Testimonio clave reaviva dudas sobre la muerte de Isak Andic
La causa por la muerte del fundador de Mango suma un testimonio inesperado que amplía las sospechas sobre Jonathan Andic. La investigación, aún abierta como presunto homicidio, incorpora nuevos elementos y mantiene bajo la lupa el recorrido en Montserrat.«Las montañas no mienten», escribió John Muir, una frase que suele citarse para recordar que en la naturaleza cada detalle importa. En la causa por la muerte de Isak Andic, ocurrido en Montserrat, ese principio vuelve a cobrar relevancia: la investigación sumó ahora un testimonio inesperado que podría ser relevante para reconstruir qué pasó aquel 14 de diciembre de 2024, cuando el fundador de Mango murió tras precipitarse en la montaña y la causa quedó abierta como un presunto homicidio.
La novedad surge del relato de una profesora de inglés, identificada como Johanna, que se presentó por voluntad propia y de manera sorpresiva ante los Mossos d’Esquadra. Según informó La Vanguardia, declaró dos veces y pasó unas cinco horas en comisaría. La mujer colaboraba de forma ocasional con la psicóloga María Julia Lüderwaldt, terapeuta de Jonathan Andic, en tratamientos dirigidos a pacientes angloparlantes, lo que le permitió conocer de primera mano el funcionamiento de ese abordaje. Jonathan, por su parte, negó de manera tajante esa versión en un comunicado difundido por su defensa y citado por EFE.
Un ejercicio terapéutico que quedó bajo sospecha
Según la testigo, el método había sido concebido inicialmente para Salvador, otro paciente de Lüderwaldt diagnosticado con esquizofrenia y con hostilidad hacia su madre. El objetivo era llevarlo a un punto concreto de Montserrat, junto a un precipicio previamente elegido, para que la terapeuta interpretara a la madre, se situara cerca del borde y le pidiera al paciente que la empujara.
La intención, siempre de acuerdo con la versión aportada por Johanna, no era que el gesto se concretara, sino que Salvador advirtiera “su incapacidad de hacerlo”. A esa escena debían asistir, además de la terapeuta y el paciente, un enfermero “por si pasaba algo” y Jonathan Andic en condición de observador. La testigo aseguró que, al conocer el contenido del ejercicio, Andic mostró un interés llamativo y llegó a pedir presenciarlo en persona.
Este tipo de dinámicas, propias de ciertas terapias de exposición o de trabajo simbólico, han sido discutidas durante años en el ámbito clínico por los límites éticos que implican cuando se trasladan a escenarios de alto riesgo. En psiquiatría y psicoterapia, la supervisión, el consentimiento informado y la seguridad del paciente son ejes centrales; cualquier práctica que los tensione puede quedar bajo un fuerte escrutinio profesional y judicial.
Montserrat, el sendero elegido y la coincidencia temporal
Lüderwaldt pidió entonces a Johanna, aficionada al senderismo, que buscara una ruta con desniveles pronunciados que sirviera para ese propósito. La elegida fue el Camí de les Feixades, en Montserrat, que ambas recorrieron el 1 de diciembre de 2024, apenas trece días antes de que Isak Andic muriera en ese mismo sendero. Al finalizar el trayecto, la terapeuta le comentó a Johanna que ese camino también podía resultar útil para Jonathan Andic, de quien solo mencionó que “tenía problemas con la gestión del dinero”.
El 7 de diciembre, Johanna acompañó a Jonathan Andic por esa misma ruta. Según su relato, él no hizo referencia alguna a su padre y aseguró que quería mostrarle el lugar a una sobrina como parte de un plan familiar. Para convencerla de que lo guiara, Lüderwaldt le transmitió una explicación concreta: “Es un regalo de Navidad para una sobrina, y además Jonathan está aprendiendo inglés”.
En los días posteriores, Jonathan Andic regresó al mismo sitio en más de una ocasión: el 8 de diciembre y también el 10. El 14 de diciembre volvió otra vez, en este caso acompañado por su padre, a quien había propuesto la caminata como una oportunidad para andar y conversar sin compañía. Esa misma jornada, Isak Andic murió al caer por el barranco.
El mensaje de WhatsApp y la expansión de la causa
Como parte de su colaboración con los Mossos, Johanna entregó su teléfono para el análisis de los mensajes cruzados con Lüderwaldt. Entre ellos apareció uno enviado justo después de conocerse la muerte del empresario, en el que preguntaba a la terapeuta si sabía qué había ocurrido. La respuesta fue: “Mejor no quiero saberlo, a ver si la próxima voy a ser yo”.
Durante el interrogatorio, los agentes también le mostraron imágenes del punto exacto desde el que cayó Isak Andic, con el objetivo de determinar si se trataba del mismo lugar donde ella y Jonathan se detuvieron durante la caminata, algo que la testigo dijo no poder confirmar. De acuerdo con fuentes cercanas al caso, ese testimonio reforzó las sospechas que la jueza Raquel Nieto y la fiscal Teresa Yoldi ya seguían en torno a la eventual implicación de Jonathan Andic en la muerte de su padre.
En julio, antes del receso vacacional, la magistrada ordenó ampliar el volcado del teléfono de la víctima a todo 2024 —hasta entonces limitado a los seis meses previos al fallecimiento— e incorporar también el contenido alojado en la nube. La resolución incluyó además un informe detallado sobre un viaje que Jonathan Andic realizó a Ecuador cuatro meses después de la muerte de su padre. Hasta el momento, el abogado Cristóbal Martell, defensor de Jonathan Andic, no accedió al contenido de las declaraciones de Johanna, lo que apunta a la existencia de diligencias reservadas en el juzgado de Martorell vinculadas a la terapeuta y a su colaboradora.
Análisis y proyecciones
En investigaciones de alta exposición pública, la aparición de un testimonio independiente suele ser determinante, aunque no necesariamente concluyente. La combinación de declaraciones, mensajes de WhatsApp, recorridos previos por el lugar y peritajes sobre dispositivos digitales puede fortalecer o debilitar hipótesis, pero el peso final suele depender de la coherencia entre cronología, evidencia material y corroboración externa. Si la causa avanza, el foco probablemente seguirá puesto en la reconstrucción minuciosa de los movimientos de Jonathan Andic y en la trazabilidad de sus comunicaciones durante 2024.
En los últimos años, el caso pasó de una muerte inicialmente tratada como un accidente en un entorno montañoso a una investigación judicial más compleja, con sospechas sobre un posible homicidio. Ese viraje refleja cómo, en causas con fuerte carga mediática, la postura de los actores puede ir modificándose a medida que aparecen nuevos indicios: la acusación se vuelve más cautelosa pero amplia sus medidas; la defensa, por su parte, insiste en desmentir los señalamientos y en limitar la lectura incriminatoria de cada elemento. En ese marco, las próximas decisiones judiciales podrían resultar clave para definir si la línea de investigación se consolida o si parte de las sospechas pierde sustento.




















