MILEI CUMPLE 1.000 DÍAS: CRECE EL MALESTAR, PERO CONSERVA SU PISO ELECTORAL

El Gobierno registra su peor nivel de valoración desde el inicio de la gestión y casi seis de cada diez personas aseguran que su situación económica empeoró. Sin embargo, Javier Milei continúa primero en una hipotética elección presidencial. La sociedad parece expresar dos mensajes simultáneos: cuestiona el presente, pero todavía no encuentra una alternativa claramente superior.

Javier Milei llega a los primeros 1.000 días de gobierno frente a una fotografía política compleja.

La valoración negativa de su administración alcanzó el 58,2%, mientras que el 41,8% mantiene una opinión favorable. La calificación promedio descendió de 4,6 puntos en junio a 4,4 en septiembre.

Hay, además, una fuerte polarización.

El 47,5% de los consultados le asignó al Gobierno la calificación mínima de un punto. En el extremo opuesto, un 17,7% lo calificó con diez.

No aparece una sociedad moderadamente disconforme. Aparecen dos sectores claramente definidos: uno muy crítico y otro que continúa respaldando con firmeza al Presidente.

EL BOLSILLO OCUPA EL CENTRO

La principal dificultad del Gobierno ya no parece estar solamente en los indicadores generales de la economía, sino en la distancia entre esos números y la vida cotidiana.

El 57,4% de los encuestados sostuvo que su situación económica empeoró como consecuencia de las políticas oficiales. Un 20,7% aseguró que permanece igual y solamente el 21,9% señaló que mejoró.

Los bajos salarios fueron identificados como el principal problema del país por el 22,1%. La falta de trabajo quedó inmediatamente detrás, con el 20,8%.

Sumados, ingresos insuficientes y desempleo representan el 42,9% de las preocupaciones.

La inflación, que durante muchos años dominó la agenda argentina, apareció bastante más abajo, con el 7,5%.

El cambio es importante.

La estabilización de los precios puede ser valorada, pero deja de alcanzar cuando el salario no permite llegar a fin de mes o cuando una familia teme perder su fuente de trabajo.

La gente no vive dentro de una planilla económica. Vive de sus ingresos.

¿QUIÉNES SE BENEFICIARON?

El 57,6% considera que las medidas del Gobierno favorecieron principalmente a la clase alta. El 16,1% señaló a la clase media y el 12,3% a los sectores de menores ingresos.

La percepción también alcanzó a una parte de quienes votaron a Milei en el balotaje de 2023. Entre ellos, el 29,2% sostuvo que la clase alta fue la más beneficiada.

La conclusión representa una señal de advertencia para el oficialismo.

El problema no es únicamente cuánto crece o deja de crecer la economía. También importa cómo se distribuyen los costos del ajuste y quiénes reciben primero sus posibles beneficios.

EL ESTADO DE ÁNIMO

Más de seis de cada diez participantes relacionaron la situación del país con emociones negativas: preocupación, angustia o enojo. Poco más de tres de cada diez manifestaron sentimientos positivos.

Entre quienes votaron al Presidente en 2023, el 37,4% dijo sentirse defraudado y consideró que Milei no cumplió lo prometido. Otro 14,2% manifestó preocupación porque todavía no observa mejoras.

Sin embargo, el vínculo político no está completamente roto.

El 31,2% continúa esperanzado y el 11% se declara satisfecho con su decisión electoral. Además, Milei conserva el apoyo del 71% de quienes lo eligieron en la segunda vuelta de 2023.

Existe desencanto, pero una parte considerable de ese electorado todavía no decidió abandonar al Presidente.

PRIMERO EN LA PRIMERA VUELTA

Aquí aparece la aparente contradicción.

Aunque el Gobierno atraviesa su peor valoración, Milei alcanza el 38,5% en una hipotética primera vuelta presidencial.

Axel Kicillof queda segundo, con el 24%. Más atrás se ubican Myriam Bregman, con el 10,4%; Sergio Massa, con el 6,1%; y Mauricio Macri, con el 3,7%.

Otro 8,3% elegiría a un candidato diferente, el 3% votaría en blanco y el 6% todavía no definió su posición.

Milei pierde valoración, pero continúa siendo el dirigente individual con mayor intención de voto.

Esto puede explicarse por la fortaleza de su núcleo electoral, pero también por la fragmentación de la oposición. El malestar existe. Lo que todavía no aparece con claridad es quién puede reunirlo y convertirlo en una mayoría política.

UN BALOTAJE ABIERTO

En una eventual segunda vuelta entre Milei y Kicillof, el gobernador bonaerense obtiene el 43,1% y el Presidente el 41,9%.

La diferencia es de apenas 1,2 puntos y se encuentra dentro del margen de error informado para el relevamiento. El 8,8% votaría en blanco y el 6,2% no respondió.

No puede hablarse de un ganador definido.

Sí puede afirmarse que, en este escenario, la elección se encuentra completamente abierta.

La diferencia territorial también es muy marcada. En la provincia de Buenos Aires, Kicillof alcanza el 49,8% y Milei el 38%. En Córdoba, el Presidente consigue el 55,7%, frente al 29,1% del gobernador. En Mendoza, Milei obtiene el 51,7% y Kicillof el 30,4%.

El mapa político argentino continúa dividido.

VARONES Y MUJERES

Una de las brechas más importantes aparece en el voto según el género.

En una eventual primera vuelta, Milei alcanza el 46,2% entre los varones, pero desciende al 31,4% entre las mujeres.

En el escenario de balotaje, el Presidente obtiene el 46,7% del voto masculino y Kicillof el 34,9%. Entre las mujeres, el resultado se invierte: Kicillof llega al 49,6% y Milei queda en el 39,8%.

Esta diferencia no es secundaria.

Las mujeres suelen tener una participación decisiva en la administración de la economía familiar y perciben directamente el costo de los alimentos, los servicios, la educación, la salud y el cuidado de los mayores. Allí el Gobierno enfrenta uno de sus principales desafíos electorales.

LA PARADOJA DE LOS 1.000 DÍAS

Milei llega a sus 1.000 días con tres datos que parecen contradecirse, pero que pueden convivir.

El Gobierno tiene una valoración negativa del 58,2%.

El 57,4% afirma que su economía personal empeoró.

Y, al mismo tiempo, el Presidente continúa primero en intención de voto, con el 38,5%.

No significa que el malestar sea falso. Tampoco que su reelección esté asegurada.

Significa que una parte de la sociedad puede estar descontenta con el presente y, aun así, no querer regresar a las alternativas que ya conoce. Otra parte conserva la esperanza de que el esfuerzo realizado finalmente produzca resultados.

El oficialismo mantiene su piso, pero parece encontrar dificultades para ampliar su techo.

La oposición reúne rechazo al Gobierno, pero todavía debe demostrar que puede transformarlo en una propuesta común, confiable y electoralmente competitiva.

Falta mucho para 2027.

Pero la primera advertencia ya está sobre la mesa: el equilibrio fiscal, la reducción de la inflación y los indicadores financieros pueden ordenar una economía. Para ganar una elección también deben mejorar el salario, el empleo y la vida cotidiana.

Los 1.000 días encuentran a Milei todavía de pie y primero en la carrera.

Pero ya no alcanza con pedir paciencia.

Ahora comienzan a reclamarse resultados.