Caputo vuelve a frenar deuda en dólares y evita pagar 10%

El Ministerio de Economía volvió a dejar afuera al Bonar 2029 y priorizó emisiones en pesos y dollar-linked. La decisión refleja el costo que hoy exige el mercado para financiar al Tesoro en moneda dura.

En la historia de la deuda soberana argentina, pocas cifras resultan tan elocuentes como un rendimiento cercano al 10% anual en dólares: durante décadas, ese nivel fue sinónimo de desconfianza, restricción financiera y ventanas de acceso al mercado que se abrían y cerraban con rapidez.

Luis Caputo volvió a suspender la emisión de deuda en dólares ante la resistencia del Ministerio de Economía a convalidar tasas próximas a ese umbral. Por segunda licitación consecutiva, el Tesoro resolvió no ofrecer el Bonar 2029, el título que había lanzado meses atrás como una herramienta para empezar a recomponer el acceso al financiamiento en moneda dura.

La decisión es especialmente relevante porque el programa todavía contaba con margen. De acuerdo con estimaciones de Max Capital, al Bonar 2029 le restaban cerca de USD 774 millones antes de alcanzar el tope máximo autorizado para su emisión. Pese a ello, Economía volvió a excluirlo de la oferta y concentró la colocación en instrumentos en pesos y dollar-linked de corto plazo.

En la City sostienen que Caputo no quiere avalar el costo que hoy pide el mercado para prestarle dólares al Tesoro. GMA ya había señalado en una licitación previa que Finanzas había dejado afuera al AO29 frente a un costo de fondeo cercano al 10% medido en dólares MEP. La misma estrategia se repitió ahora, aun cuando el Gobierno enfrenta vencimientos por $8,1 billones.

No se trata de una señal aislada. Cuando el Bonar 2029 debutó, el Tesoro recibió ofertas por USD 985 millones, aunque adjudicó apenas USD 470 millones, a una TNA de 7,99%. En aquel momento, Economía eligió tomar menos dólares antes que elevar la tasa, en un intento por mostrar que podía financiarse por debajo del 8%.

Desde entonces, sin embargo, el contexto se volvió más exigente. En agosto, una colocación posterior del mismo bono llegó a pagar una tasa efectiva anual de 8,72%, según datos de Comafi. El deterioro de las condiciones para la deuda argentina terminó llevando al Gobierno a retirar el instrumento de las dos últimas licitaciones.

El mercado, además, le marca al Tesoro un piso cada vez más incómodo. Cohen calculó recientemente que, con un riesgo país cercano a los 490 puntos básicos y el Treasury estadounidense a diez años en torno al 4,8%, una nueva emisión soberana argentina debería ofrecer alrededor de 9,7% anual. Para la consultora, el factor electoral también puede dificultar una compresión sustancial del spread y mantener limitado el regreso pleno del país al mercado internacional.

“Caputo tiene un dilema: si paga 10%, consigue los dólares pero valida que Argentina todavía tiene un costo de financiamiento demasiado alto; si no paga esa tasa, sigue postergando la normalización del acceso al mercado”, explicó a LPO un operador financiero. Por ahora, en Economía parecen haber optado por la segunda alternativa.

La comparación con el sector privado vuelve todavía más sensible la decisión oficial. Esta semana YPF consiguió USD 1.200 millones a nueve años, con un rendimiento de 7,85%, luego de recibir ofertas por USD 2.200 millones. Se trató de la mayor emisión en dólares de la petrolera en once años y elevó las colocaciones corporativas desde noviembre de 2025 hasta unos USD 16.500 millones.

Algo similar ocurre en el plano subnacional. Las últimas emisiones mostraron tasas de 7,3% para la Ciudad de Buenos Aires, 8,1% para Santa Fe, 8,6% para Córdoba y 9,45% para Chubut. San Juan también prepara su salida al mercado con una tasa estimada cercana al 9,5%. Incluso las jurisdicciones que convalidan los rendimientos más altos terminan financiándose en torno al costo que hoy enfrentaría la Nación, o por debajo de él.

La estrategia de Caputo también impacta en el perfil de vencimientos. Max Capital destacó que el Tesoro volvió a ofrecer solo títulos que caen durante la actual administración y evitó colocar bonos largos en pesos, ante la prima por plazo que exige el mercado. Al mismo tiempo, procura no acumular compromisos demasiado próximos a las elecciones de 2027.

En términos de evolución reciente, el cambio de postura es claro: al inicio, el Bonar 2029 funcionó como una prueba para tantear el regreso de la deuda soberana en dólares; luego, el Ejecutivo aceptó tasas algo más altas pero todavía administrables; y ahora, frente a un costo cercano a dos dígitos, decidió directamente retirarlo de las licitaciones. Esa secuencia refleja una normalización parcial del financiamiento argentino, pero también el límite que todavía impone la desconfianza del mercado hacia la deuda nacional.

Análisis y proyecciones: si el Tesoro persistiera en evitar tasas de 10% en dólares, podría sostener su objetivo de no “convalidar” un precio que considere excesivo, pero al costo de seguir postergando el retorno pleno al mercado internacional. En cambio, aceptar un rendimiento cercano al 10% aceleraría el acceso a divisas, aunque dejaría una señal negativa sobre el riesgo país y sobre la percepción de solvencia. En escenarios de desinflación y mejora fiscal, el mercado suele premiar la consistencia, pero en Argentina el componente político-electoral suele demorar esa compresión del spread. Por eso, la combinación de superávit fiscal, reservas limitadas y calendario electoral puede mantener a la deuda soberana en una zona de financiamiento selectivo, con mayor facilidad para provincias y empresas que para la Nación.

El resultado es una paradoja para el Gobierno. Después de más de dos años de superávit fiscal y con un riesgo país que llegó a perforar los 500 puntos, empresas y provincias recuperaron el acceso al mercado internacional, pero la Nación todavía no consigue hacerlo a una tasa que Caputo considere aceptable. El Bonar 2029 había sido pensado justamente como un puente hacia esa normalización. Por ahora, el ministro prefiere dejar casi USD 800 millones disponibles antes que admitir en una licitación que el mercado sigue exigiendo cerca de 10% para prestarle dólares.