Milei volvió a respaldar a Sturzenegger y marcó la tensión con Caputo
Javier Milei volvió a poner en valor el trabajo de Federico Sturzenegger en la reunión de gabinete y dejó una señal política en medio de las diferencias con Luis “Toto” Caputo. La discusión gira en torno al rumbo económico, las desregulaciones y los primeros movimientos de mayor heterodoxia en la gestión.“Nada se pierde, todo se transforma”, escribió Lavoisier en el siglo XVIII, y esa idea parece resumir el momento económico y político que atraviesa el Gobierno: una administración nacida con un discurso de ajuste extremo hoy busca reacomodar instrumentos sin abandonar, al menos en el plano retórico, su promesa de disciplina fiscal.
Javier Milei elogió por segundo lunes consecutivo a Federico Sturzenegger en la reunión de gabinete, en un contexto atravesado por la tensión con Luis “Toto” Caputo y por el debate interno sobre el rumbo económico. Según informó Presidencia, en el encuentro de esta mañana el mandatario destacó “el dato de las 17.155 desregulaciones impulsadas desde el área que conduce Federico Sturzenegger desde el comienzo de la gestión”.
El ministro de Desregulación expuso además detalles de la nueva ley de Mercado de Capitales sobre la que trabaja y que reemplazaría a la norma anterior, impulsada por el propio Caputo en 2018, cuando ocupaba el cargo de ministro de Finanzas durante el gobierno de Mauricio Macri.
La semana pasada, Milei había leído ante el gabinete una nota completa firmada por Sturzenegger para La Nación, en la que el funcionario combinó sus propias ideas con elogios al Presidente, quien devolvió la deferencia y terminó reforzando el perfil del ex titular del Banco Central. En ese texto, Sturzenegger sostuvo: “Un gobierno tiene que mantenerse fiel al rumbo y a sus ideas”, una frase que fue interpretada como un cuestionamiento directo al ministro de Economía.
El trasfondo de esa señal está en la disputa por la respuesta oficial al enfriamiento de la actividad. Caputo viene chocando con Milei por el giro hacia una mayor heterodoxia que lo obligó a adoptar el agotamiento del plan económico, después de un ajuste que golpeó la recaudación y el consumo. En ese marco, el equipo económico empezó a ensayar intervenciones puntuales para sostener la dinámica productiva y financiera.
Entre esas medidas aparecen la flexibilización de créditos en dólares para empresas que no generan divisas, el uso del FGS para promover préstamos hipotecarios, la ampliación de subsidios al consumo de energía en septiembre y nuevas líneas del Banco Nación para la compra de autos usados y 0 km. Son herramientas acotadas, pero significativas, porque muestran un traslado parcial desde la lógica de retracción pura hacia una administración más pragmática de la economía real.
La advertencia que salió este lunes desde Presidencia también llegó en medio de las críticas de economistas como Domingo Cavallo, Miguel Broda y Carlos Melconian. “El Presidente ratificó el rumbo económico y sostuvo que no se relajará la política monetaria bajo ningún concepto, al considerar que hacerlo sería un error y afectaría la reputación construida y los resultados obtenidos”, informó el Gobierno.
Análisis y proyecciones: la escena deja ver una dinámica habitual en los programas de estabilización: cuando el ajuste fiscal inicial pierde potencia sobre la inflación y empieza a resentir la actividad, crece la presión para introducir medidas de alivio o reactivación. En la experiencia argentina, ese punto de inflexión suele tensionar la coalición de gobierno entre un ala ortodoxa, centrada en la credibilidad, y otra más dispuesta a usar instrumentos de estímulo. Si la desaceleración continúa, el oficialismo podría profundizar los incentivos sectoriales sin abandonar el ancla monetaria, aunque el riesgo es que esa convivencia genere mensajes ambiguos hacia el mercado y hacia el electorado.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, Milei pasó de ser un outsider económico con discurso de desregulación total a Presidente con necesidad de administrar urgencias concretas. Sturzenegger se consolidó como el ejecutor del programa de reformas regulatorias, mientras Caputo se transformó en el principal administrador de la estabilidad macro y financiera. Esa división de roles, que al comienzo parecía complementaria, hoy exhibe matices más visibles: el primero empuja una agenda de apertura y simplificación, y el segundo ensaya correcciones para sostener actividad y consumo. El resultado es un gabinete donde la coherencia ideológica convive con disputas tácticas cada vez más explícitas.
























