Cuadernos: un empresario dijo que Clarens pidió dinero para ayudar con licitaciones

Un empresario declaró que Ernesto Clarens habría pedido dinero a cambio de facilitar licitaciones y acercar soluciones por pagos demorados de obra pública. El testimonio se sumó a una nueva tanda de audiencias del juicio oral por la causa Cuadernos.

En la causa Cuadernos, un expediente que sacudió la relación entre política, obra pública y financiamiento empresario en la Argentina, volvió a aparecer un nombre central: el de Ernesto Clarens. Este martes, el empresario Jorge Cibraro aseguró que el financista le pidió dinero a cambio de ayudar con licitaciones y que decía tener llegada a funcionarios del Gobierno.

El testigo recordó que fue en varias oportunidades a la oficina de Clarens, en el microcentro porteño, porque su empresa enfrentaba demoras en los pagos de obras públicas. Según relató, nunca lograron cerrar un acuerdo. La declaración se produjo ante el Tribunal Oral Federal 7, que lleva adelante el juicio contra la ex presidenta Cristina Kirchner, en una etapa centrada en escuchar a empresarios que durante la investigación estuvieron acusados, pero luego quedaron desvinculados con sobreseimientos.

En la audiencia del jueves pasado, Jorge Stocker había contado ante el mismo tribunal que, según le refirió su suegro, después de una licitación entre 2003 y 2004 comenzaron los reclamos desde el OCCOVI, organismo que entonces conducía Claudio Uberti. Stocker definió esas exigencias como “una imposición”.

Otros testigos también mencionaron presiones presuntamente ejercidas desde ese organismo, entre ellas llamados para forzar la salida de directivos de sus empresas. Sin embargo, negaron haber recibido pedidos de dinero en esos casos, lo que muestra la diversidad de matices que fue adquiriendo el relato testimonial a lo largo del proceso.

“Nos hicieron requerimientos dinerarios”, declaró un empresario

Jorge Cibraro, vinculado a la empresa ICF, amplió su declaración en una nueva audiencia y sostuvo que se reunió varias veces con Ernesto Clarens por los problemas y demoras en los pagos de la obra pública. “Las reuniones con Clarens fueron muy buenas, era un hombre muy empático, pero no pudimos llegar a ningún resultado concreto a pesar de que fui en muchas ocasiones”, dijo. Además, ante preguntas de la fiscal de juicio Fabiana León, señaló que el financista “ofrecía ayudas en adjudicaciones y no tanto en adelantar los pagos porque nos había dicho dentro de lo posible”.

“Pero nos hicieron requerimientos dinerarios que nosotros no accedimos”, afirmó. Luego precisó que ese pedido provino de Clarens y que desconocía para quién estaba destinado ese dinero. También sostuvo que, por lo dicho por el financista, entendió que tenía “relación con funcionarios de Vialidad”, aunque aclaró que no podía afirmar si en la práctica esa llegada existía, justamente porque no aceptaron sus pedidos.

Análisis y proyecciones

El eje de estas declaraciones vuelve a ubicar a la obra pública como uno de los grandes escenarios de tensión entre Estado y contratistas durante los años del kirchnerismo, un terreno históricamente sensible en la Argentina por la concentración de decisiones, la dependencia de pagos estatales y el peso político de los intermediarios. En causas de corrupción de alto impacto, los testimonios empresariales suelen ser relevantes no sólo por lo que afirman, sino también por el mapa de vínculos, presiones y circuitos informales que ayudan a reconstruir.

Si el tribunal considera consistentes estas versiones con el resto de la prueba, los dichos podrían reforzar la hipótesis de un esquema de recaudación ilegal asociado a licitaciones y pagos de contratistas. En cambio, si prevalecen las inconsistencias o la falta de corroboración documental, la defensa podría insistir en que se trata de relatos parciales, propios de un proceso atravesado por múltiples arrepentidos, imputados y testigos que ya fueron sobreseídos. En cualquier caso, el juicio sigue marcando el pulso de una causa que, por volumen político y judicial, continúa siendo una de las más observadas del país.

Cómo evolucionó el caso en los últimos años

Con el paso del tiempo, la causa Cuadernos se transformó desde una investigación penal sobre supuestos pagos ilegales hacia una megacausa con múltiples ramificaciones, desprendimientos y revisiones procesales. En sus inicios, el expediente fue presentado como una trama de presunta recaudación vinculada al poder político; luego, varias piezas fueron reordenadas, algunos imputados pasaron a colaborar como arrepentidos y otros quedaron afuera por sobreseimientos. Esa evolución fue reduciendo el universo de acusados en ciertos tramos, pero no debilitó el interés público por el juicio.

También cambió la posición de varios actores empresariales. Algunos que en la etapa de instrucción habían quedado comprometidos luego lograron desvincularse, mientras que otros optaron por declarar y describir presuntas presiones o pedidos de dinero. Del lado de la acusación, la estrategia se fue apoyando cada vez más en la consistencia entre testimonios, movimientos financieros y contextos administrativos de la obra pública. Así, el caso pasó de una discusión sobre hechos puntuales a un examen más amplio sobre cómo se decidían, negociaban y financiaban las contrataciones estatales.