San Diego avanza con un plan para frenar la contaminación del río Tijuana
El condado aprobó el diseño de una planta para desviar y tratar el agua contaminada antes de que ingrese a comunidades del sur de San Diego. La medida apunta a una crisis sanitaria y ambiental de décadas que ha afectado playas, vecinos y hasta entrenamientos militares.“El río Tijuana se ha convertido en una de las fronteras ambientales más problemáticas de América del Norte”, advirtió en años recientes la comunidad científica, y esa definición ayuda a entender por qué San Diego decidió acelerar una respuesta propia frente a una crisis que lleva décadas sin resolución. Ahora, el condado dio un paso clave para intentar frenar las descargas de aguas residuales que afectan a bañistas, surfistas, playas y zonas sensibles del sur del condado.
El condado de San Diego aprobó el diseño de un sistema para desviar y tratar el agua contaminada del río Tijuana. La iniciativa busca contener una crisis de décadas por descargas de aguas residuales, que causaron enfermedades entre bañistas y surfistas, cierres de playas y riesgos para los entrenamientos de los Navy SEALs en Coronado, informó Los Angeles Times.
La junta asignó USD 1,8 millones al proyecto y prevé financiar obras mayores con un impuesto local, en respuesta a una crisis sanitaria y ambiental de décadas.
La propuesta busca capturar y limpiar el agua antes de que ingrese en las comunidades de San Diego. La presidenta de la junta del condado, Terra Lawson-Remer, indicó al periódico que el objetivo es interceptar los desechos y tratarlos antes de que lleguen a ríos, escuelas y playas.
La Junta de Supervisores votó cuatro a uno a favor de destinar los fondos al diseño del sistema. El supervisor Joel Anderson fue el único voto en contra y sostuvo que no apoyaría el proyecto si las ciudades afectadas no contribuían como parte de una coalición.
En la misma sesión, la junta aprobó USD 4 millones para reparar de inmediato un foco de contaminación en Saturn Boulevard, donde la polución del río se aerosoliza.
El condado apuesta a una planta propia para interceptar la contaminación
La nueva instalación se diseñará para capturar y limpiar el agua antes de que entre en comunidades de San Diego.
Lawson-Remer dijo: “Necesitamos capturar todos estos desechos, toda esta contaminación, y tratarla antes de que llegue a nuestros ríos, antes de que se acerque a nuestras escuelas, antes de que llegue a nuestras playas”.
El problema no se limita al agua que llega al océano. Las descargas desde Tijuana alcanzan Imperial Beach, Coronado y otras zonas del sur del condado.
Además, el río emite contaminantes transportados por el aire, incluido el sulfuro de hidrógeno, que causa asma, dolores de cabeza y otras afecciones en las comunidades vecinas.
Según el artículo, el cauce también transporta químicos industriales, pesticidas y productos farmacéuticos. Esa combinación ubicó al río Tijuana en el segundo lugar de la lista de ríos más amenazados elaborada por American Rivers, una organización ambiental de Estados Unidos.
La gravedad del caso tiene antecedentes conocidos desde hace años: la cuenca ha sido escenario de obras inconclusas, plantas que operan al límite y episodios recurrentes de descargas transfronterizas. En ese contexto, la contaminación no solo impacta el mar, sino también la calidad del aire y la vida cotidiana de barrios enteros expuestos a malos olores y partículas asociadas al agua residual.
Las plantas de tratamiento de aguas residuales en Estados Unidos y México filtran parte de esos contaminantes, pero esas instalaciones fallaron durante la última década y liberaron cientos de millones de galones de aguas residuales sin tratar al río.
Mejoras recientes ayudaron a reducir la contaminación, y el gobierno federal ya destinó cerca de USD 650 millones para reparar y reemplazar infraestructura envejecida.
El plan local busca una solución del lado estadounidense
El argumento central de los supervisores es que parte de la contaminación evita las plantas existentes y entra directamente al río.
Por eso, la futura instalación podría desviar y tratar el agua cuando cruza desde México hacia territorio estadounidense.
Paloma Aguirre dijo: “No podemos controlar lo que ocurre al otro lado de la frontera, pero sí podemos controlar lo que hacemos de nuestro lado”.
El tratamiento podría seguir dos caminos. Natalie Mladenov, profesora de ingeniería de la San Diego State University, una universidad pública de California, explicó que una opción es la purificación avanzada de agua, un proceso que elimina casi todos los contaminantes mediante membranas de ultrafiltración, ósmosis inversa, oxidación avanzada, luz ultravioleta y desinfección.
La otra es un tratamiento de menor intensidad, suficiente para cumplir con los estándares de la Agencia de Protección Ambiental para descargar el agua al océano.
La presión política para actuar convive con la presión sanitaria. Científicos detectaron altos niveles de contaminación del aire cerca del río cargado de aguas residuales, un hallazgo que, según el diario, confirmó las quejas de residentes afectados desde hace años.
Los supervisores presentaron el proyecto como una oportunidad para que el condado alcance una solución en un “plazo agresivo”.
Aguirre lo resumió así: “Seguiremos presionando a Washington y a México, pero marcaremos el ritmo. Terminamos de esperar el calendario de otros”.
Análisis y proyecciones: Si el condado logra avanzar desde el diseño hacia la construcción, el proyecto podría convertirse en una pieza de contención importante, aunque no resolvería por sí solo el problema estructural de la cuenca. En este tipo de crisis fronterizas, la experiencia muestra que las soluciones más eficaces combinan infraestructura, financiamiento estable y coordinación binacional. Sin ese esquema, las mejoras suelen ser parciales y vulnerables a nuevas fallas. La apuesta de San Diego también puede aumentar la presión sobre el gobierno federal y sobre las autoridades mexicanas para acelerar inversiones en saneamiento, una dinámica que históricamente ha sido lenta y políticamente sensible.
Evolución reciente del tema: En los últimos años, la postura de los actores principales pasó de reclamar soluciones puntuales a discutir una respuesta más estructural. Del lado local, la Junta de Supervisores dejó de limitarse a pedir asistencia externa y comenzó a impulsar una alternativa propia. Del lado federal, la inversión de cerca de USD 650 millones marca un reconocimiento de la magnitud del problema, mientras que la discusión técnica se desplazó hacia tecnologías más avanzadas de tratamiento. Aun así, persiste una diferencia de enfoque: mientras algunas voces priorizan la cooperación con México y las ciudades vecinas, otras sostienen que San Diego debe actuar sin esperar consensos imposibles. Ese cambio refleja cómo una crisis ambiental de larga data terminó transformándose también en una disputa sobre responsabilidades, tiempos y liderazgo político.
























