Error sicarial en Bogotá: la Fiscalía confirmó que mataron a un empresario equivocado
La familia del empresario Gustavo Aponte sostiene que jamás recibió amenazas ni extorsiones y que todo obedeció a una confusión criminal. La Fiscalía ratificó que el ataque iba dirigido contra otro empresario vinculado al sector minero energético.“La violencia nunca es un accidente: casi siempre es el resultado de una cadena de errores, intereses y decisiones criminales”. En ese marco, el caso de Gustavo Aponte se convirtió en un ejemplo doloroso de cómo una información equivocada puede terminar en tragedia y alterar para siempre la vida de una familia.
La Fiscalía General de la Nación confirmó que el asesinato de Gustavo Aponte, ocurrido el 11 de febrero de 2026 al salir del gimnasio Bodytech, en el norte de Bogotá, habría sido un error: los autores materiales confundieron a su objetivo y dispararon contra la persona equivocada.
Casi siete meses después, Alexandra García, esposa del empresario, compartió su versión pública de los hechos y aseguró que, desde el primer momento, descartó que su esposo hubiese sido amenazado o extorsionado.
“En mi corazón sabía que había sido una equivocación”, dijo en diálogo con Caracol Radio, y añadió que la familia sospechó desde el inicio que el ataque no estaba dirigido contra Aponte, entre otras razones porque él no solía acudir al gimnasio a esa hora.
La investigación oficial sostiene que los sicarios actuaron con información errónea, lo que desencadenó una tragedia que sacudió a la opinión pública y dejó a una familia atravesada por la ausencia. Desde el entorno cercano, la convicción de que Aponte no tenía enemigos ni motivos para ser blanco de un crimen se mantuvo firme.
El caso generó conmoción en Colombia cuando se conoció que la muerte del empresario habría sido producto de una confusión criminal. Según su esposa, nunca existieron señales de peligro inminente ni antecedentes que hicieran prever lo ocurrido. La familia reclama justicia y espera que los responsables sean condenados.
Al recordar a su esposo, Alexandra lo describió como un hombre completamente dedicado a su hogar. “Gustavo era un hombre entregado a su familia cien por ciento, papá de cuatro hijos, a los que amaba con locura”, señaló. También lo definió como un padre “alcahueta, consentidor, amoroso”, además de un “líder innato, generoso, trabajador incansable”.
La viuda insistió en que el impacto del crimen se agrava por la ausencia total de razones que lo justificaran. “Yo sabía que Gustavo no tenía ningún enemigo, ninguna amenaza. Ya teníamos esa hipótesis”, reiteró, al subrayar el desconcierto que todavía atraviesa a la familia.
La familia de Gustavo Aponte reclama que el proceso judicial avance y que se sancione a todos los responsables del asesinato. Alexandra expresó su esperanza de que “todos los involucrados en este sicariato sean condenados lo antes posible”, para poder cerrar una etapa dolorosa.
En medio del duelo, la esposa relató una anécdota que refleja el proceso de perdón vivido por su círculo más cercano. “Mi hija mayor quería ir al búnker a decirle a alias ‘Tony’ que lo perdonaba; obviamente, eso no va a pasar, pero sí lo perdonamos y le pido a Dios que se arrepienta de todos los pecados”, expresó.
El expediente tomó un giro clave cuando la Fiscalía General de la Nación confirmó que “el homicidio estaría dirigido a otro ciudadano; sin embargo, se ejecutó contra la víctima equivocada”. El abogado de la familia, Mario Iguarán, precisó que los sicarios buscaban originalmente a Olimpo Antonio Oliver Peñaranda, empresario del sector minero energético, y afirmó: “Está plenamente acreditado por prueba testimonial, documental y técnica que de lo que se trató fue de un lamentable error”.
El trasfondo del crimen está vinculado, según las comunicaciones citadas en la investigación, a un intento de asesinato contra Oliver Peñaranda por “el cobro de una deuda”. Oliver había encabezado en 2018 un proyecto de formalización minera en el sur de Bolívar, lo que afectó intereses ilícitos y derivó en represalias atribuidas a grupos armados que, en palabras del comunicado oficial, son “miembros de las disidencias de las Farc y del Ejército de Liberación Nacional (ELN)”.
En 2020, Oliver impulsó además acciones contra la minería ilegal, lo que intensificó las amenazas en su contra. Ese recorrido ayuda a explicar por qué este caso no solo exhibe la violencia del sicariato urbano, sino también la conexión persistente entre economías ilegales, disputas territoriales y retaliaciones armadas que siguen marcando distintas regiones del país.
Análisis y proyecciones: casos como este suelen profundizar el debate sobre la precisión de la inteligencia criminal, la protección de testigos y el seguimiento a redes de sicariato que operan con información fragmentaria o interesada. Si la investigación logra consolidar la cadena de mando, podría reforzarse la tesis de que muchos homicidios selectivos no responden a conflictos personales sino a estructuras que tercerizan la violencia. A nivel judicial, la expectativa de la familia y de los allegados de Oliver es que el proceso avance con rapidez, no solo para individualizar a los autores materiales, sino también para llegar a eventuales determinadores.
Evolución del caso y de las posturas: al comienzo, el entorno de Aponte sostuvo que no había amenazas ni señales previas, mientras la versión oficial todavía era parcial. Con el avance de la pesquisa, la hipótesis de la confusión criminal se fue imponiendo hasta ser confirmada por la Fiscalía, y la mirada se desplazó hacia el verdadero objetivo del ataque: Olimpo Oliver. En paralelo, la postura de la familia pasó del desconcierto inicial a una exigencia abierta de justicia, acompañada por una narrativa de perdón que no reemplaza la demanda de condena, pero sí muestra el impacto humano de la tragedia.
La familia de Aponte y los allegados de Oliver coinciden en reclamar justicia y protección para quienes defienden la legalidad en sectores atravesados por la violencia. El impacto emocional del asesinato también quedó reflejado en las palabras de Héctor Tobo, quien recordó una enseñanza del empresario: no debía guardar odio en su corazón, y por eso reza por los responsables del crimen.
La investigación y las voces involucradas ponen en evidencia la fragilidad de la vida frente a la violencia criminal y la necesidad de justicia en contextos donde la ilegalidad sigue condicionando decisiones, amenazas y asesinatos.




















