¿MONROE 3.0? EL ESCUDO DE LAS AMÉRICAS

Internacionales | Identidadcorrentina

En 1823 James Monroe advirtió a Europa que no interviniera en América. En 1904 Theodore Roosevelt sostuvo que Estados Unidos podía ejercer un poder policial en el hemisferio. Entre ambos, el argentino Roque Sáenz Peña había contrapuesto a “América para los americanos” otra fórmula: “América para la humanidad”. Dos siglos después, Donald Trump impulsa el “Escudo de las Américas” y Javier Milei coloca a la Argentina entre sus aliados. ¿Estamos solamente ante una alianza contra el narcotráfico o frente a una nueva arquitectura hemisférica? ¿Monroe 3.0?

Las palabras cambian.

Las potencias también.

Pero algunas preguntas parecen resistir extraordinariamente bien el paso del tiempo.

¿Quién establece las reglas en América?

¿Hasta dónde llegan los intereses de Estados Unidos?

¿Y qué margen conservan los demás países del continente para relacionarse con el resto del mundo?

La pregunta vuelve a aparecer en 2026.

Tiene un nombre nuevo:

Escudo de las Américas.

EL ESCUDO

En marzo, Donald Trump reunió en Miami a un grupo de mandatarios americanos.

Javier Milei estuvo allí.

También participaron representantes de distintos países de América Central, América del Sur y el Caribe.

El planteo oficial presentó objetivos difíciles de cuestionar en su formulación general.

Combatir el narcotráfico.

Enfrentar al crimen organizado transnacional.

Controlar las migraciones ilegales.

Mejorar la cooperación regional.

Pero entre esos objetivos apareció una expresión particularmente interesante:

“frenar la interferencia extranjera en nuestro hemisferio”.

Ahí cambia la dimensión del asunto.

Porque ya no estamos hablando solamente de carteles, fronteras o narcotráfico.

Estamos hablando de geopolítica.

1823

Hace más de dos siglos, James Monroe formuló una advertencia dirigida fundamentalmente hacia Europa.

Las potencias europeas no debían intentar extender nuevamente sus sistemas políticos o coloniales sobre las nuevas naciones americanas.

Estados Unidos todavía no era la superpotencia que conoceríamos durante el siglo XX.

Pero había aparecido un principio:

América constituía un espacio estratégico diferente.

Con los años aquello terminó sintetizado popularmente en una expresión:

“América para los americanos”.

ROOSEVELT

Ochenta años después, Estados Unidos era otro país.

Había crecido.

Se había industrializado.

Había llegado al Pacífico.

Había derrotado a España.

Y comenzaba a actuar como una potencia internacional.

Entonces Theodore Roosevelt agregó algo decisivo.

Ya no se trataba solamente de impedir determinadas intervenciones europeas.

Estados Unidos sostuvo que, ante determinadas situaciones, podía ejercer un papel policial dentro del propio hemisferio.

Monroe había dicho:

Europa no debe intervenir aquí.

Roosevelt agregó, en términos muy simplificados:

nosotros podemos hacerlo.

Había nacido otra etapa.

EL ARGENTINO

Pero entre Monroe y Roosevelt apareció una voz que vale la pena recordar.

Roque Sáenz Peña.

Durante la Primera Conferencia Panamericana celebrada en Washington entre 1889 y 1890, el argentino defendió una concepción diferente de las relaciones continentales.

Frente a la fórmula:

“América para los americanos”

contrapuso otra:

“Sea América para la humanidad”.

No necesitamos convertir aquella frase en una doctrina.

Alcanza con observar la diferencia.

Una concepción piensa América como un espacio estratégico particular.

La otra reivindica su relación abierta con el mundo.

Más de un siglo después, aquella discusión conserva una sorprendente actualidad.

LOS NUEVOS EXTRANJEROS

Porque cuando en 2026 Washington habla de “interferencia extranjera en nuestro hemisferio”, los extranjeros ya no son los mismos.

No estamos en 1823.

España no intenta recuperar sus antiguas colonias.

Francia y Gran Bretaña ya no representan el desafío principal.

Existe otro protagonista.

China.

China comercia con América Latina.

Compra alimentos.

Compra minerales.

Financia infraestructura.

Invierte en energía.

Participa en proyectos tecnológicos.

Mantiene relaciones políticas con numerosos gobiernos.

Para muchos países latinoamericanos representa un enorme mercado y una fuente de inversiones.

Para Washington representa además la presencia creciente de su principal competidor estratégico dentro del hemisferio.

Ahí aparece la pregunta que el Escudo todavía no termina de responder.

¿Dónde termina la cooperación en seguridad y dónde comienza la definición de una esfera de influencia?

MILEI

Argentina decidió ubicarse dentro de esa nueva arquitectura.

Javier Milei no oculta su alineamiento político con Estados Unidos.

Participó junto a Trump de la iniciativa.

Eso puede proporcionar ventajas.

Cooperación.

Inteligencia.

Seguridad.

Tecnología.

Relaciones estratégicas.

Pero Argentina tiene simultáneamente relaciones económicas importantes con otros países.

Entre ellos China.

Por eso el desafío argentino quizá no consista solamente en elegir aliados.

Consiste también en comprender hasta dónde llega cada alianza.

MONROE 3.0

Sería apresurado afirmar que estamos frente al regreso de la Doctrina Monroe.

El mundo cambió demasiado.

América Latina también.

Y los problemas que pretende enfrentar el Escudo —narcotráfico, organizaciones criminales transnacionales, migraciones ilegales— son reales y requieren cooperación internacional.

Pero también sería ingenuo ignorar el lenguaje utilizado.

“Nuestro hemisferio”.

“Interferencia extranjera”.

Dos expresiones que inevitablemente tienen resonancias históricas.

Quizás Trump no esté reconstruyendo la Doctrina Monroe.

Quizás esté haciendo algo diferente.

Adaptando una antigua concepción estratégica estadounidense a un mundo en el cual la disputa ya no es contra los imperios europeos.

Es contra la penetración económica, tecnológica y estratégica de otras grandes potencias.

Especialmente China.

Por eso la pregunta permanece abierta.

¿Escudo de las Américas es solamente una alianza de seguridad?

¿O estamos observando los primeros trazos de una nueva delimitación estratégica del continente?

Monroe habló en 1823.

Roosevelt agregó su corolario en 1904.

Roque Sáenz Peña dejó una respuesta argentina que todavía resuena:

“Sea América para la humanidad”.

Dos siglos después, Trump vuelve a hablar del hemisferio.

Y Milei decidió sentarse a su lado.

No sabemos todavía si la historia terminará llamándolo de esta manera.

Pero la pregunta ya puede formularse.

¿Monroe 3.0?