La herencia de “Mimí” Bianchi y una disputa sin condenas

El caso de Iris Alba Bianchi, una jubilada de Caballito apodada “Mimí”, dejó al descubierto una compleja disputa sucesoria atravesada por cartas, testamentos revocados y acusaciones cruzadas. La Justicia confirmó los sobreseimientos y el expediente quedó sin culpables.

“La palabra ‘sola’ es clave”, podría resumir este expediente que sacudió a Caballito. La soledad, la vejez y la ausencia de herederos directos suelen convertirse en terreno fértil para conflictos patrimoniales; en la Argentina, como en otros países, los casos de sucesiones de personas mayores sin descendencia han dado lugar históricamente a litigios intensos, especialmente cuando intervienen cuidadores, vecinos o personas del entorno cotidiano.

Infobae reveló el inquietante caso de Iris Alba Bianchi, apodada “Mimí”, una jubilada de Caballito, que se quitó la vida el 1° de octubre de 2021, tras la muerte de su hermana. Divorciada, sin hijos, había firmado un testamento en 2020. Los beneficiarios, aquella vez, fueron su portero en el edificio donde vivía sobre la avenida Díaz Vélez, así como la esposa del encargado. En 2021, ese testamento fue revocado. Los nuevos beneficiarios fueron su reciente psiquiatra y su paseador de perros.

Entonces, tras el suicidio de Iris Alba, ambos bandos se enfrentaron en Tribunales. El expediente por la sucesión, iniciado por el abogado del portero en el Juzgado Civil N°67, quedó frenado; los abogados del portero denunciaron penalmente al psiquiatra y al paseador, junto a los testigos del testamento, por aprovecharse del supuesto frágil estado mental de Iris para quedarse con su herencia, que incluía el departamento en la calle Díaz Vélez, otro en la calle Honorio Pueyrredón, así como los contenidos de una caja de seguridad en el Banco Ciudad.

Sin embargo, una junta de expertos convocada por la jueza Paula Petazzi, que incluyó al Cuerpo Médico Forense, descartó que no estuviera en sus cabales al momento de firmar ambos testamentos. Todos los acusados fueron sobreseídos en primera instancia por la jueza en noviembre de 2025, a pedido de la fiscal. El miércoles 2 de este mes, la sala en turno de la Cámara Nacional de Casación confirmó la decisión.

Así, el caso terminó sin acusados ni culpables. El abogado del psiquiatra pidió la semana pasada que se reanude la sucesión. Una prueba clave en la causa fue la nota del suicidio de Iris Alba, donde el portero era explícitamente mencionado.

La carta final

“Para la policía. Hola soy Iris Bianchi. Quiero quitar toda responsabilidad del Dr., es porque él me quiso internar y yo no quise. Quiso llamar a otro médico psiquiatra de urgencia para que me evalúe y no quise. Me dio un tratamiento domiciliario y que esté siempre acompañada, le dije que sí pero no lo hice”.

“El que me hizo mucho daño con su actitud fue el encargado, con su aptitud y su deseo de quedarse con lo mío, cuando a los dos días de morir mi hermana me llevó a firmar un testamento a favor de él y yo ni siquiera pude poner testigos”, continuó.

“En el día de la fecha me devuelve las llaves de mi casa y me dijo que me bloqueaba el teléfono, para que no le pida más ayuda. Esto último me hizo tomar esta decisión. Yo no culpo a nadie, soy yo que está mal y muy sola”.

Luego, Iris firmó su carta. Horas más tarde, sería hallada sin vida por una de sus cuidadoras. En el expediente por la supuesta manipulación, el portero se presentó como querellante. El delito en la carátula fue el de defraudación a un incapaz.

La paradoja y el problema

Allí, el portero dijo que “comenzó una relación de amistad” con “Mimí”, “a quien frecuentaba casi todos los días para charlar y ayudarla en lo que necesitara”. En un mensaje de WhatsApp, aseguró el portero, Iris le había expresado su decisión de convertirlo en su heredero.

“Desde el momento en que falleció su hermana Lidia, Iris entró en una debacle de depresión y angustia, hasta el punto que llamé a OSDE para solicitar un médico para que la revisara, pero cuando ella se enteró de ese pedido, llamó a OSDE y anuló el pedido de médico, porque se negaba a reconocer su depresión y que alguien la ayudara médicamente”, siguió.

El psiquiatra, según el portero, ya había tratado a la hermana fallecida. Incluso, el encargado de la calle Díaz Vélez afirmó poseer un audio del psiquiatra, donde afirmaba que Iris tiene problemas mentales, que le está agregando una medicación nueva, y que hay que buscar un abogado que la asista legalmente porque tiene propiedades a su nombre, y que habría que hacer una tutela.

Iris dijo en su última carta: “Soy yo que está mal y muy sola”. La palabra ‘sola’ es clave. ¿Cuántas Iris Alba Bianchi hay allá afuera, personas jubiladas, sin hijos ni herederos, con propiedades a su nombre, a simple vista vulnerables? La maniobra clásica en un barrio es usurpar la casa del jubilado tras la muerte, un delito. Pero, con papeles, con un escribano, con un testamento, no es delito.

Una testigo que declaró en la causa afirmó que “la jubilada le comentó que quería ceder sus bienes porque era una mujer que vivía sola, sin familia”. Este relato se choca de frente con el de una de las cuidadoras de la jubilada.

Esta testigo declaró bajo juramento que “la propia Bianchi le comentó que se encontraba acongojada porque el querellante (nota: el portero) y su esposa la llevaron a que firmara un testamento, de cuyo acto se arrepentía. Que, por lo tanto, la tranquilizó con que el acto se podía revertir y que, pasados unos días, Bianchi efectivamente revocó el testamento instituido en favor del encargado del edificio y su esposa”.

Análisis y proyecciones

Más allá de la resolución judicial, el caso deja expuesta una tensión habitual en los litigios sucesorios: la frontera entre la autonomía de una persona mayor para disponer de sus bienes y la sospecha de captación de voluntad cuando hay fragilidad emocional, aislamiento o dependencia cotidiana. En derecho civil, la validez formal de un testamento no siempre alcanza para disipar dudas sobre la capacidad real o la eventual influencia indebida; por eso, las pericias médicas, la cronología de los actos y los testimonios del entorno suelen ser decisivos.

En términos sociales, la historia también refleja un fenómeno cada vez más visible: el envejecimiento de la población y el aumento de hogares unipersonales multiplican los escenarios de vulnerabilidad patrimonial. En ese contexto, crecen los conflictos entre familiares lejanos, cuidadores, vecinos y profesionales de la salud, mientras la Justicia enfrenta el desafío de distinguir entre un vínculo de asistencia genuina y una posible maniobra de aprovechamiento. La proyección más probable es que este tipo de disputas siga aumentando y obligue a reforzar controles, acompañamiento institucional y mecanismos de protección de personas mayores.

Evolución del caso y cambios de postura

Al comienzo, la versión dominante fue la del entorno del portero, que se presentó como heredero designado y denunció una supuesta manipulación de la jubilada. Luego, el eje del expediente se desplazó hacia la evaluación de la capacidad de Iris y la autenticidad de sus decisiones patrimoniales, con la intervención de peritos y del Cuerpo Médico Forense. Finalmente, la Justicia descartó que no estuviera en sus cabales y sobreseyó a los acusados, lo que dejó debilitada la hipótesis de una captación de voluntad penalmente punible.

En paralelo, la carta final de Iris, que exculpó al psiquiatra y señaló con dureza al encargado del edificio, fue clave para complejizar el cuadro. Con el paso del tiempo, el caso pasó de una denuncia por presunta defraudación a un incapaz a una discusión más amplia sobre soledad, autonomía, salud mental y disposición de bienes, un debate que suele reaparecer en expedientes similares y que rara vez ofrece respuestas simples.