Inflación núcleo: por qué el 1,8% en agosto enciende alertas

El IPC de agosto marcó su menor nivel en 14 meses y el Gobierno lo celebró como una señal positiva. Pero la inflación núcleo volvió a ubicarse en 1,8%, un dato que sugiere que la desinflación avanza, aunque todavía con resistencia en los precios de fondo.

“La inflación es, y siempre será, un fenómeno monetario”, advirtió Milton Friedman hace décadas, una frase que volvió a cobrar protagonismo en la Argentina cada vez que el ritmo de los precios empezó a ceder sin despejar del todo las dudas sobre la dinámica de fondo. En agosto, el IPC marcó 1,7%, su menor nivel en 14 meses, pero la inflación núcleo se mantuvo en 1,8% por segundo mes consecutivo, un registro que obliga a mirar más allá del alivio inicial.

El índice de precios al consumidor (IPC) registró en agosto su menor variación en 14 meses, con un 1,7%, dato que fue celebrado por el Gobierno. Sin embargo, una lectura más fina del informe muestra que la inflación núcleo se mantuvo estable en 1,8% por segundo mes consecutivo.

Ese indicador, también llamado subyacente o core, es uno de los más observados por el equipo económico para seguir la tendencia de la inflación, más allá de la volatilidad que pueda aparecer en determinados meses. Esto ocurre porque la inflación núcleo excluye los precios estacionales —como verduras o indumentaria— y los regulados, entre ellos las tarifas.

Si bien para los analistas privados el dato no implica una interrupción del proceso de desinflación, algunas voces advierten que puede convertirse en un piso para la baja del IPC general.

La consultora LCG sostuvo que era esperable una baja de la inflación en agosto respecto del salto de julio, que había estado influido por los estacionales. No obstante, advirtió que la inflación núcleo no cedió en la misma magnitud y sigue siendo elevada, lo que deja en evidencia que la inercia todavía es difícil de domar.

Gonzalo Carrera, economista de Equilibra, coincidió en que la estabilidad de la núcleo muestra que todavía queda camino por recorrer hacia la desinflación. Además, anticipó que en los próximos meses espera que el IPC se ubique cerca del 1,8%.

“Es una núcleo estable que tiene a la carne, el rubro que más pesa, casi sin cambios: subió 0,2% mensual. Cuando la carne empiece a reaccionar, hacia fin de año, va a presionar más”, advirtió.

Eric Rittondale, economista jefe de Puente, también interpretó que la persistencia de la inflación núcleo sugiere que el proceso de desinflación entró en una fase de mayor resistencia. A su entender, a esa medición le costará quebrar de manera decisiva el piso de 1,5% para acercarse al 1% en el corto plazo.

No esperamos que la inflación desacelere de manera significativamente más rápida desde estos niveles; prevemos que la inflación mensual en los próximos meses se mantenga oscilando en un rango de entre 1,5% y 2%, en línea con lo que las curvas soberanas de tasa fija y CER ya descuentan para los próximos dos trimestres, en torno a 1,7% mensual en promedio, afirmó.

Por su parte, el economista Gabriel Caamaño, socio de la consultora Outlier, señaló que es importante que la cifra se mantenga por debajo del 2% y consideró que no resulta preocupante que haya repetido el nivel del mes previo. A su criterio, ese dato le quita algo de euforia al resultado, pero no altera la tendencia general: continúa la desinflación, con volatilidad y a un ritmo menor al que quisiera el Gobierno.

Un proceso con altibajos

En junio, la inflación núcleo había sido de 1,6%. El Banco Central (BCRA) elabora su propia medición subyacente, que había arrojado ese mismo valor al cierre del primer semestre y se había ubicado medio punto porcentual por debajo del promedio de los últimos 12 meses.

De acuerdo con el último informe de política monetaria, esa evolución favorable mostraba que la reducción de la inflación no obedecía únicamente a factores transitorios y estacionales en algunos rubros del IPC, sino que respondía a un proceso más extendido, asociado a los determinantes profundos del régimen macroeconómico.

En términos históricos, la Argentina ha convivido durante años con episodios de desinflación parcial que luego se frenaron por la inercia, la corrección de precios relativos y las tensiones cambiarias. Por eso, la lectura de la núcleo suele ser clave: cuando este indicador se desacelera de forma sostenida, suele sugerir que la baja de la inflación tiene más chances de consolidarse; cuando se estanca, en cambio, suele anticipar que el alivio general puede ser más lento de lo esperado.

Sin embargo, en julio y agosto la núcleo volvió al 1,8%. PPI evaluó que el comportamiento de la inflación núcleo dejó algo que desear: se mantuvo prácticamente en línea con el 1,78% de julio, ubicándose en 1,8%. La buena noticia, entonces, vino más por el lado de los componentes volátiles que por una mejora adicional de la inflación subyacente.

En la misma línea se expresó Justina Gedikian, analista de renta fija en Cohen. Según explicó, toda la mejora de agosto vino por los precios estacionales, que cayeron 0,9% mensual tras el salto de julio por las vacaciones de invierno, mientras que la inflación núcleo, que mejor refleja la tendencia de fondo, se mantuvo en 1,8% mensual y quedó por encima del nivel general. Los regulados subieron 2,2% en el mes, con vivienda, electricidad y gas al frente. En otras palabras, hay desinflación, pero la núcleo sigue mostrando resistencia.

Análisis y proyecciones: la persistencia de la inflación núcleo en torno al 1,8% sugiere que la etapa más sencilla de la desinflación podría haber quedado atrás. En procesos como el argentino, donde conviven expectativas todavía sensibles, correcciones de precios relativos y una estructura de costos muy marcada por alimentos y servicios, los tramos finales del descenso suelen ser más difíciles. Si la carne y otros rubros sensibles empiezan a recomponerse, como anticipan algunos analistas, el IPC general podría encontrar un piso más alto del esperado. En ese escenario, el desafío para la política económica será sostener la desaceleración sin reavivar tensiones sobre el tipo de cambio, tarifas o actividad, factores que históricamente condicionaron la consolidación de la baja inflacionaria.

Evolución reciente del tema: en los últimos meses, la discusión pasó de celebrar la desaceleración general del IPC a observar con mayor detalle la calidad de esa baja. Al principio, la mejora estuvo más asociada a rubros volátiles y a una recomposición estadística de base; luego, el foco se desplazó hacia si la inflación núcleo podía quebrar de manera más nítida el umbral del 2%. Hasta la fecha del dato, la señal dominante es que la tendencia sigue siendo descendente, pero con una resistencia que obliga a moderar las expectativas de una caída rápida y lineal.