Venezuela avanza en un diálogo político clave hacia elecciones libres

Venezuela atraviesa una etapa de transición política marcada por negociaciones entre el chavismo residual y la oposición, con Washington como actor de peso. En paralelo, siguen abiertos los desafíos judiciales, económicos y humanitarios.

“Cuando una sociedad vive demasiado tiempo bajo el miedo, cada avance democrático parece un milagro”, resume la lógica de un proceso que en Venezuela intenta revertir años de autoritarismo, crisis económica y persecución política. En ese contexto, el país sigue atravesando una transición lenta, compleja y cargada de tensiones.

En la efímera era de TikTok, de tiempos explosivos y espontáneos, los procesos que se viven en Venezuela por estos meses parecen eternos. Es entendible: el pueblo fue castigado durante los interminables años de Hugo Chávez y Nicolás Maduro con una agobiante economía y una persecución política sin precedentes que incluyó un rosario dramático de atropellos: represión, violación de los derechos humanos, crímenes contra la humanidad, torturas, violaciones, presos políticos, emigración masiva y demás desgracias.

Por eso, cualquier avance en la reconstrucción democrática se percibe como una escalera empinada y difícil de subir. La salida del chavismo del poder no puede pensarse como un hecho instantáneo, sino como una secuencia de pasos graduales, delicados y todavía incompletos.

Resulta lógica la dificultad para distinguir los progresos hechos hasta el momento, impensados apenas 256 días atrás cuando Maduro fue capturado por un grupo Delta Force de los Estados Unidos que irrumpió en la madrugada del 3 de enero último en Fuerte Tiuna, donde el dictador se refugiaba junto a su esposa, Cilia Flores. Hubo júbilo contenido en Venezuela y explosión en el exterior, donde casi 8 millones de emigrantes también esperan un cambio.

Las autoridades actuales -residuales del chavismo- que aún controlan en parte el poder venezolano iniciaron una lenta pero inconfundible marcha de acercamiento con la oposición que derivará en elecciones libres, aunque todavía no se conozcan las fechas. Ese proceso democrático -delicado, complejo- no está sólo en manos de quienes durante años incumplieron sus deberes republicanos. Washington actúa como tutor de ese diálogo y reconciliación que ya se inició. Un diálogo con líderes de la oposición impensado meses atrás. Se trata de una ingeniería que en esta estación requiere de inteligencia y sutileza.

Los puntos en discusión son amplios y no se limitan a la emisión de votos: sustitución de la cúpula judicial, situación de presos políticos -una cuenta aún no resuelta del todo por la presidenta interina Delcy Rodríguez-, elecciones, levantamiento de restricciones particulares para presentarse a comicios, cese de intervención en partidos políticos, Consejo Electoral, censura y bloqueo a medios de comunicación, entre otros temas.

La evolución no será fácil. Tampoco corta. Pero ya se inició. Y el chavismo, a diferencia de otros tiempos -cuando Maduro comandaba el país-, no podrá extender ni dilatar los plazos a su antojo ni impulsar planteos que choquen contra los intereses tanto de los venezolanos como de la oposición. Esa garantía la ofrece, en silencio, las autoridades norteamericanas. La delegación opositora es encabezada por Dinorah Figuera, de Primero Justicia. Su primer logro será recuperar a los partidos y eliminar las inhabilitaciones en el marco de una negociación que ha sido diseñada y promovida por la administración de Donald Trump.

El pasado 12 de agosto, este sector opositor y el chavismo -encabezado por Jorge Rodríguez, titular de la Asamblea Nacional oficialista y hermano de Delcy, la interina- cerraron el primer ciclo del diálogo después de casi una semana de discusión. Allí se acordó la renovación completa del Supremo y recuperar activos de la reserva internacional del país depositada en el Banco de Inglaterra. Ahora se espera una segunda ronda.

En perspectiva histórica, Venezuela llega a este punto tras una década de deterioro institucional, fractura social y migración masiva. La combinación entre colapso económico, sanciones internacionales, aislamiento diplomático y pérdida de legitimidad interna fue debilitando la capacidad de sostén del régimen, mientras la oposición intentó reorganizarse entre divisiones, inhabilitaciones y represión.

El marco en que se plantea este tipo de negociación es entendible. Haber sacado a Maduro -quien junto a Flores esperan ser juzgados por narcoterroristas en una celda de Nueva York- sin un plan progresivo como el actual -imperfecto, seguramente- hubiera sido suicida para una oposición implantada. La estructura chavista lleva décadas en construcción y entregar el poder a líderes con apoyo popular pero sin garantías constitucionales o democráticas no hubiera funcionado: no lo hizo en Irak, no lo hizo en Afganistán.

Esas mismas autoridades norteamericanas ven además otros progresos: la lucha contra el narco, aunque no resuelta, muestra avances y apoyo por parte del chavismo residual que encabezan los hermanos Rodríguez. También colaboran en otros delitos: ayer se conoció la captura de uno de los delincuentes más buscados por el FBI norteamericano. Aníbal Alexander Canelón Aguirre, alias “El Ingeniero”, fue capturado en tierra venezolana. Era miembro del Tren de Aragua. Ya está en Estados Unidos donde será juzgado. Hay, también, una purga silenciosa al interior del régimen que vivía de las complicidades con el mundo delictivo.

Otro de los procesos que está en marcha es el de la economía. No es fácil. Menos cuando la tragedia toca a la puerta: los devastadores terremotos del 24 de junio pasado donde murieron al menos 6.500 personas dejaron una estela económica aún irresuelta. También dejaron en evidencia la ineficiencia de un estado que durante décadas dijo estar presente pero no socorrió lo suficiente a los damnificados. Para peor, miles de víctimas aún no saben qué les deparará el destino y dónde dormirán las próximas semanas. Si es que logran conciliar el sueño después de haber perdido todo. Los cálculos para la recuperación de las zonas más afectadas se estiman en 20 mil millones de dólares. La repatriación de las reservas en oro de Banco de Inglaterra podrían ayudar. Fue uno de los planteos de la oposición.

La política monetaria trata de acomodarse. Lentamente y con vaivenes. También con críticas. El valor del bolívar continúa depreciándose. La mayor apuesta sigue estando en el sector energético que ve signos de vida, después de la interminable agonía padecida con Maduro. La recuperación de la industria petrolera, impulsora de la economía venezolana durante décadas y en decadencia a partir de la llegada del chavismo al poder por falta de inversión y corrupción endémica, parece estar encaminada. Aunque en marcha, todavía permanece lejos de la producción pico de 3,5 millones de barriles diarios que se vivió hacia fines del siglo XX. El retorno a esos niveles se verá en pocos años. “Recorrí yacimientos hace algún tiempo... estaban devastados, arruinados, abandonados. Pensé que llevaría años recuperarlo. Ahora todo parece cambiar”, dijo a Infobae un importante empresario petrolero latinoamericano, interesado ahora en retornar a Venezuela.

Análisis y proyecciones: el futuro inmediato dependerá de si el diálogo consigue traducir gestos iniciales en garantías verificables: calendario electoral, restitución institucional, liberación de presos políticos y condiciones reales de competencia. En procesos de transición como este, la experiencia comparada muestra que los avances suelen ser frágiles al principio y más sólidos cuando existe monitoreo externo, incentivos económicos y presión sostenida sobre los actores más duros del sistema. Si la negociación avanza, podría abrirse una ventana para el regreso gradual de capitales, una mejora de la gobernabilidad y cierta estabilización social; si se estanca, el riesgo es que reaparezcan la desconfianza, la fragmentación opositora y nuevas maniobras de dilación.

Evolución reciente: en los últimos años, el chavismo pasó de una lógica de control total del poder a una estrategia más pragmática de supervivencia, marcada por concesiones parciales y apertura negociada. La oposición, por su parte, transitó desde la confrontación frontal y el intento de aislamiento internacional hacia una postura más orientada a obtener garantías electorales e institucionales. Esa mutación refleja un cambio de contexto: ni el oficialismo dispone hoy de la misma capacidad de imposición que antes, ni la oposición puede sostener resultados duraderos sin acuerdos que eviten un nuevo cierre autoritario.

Estos progresos generarían un cambio que podría reflejarse e impactar en el resto del continente. El diálogo y la reconciliación están en marcha y los oscuros años del chavismo comienzan a quedar en el pasado. Lenta, pero inexorablemente.

X: @TotiPI