Milei vació el acto de la UIA y crece la tensión con la industria

El Presidente decidió vaciar la celebración por el Día de la Industria tras las críticas de la UIA y un nuevo cruce con el sector. La distancia entre la Casa Rosada y los industriales quedó expuesta en un acto marcado por ausencias y reproches cruzados.

“La Argentina ha transitado ciclos en los que la industria fue motor del empleo y de la sustitución de importaciones, pero también etapas de fuerte confrontación entre el Estado y el sector productivo”. Ese antecedente histórico vuelve a escena con la decisión de Javier Milei de vaciar el acto por el Día de la Industria, en medio de una pelea cada vez más abierta con la Unión Industrial Argentina.

El Presidente ya había resuelto no asistir a la ceremonia de la UIA y también se había bajado el ministro de Economía, Luis Caputo, que se encontraba en Estados Unidos. La relación entre el Gobierno y la entidad fabril venía deteriorándose por declaraciones críticas de ambos lados, lo que anticipaba una recepción poco amigable.

Milei había dispuesto inicialmente que el Gobierno estuviera representado por el jefe de Gabinete, Diego Santilli, pero a último momento le ordenó que tampoco concurriera. Además, se cayó la participación del ministro de Salud, Mario Lugones, quien iba a asistir con el argumento de que el acto se realizaba en el laboratorio Elea, de Sigman y Sielecki.

Finalmente, el único funcionario nacional presente fue el secretario de Industria, Pablo Lavigne, una presencia de bajo perfil político que terminó reforzando la señal de distancia del Gobierno con el sector industrial.

La fractura entre el establishment y Milei ya se expresa sin disimulo. En ese clima, los industriales vienen advirtiendo que, si la confrontación se profundiza, podría ponerse en riesgo el orden macroeconómico que el Ejecutivo intenta sostener con anclas fiscales y monetarias.

El malestar quedó expuesto en las duras declaraciones del vicepresidente de la UIA, Guillermo Moretti, quien afirmó que el Gobierno “no conoce el país” y que “no tienen idea de lo que es una industria”.

“Estamos manejados por un endeudador, un trader que no sabe lo que es un torno”, lanzó Moretti contra Caputo. También sostuvo que el ministro “sí sabe mucho de finanzas porque su patrimonio aumentó un 37% en dólares en un año” y agregó que, en ese mismo período, “a la Argentina la endeuda”. En una entrevista con radio El Destape, se preguntó por qué el funcionario no aplicaría al país “lo mismo que usa para él”.

Moretti insistió además en que “no hay una política dedicada a la industria” y denunció que, en cambio, “todo lo que se está haciendo es una política de desindustrialización”. Sus dichos también funcionaron como una presión interna sobre la conducción de la UIA, especialmente sobre Martín Rappallini, que viene intentando equilibrar los reclamos de los socios con una relación menos áspera con la Casa Rosada.

La semana pasada, según reveló Marcelo Bonelli en Clarín, Rappallini se comprometió ante la comisión directiva a llevar con firmeza los planteos empresariales al acto del Día de la Industria, después de una reunión interna en la que varios dirigentes le pidieron endurecer la postura frente al Gobierno.

En su discurso, Rappallini adoptó un tono más crítico, aunque menos frontal que el de Moretti. Señaló que “la economía no puede medirse solamente por la evolución de la inflación” y remarcó que también debe observarse la actividad. En ese marco, pidió a Milei que contemple la situación del sector productivo.

“Debemos dejar atrás las descalificaciones y las agresiones hacia quienes producen”, planteó el titular de la UIA, en un mensaje dirigido al Presidente y a Caputo, quien recientemente había calificado de “tarados” a quienes defienden a la industria.

Rappallini reconoció que la industria “le está poniendo el hombro a la estabilización” y que fue “uno de los pilares del proceso de desinflación”, pero advirtió que también sufre el impacto de la apertura de importaciones. En ese sentido, resumió una queja repetida por el sector: la industria queda expuesta a precios internacionales, pero continúa pagando costos argentinos.

Análisis y proyecciones: la tensión entre Milei y la UIA expresa un conflicto clásico en la política económica argentina: el equilibrio entre estabilización macroeconómica y protección del entramado industrial. En el corto plazo, el Gobierno parece priorizar la disciplina fiscal, la baja de la inflación y la apertura de mercados, mientras los industriales temen una pérdida de producción, empleo y capacidad instalada. Si el vínculo no se recompone, podrían intensificarse las presiones empresariales sobre la agenda oficial, especialmente en torno a aranceles, importaciones, financiamiento y competitividad. A mediano plazo, el desenlace dependerá de si la mejora macro se traslada a la actividad real o si, por el contrario, la contracción industrial erosiona apoyos dentro del propio establishment.

Evolución reciente del vínculo: en los últimos años, la relación entre la dirigencia industrial y el poder político osciló entre la búsqueda de acuerdos pragmáticos y el enfrentamiento abierto. Con Milei, ese vínculo entró en una fase más áspera: el discurso oficial dejó de ver a la industria como un sector a proteger y pasó a cuestionar buena parte de sus reclamos. Del lado empresario, también cambió la estrategia: primero predominó la cautela ante el nuevo gobierno y luego empezó a ganar espacio una postura más crítica, sobre todo ante la caída de la actividad, la apertura importadora y el endurecimiento del lenguaje presidencial. El acto de la UIA dejó esa metamorfosis a la vista: menos gestos de convivencia y más señales de ruptura.