduras, queso, mariscos o pescado. Ese cambio refleja una evolución más amplia: la de una gastronomía casera que busca practicidad, menor desperdicio y variedad en la mesa.

En ese marco, propuestas como la de Loli Domínguez condensan bien el giro de los últimos años: la técnica tradicional se conserva, pero los ingredientes se actualizan para responder a hábitos de consumo más abiertos, donde conviven la receta clásica, la reinterpretación saludable y la búsqueda de sabores nuevos.