En el juicio por la causa Cuadernos se exhibieron imágenes del allanamiento realizado en 2018 a la casa de Cristina Kirchner en El Calafate. El operativo incluyó el hallazgo de una bóveda, cajas fuertes y documentación secuestrada por orden judicial.
“La caja fuerte es el último refugio de la opacidad”, suele decirse en el lenguaje judicial cuando un allanamiento busca reconstruir patrimonios, documentos y circuitos de poder. En esa lógica, el juicio por la causa Cuadernos sumó este martes una serie de imágenes de las cajas fuertes de Cristina Kirchner en su casa de El Calafate, Santa Cruz, tomadas durante el operativo de 2018.
Las fotografías fueron exhibidas a pedido de la fiscal Fabiana León y forman parte de la prueba incorporada a partir de la declaración testimonial del excomisario de la Policía Federal Argentina Adrián Lotocki, quien estuvo a cargo de los procedimientos. Los allanamientos se realizaron el 23 de agosto de 2018 por orden del entonces juez federal Claudio Bonadio, fallecido en 2020, y del fiscal Carlos Stornelli, en el marco de la causa Cuadernos.
En la audiencia se mostraron imágenes de dos cajas fuertes abiertas: una, ubicada en un estante por encima de un perchero con ropa, estaba vacía; la otra, situada en un estante a ras del piso, contenía libros y cuadernos. Según explicó Lotocki, por entonces jefe de la delegación Río Gallegos de la PFA, Bonadio le había ordenado “revisar todo el lugar”, una vivienda de tres plantas, subsuelo y varios ambientes.
El excomisario señaló que en un sector previo al acceso al primer piso advirtieron “una puerta pequeña” con un contramarco. Se trataba, según su relato, de la entrada a una bóveda ubicada en la planta baja, cerca de la escalera que sube al primer piso. Lotocki dijo además que la puerta “era muy gruesa” y que desde allí se secuestraron elementos de interés para la investigación. Consultado sobre si se trataba de una puerta blindada, respondió que “aparentemente sí”.
De acuerdo con su testimonio, Gendarmería utilizó “herramientas especiales” para abrirla. En el interior hallaron biblioratos con documentación, bastones presidenciales y una carta que San Martín escribió a Bernardo O’Higgins, además de otros elementos de valor. Todo fue secuestrado “por orden del juzgado”, remarcó el excomisario.
Las actuaciones también dejaron asentado que en un ambiente del subsuelo, definido en el acta como un “pequeño depósito que guarda objetos personales, regalos institucionales, algunos objetos de valor y documentación varia”, podría haber existido “un uso distinto al actual”. Ese documento añadió que el espacio habría sufrido modificaciones en el marco y la puerta de acceso, tanto en dimensiones como en materiales, y describió que las piezas actuales eran de madera aglomerada y de madera tipo placa, con apertura hacia el exterior del pasillo. En el procedimiento, Gendarmería rompió un revestimiento que cubría el marco de una puerta distinta a la que cerraba el lugar.
Análisis y proyecciones: la exhibición de estas imágenes en el juicio vuelve a poner en primer plano uno de los ejes más sensibles de la causa Cuadernos: la tensión entre prueba documental, percepción pública y responsabilidad penal en casos de presunta corrupción estructural. En procesos de alta exposición política, este tipo de evidencia no solo busca fortalecer la reconstrucción judicial de los hechos, sino también consolidar una narrativa sobre el circuito de presuntas maniobras ilícitas. A futuro, la valoración de estas pruebas dependerá de cómo el tribunal integre los testimonios, las actas y la cadena de custodia con el resto del expediente, en un contexto donde las causas de corrupción suelen avanzar lentamente y con fuertes impactos institucionales.
Evolución del caso y de los actores: desde los allanamientos de 2018 hasta esta etapa del juicio oral, la causa Cuadernos pasó de la investigación inicial y las medidas urgentes impulsadas por Bonadio y Stornelli a una discusión más amplia sobre la solidez de las pruebas y la validez de las declaraciones obtenidas. Tras la muerte de Bonadio en 2020, el expediente quedó atravesado por cambios judiciales y por la discusión política permanente sobre su alcance. En paralelo, Cristina Kirchner sostuvo en distintos momentos una postura de fuerte cuestionamiento al proceso, mientras que la fiscalía buscó sostener la consistencia de la acusación con la incorporación de testimonios, registros de allanamientos y documentación secuestrada. El juicio, así, refleja cómo la causa se transformó con los años: de una investigación de impacto inmediato a un proceso de largo aliento en el que cada prueba material adquiere un peso estratégico para ambas partes.