Monteoliva y Pettovello escalan su conflicto con la prensa
Alejandra Monteoliva y Sandra Pettovello profundizaron su enfrentamiento con periodistas y reavivaron la tensión dentro del Gobierno. En la Casa Rosada preocupa que el estilo confrontativo de Javier Milei se extienda al resto del gabinete.“Sin prensa libre, no hay democracia”, advirtió alguna vez un viejo principio del constitucionalismo liberal que volvió a cobrar fuerza en tiempos de alta polarización. En ese marco, las reacciones de Alejandra Monteoliva y Sandra Pettovello reabrieron el debate sobre los límites entre la crítica política, el derecho a réplica y las presiones del poder sobre el trabajo periodístico.
Alejandra Monteoliva y Sandra Pettovello buscan imitar a Javier Milei y se suben a la ola de hostilidad hacia los periodistas, en una dinámica que inquieta al sector más pragmático del Gobierno. La escalada se produjo luego de que la ministra de Seguridad enviara cartas documento a los periodistas Pablo Duggan, Silvia Mercado y Beto Valdez, molesta porque publicaron que se casaría en octubre con el director nacional de Gendarmería, Claudio Brilloni.
“A los periodistas que operan por un sobre o por un favorcito, les digo: estas mentiras y operaciones les va a salir carísima (sic)”, escribió Monteoliva en redes sociales, adoptando el tono confrontativo que caracteriza al presidente. Poco después, agregó: “Acá están las cartas documento que les van a llegar, y las acciones judiciales que pensamos iniciar. Mentir con malicia, les va a costar mucho más que un abogado, les va a costar la credibilidad de una profesión que alguna vez tuvo como bandera la verdad”, en una amenaza que elevó el nivel de tensión con la prensa.
La ministra acompañó su mensaje con una imagen de las tres cartas documento, publicada el mismo día en que Lionel Messi difundió la foto de las tres páginas de su carta de despedida de la Selección. La coincidencia visual reforzó el impacto político y mediático de la reacción oficial.
Pettovello, que suele mostrarse especialmente molesta con los periodistas y ya se desprendió de varios colaboradores de prensa, también envió una carta documento a este medio exigiendo un trato editorial favorable. La funcionaria se quejó de haber sido mencionada en una nota que reveló que, tres meses después de la privatización de Transener, los Neuss vaciaron la caja de la empresa y se pagaron la compra. En esa cobertura se explicaba además que Pettovello tiene bajo su órbita la Anses, propietaria de acciones de Transener.
En la intimación, el abogado de Pettovello sostuvo que existe un “tratamiento periodístico sostenido y reiteradamente desfavorable hacia mi representada durante el ejercicio de su función como Ministra de Capital Humano, circunstancia que, por su reiteración y por el enfoque empleado, evidencia un particular ensañamiento que excede el legítimo ejercicio de la libertad de prensa y contribuye a instalar una imagen negativa de mi representada mediante la presentación sesgada de información que no acredita irregularidad alguna de su parte”.
Sin embargo, el señalamiento de “ensañamiento” también puede leerse en sentido inverso: la propia Pettovello ha calificado en más de una ocasión a este medio como un “pasquín”. La última vez lo hizo a fines de julio, cuando se enojó por una nota que reveló sus intenciones de anotarse en la carrera por la vicepresidencia. En esa oportunidad, al menos, admitió que el sitio “genera preguntas que hay que contestar”, una definición que, en términos periodísticos, reconoce la función básica de interpelar al poder.
Análisis y proyecciones: En la política argentina, la relación entre gobiernos y medios suele deteriorarse con rapidez cuando la confrontación se convierte en estrategia. Desde el punto de vista institucional, la judicialización de contenidos y el uso de cartas documento no anulan por sí mismos la crítica periodística, pero sí pueden operar como mecanismos de amedrentamiento, especialmente si se repiten desde distintas áreas del Ejecutivo. Si esta tendencia se profundiza, el Gobierno podría consolidar un clima de mayor hostilidad pública con la prensa, aunque también corre el riesgo de reforzar la percepción de intolerancia frente al escrutinio. En un año electoral, la administración necesita preservar capacidad de comunicación y disciplina interna; por eso, el costo político de extender el estilo de Milei al resto del gabinete puede ser mayor que el beneficio de la confrontación.
La evolución del vínculo entre el oficialismo y los medios muestra además un cambio relevante en los últimos años. Con el avance de la polarización y el crecimiento de las redes sociales como canal directo de comunicación, varios dirigentes dejaron de ver a la prensa como un intermediario indispensable y comenzaron a tratarla como un actor adversarial. Milei llevó esa lógica al extremo, pero algunas figuras de su gabinete parecen haber adoptado el mismo patrón. En la Casa Rosada, sin embargo, surge la preocupación de que el presidente quiera ser el único blanco y que el resto del organigrama no se sume a una guerra total con los periodistas. “Se viene un año electoral, no puede estar todo el organigrama puteando a los periodistas”, resumió un funcionario ante LPO.
La escena deja al descubierto una tensión de fondo dentro del Gobierno: mientras un sector apuesta a la confrontación como identidad política, otro intenta evitar que esa estrategia se convierta en una dinámica colectiva que desgaste la gestión. En ese equilibrio, el vínculo con la prensa aparece hoy como uno de los terrenos más sensibles del oficialismo.
























