Retiran murales de García Márquez y Petro en Inravisión

La eliminación de los murales en la sede de Inravisión, en Bogotá, abrió un fuerte debate por las figuras homenajeadas y por el momento en que se produjo la intervención. El cambio coincidió con la reorganización interna del sistema público de medios.

Colombia tiene una larga tradición de murales políticos y culturales como forma de memoria pública: desde la segunda mitad del siglo XX, estas intervenciones en espacios estatales y universitarios han funcionado como testimonio de época, pero también como blanco de disputas sobre qué voces deben permanecer visibles. En ese marco, la retirada de los retratos de Gabriel García Márquez, Simón Bolívar, Jaime Garzón y otras figuras de la sede del Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión) en Bogotá, ubicada sobre la calle 26, reabrió un debate sensible sobre patrimonio simbólico y reordenamiento institucional.

La intervención de las paredes se conoció el lunes 1 de septiembre, en medio de los cambios internos que adelanta la nueva administración del Sistema de Medios Públicos.

Los murales reunían retratos de personalidades vinculadas con la historia, la literatura, el periodismo y la política colombiana. Además de Gabriel García Márquez, Simón Bolívar y Jaime Garzón, las obras incluían representaciones de los periodistas y escritores Alfredo Molano y Germán Castro Caycedo. Entre las imágenes retiradas también estaba un retrato del expresidente Gustavo Petro.

El mural de García Márquez incluía una frase atribuida al escritor

Uno de los espacios intervenidos estaba dedicado a García Márquez. La pintura mostraba el rostro del Nobel de Literatura junto a mariposas amarillas, una referencia directa a elementos de su obra y, en particular, al universo de Cien años de soledad, donde ese símbolo quedó asociado a la memoria cultural latinoamericana.

También incluía la frase: “Un hombre solo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo cuando ha de ayudarle a levantarse”.

Las imágenes difundidas de los muros sin las pinturas generaron comentarios en redes sociales. Parte de las reacciones se concentró en las figuras homenajeadas y en el momento en que ocurrió el retiro de los murales.

El representante a la Cámara por Bogotá, Daniel Monroy, también reaccionó tras la divulgación de las fotografías. “Primero empiezan con la eliminación de murales, luego van por la eliminación física”, afirmó al compartir la información.

El expresidente Gustavo Petro, cuya imagen también fue eliminada de las paredes, se refirió al tema a través de su cuenta de X. Allí convocó a jóvenes de la capital a realizar murales en distintos espacios de la ciudad.

“Invito a la juventud bogotana a pintar más y más murales que hablen de la belleza y la verdad. Que los muros grises de Bogotá sean obras de arte… así derrotamos el fascismo y su gran mentira”, escribió Petro.

La eliminación ocurrió durante la reorganización del sistema público

El retiro de las obras coincidió con el proceso de reorganización que atraviesa Inravisión, después de la llegada de Ángela María Mora Soto a la gerencia del Sistema de Medios Públicos, durante el gobierno de Abelardo de la Espriella.

Entre las primeras decisiones anunciadas por la nueva administración estuvo el fin de la franja noticiosa y de opinión de radio y televisión, que funcionó hasta el 6 de agosto.

La dirección también informó que revisará los contenidos y formatos que permanecen al aire. El proceso abarca asuntos relacionados con programación, contratos y convenios.

Según lo planteado por la administración, la revisión se orientará por principios de independencia, pluralidad, equilibrio, rigor informativo e interés público. La entidad señaló que busca consolidar un sistema que no responda a intereses particulares o políticos.

Los cambios incluyen la cancelación de las 20 emisoras de paz surgidas tras el Acuerdo de Paz de 2016. De acuerdo con información del Ministerio de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones, la programación en preparación tendrá contenidos de cultura, arte y educación.

La propuesta también contempla énfasis en la diversidad regional, la identidad nacional y la participación de distintas voces del país en radio, televisión y plataformas digitales.

Según la ministra Alexandra Falla Zerrate, los recursos se originaron en convenios suscritos con el Ministerio de Educación y el Departamento Administrativo de la Presidencia (Dapre). Entre ellos figura un acuerdo firmado con Educación durante la administración anterior por 10.000 millones de pesos, de los cuales 6.362 millones habrían sido destinados a servicios digitales entre junio y agosto de 2026.

En perspectiva, la discusión excede el caso puntual de unos murales: en América Latina, los cambios de administración en organismos públicos suelen venir acompañados por relecturas de la memoria institucional y de los símbolos que la representan. Por eso, la decisión puede leerse como una señal de reorientación política y cultural, con impacto en la percepción pública del medio y en la relación entre Estado, arte urbano y pluralidad. Si la nueva conducción logra sostener criterios transparentes y una oferta diversa, podría fortalecer la legitimidad del sistema; si no, el episodio quedará como un ejemplo más de cómo la disputa por los símbolos termina contaminando la discusión sobre el servicio público.

En Colombia, la Ley 996 de 2005, conocida como Ley de Garantías Electorales, establece normas especiales para el periodo electoral presidencial. Durante los cuatro meses previos a los comicios y hasta la conclusión del proceso, incluyendo una eventual segunda vuelta, las entidades estatales no pueden celebrar contratos de manera directa.

En los últimos años, la relación entre medios públicos, agenda cultural y disputa política se volvió más intensa. Mientras distintos gobiernos insistieron en modernizar contenidos y ampliar audiencias, también crecieron las tensiones sobre independencia editorial, uso de recursos y definición de una identidad institucional. En ese contexto, la nueva administración parece apostar por una refundación comunicacional, pero el costo político de desmontar símbolos preexistentes ya quedó expuesto en la reacción que generó el retiro de los murales.