Milei prepara una cadena nacional por Malvinas tras el guiño de Trump

El Presidente aprovechará el ruido político generado por las declaraciones de Donald Trump para hablar exclusivamente de la causa Malvinas en una cadena nacional el jueves. Mientras tanto, el Gobierno moderó el entusiasmo y el Reino Unido ratificó su postura sobre la soberanía del archipiélago.

“Las Malvinas son argentinas” es una consigna que atraviesa generaciones y, desde la guerra de 1982, se convirtió en una de las causas nacionales más sensibles de la política exterior argentina. En ese marco histórico, Javier Milei se mostró eufórico por el guiño que Donald Trump insinuó hacia la posición argentina y anunció una cadena nacional para el jueves dedicada por completo al tema.

El presidente de Estados Unidos sugirió este lunes que podría “revisar” el apoyo a Gran Bretaña en la disputa con la Argentina por las Malvinas. Milei llevó ese gesto a la reunión de gabinete de este martes y aseguró allí que había avances “fuertes” respecto del reclamo de soberanía.

Más temprano, en declaraciones a El Observador, su radio favorita, el mandatario había reforzado esa impresión: “Ayer ha pasado algo muy fuerte respecto a la causa más importante y sagrada de los argentinos”, afirmó.

Por eso, el Gobierno anunció una cadena nacional en la que el único tema será la causa Malvinas. El vocero Adrián Ravier indicó que el discurso del jueves está siendo trabajado por Quirno y la SIDE. Se trata de una novedad política relevante: el propio oficialismo admite de manera abierta la participación de la Secretaría de Inteligencia en la elaboración de los discursos presidenciales.

“Inglaterra es el pasado. Argentina es el futuro”, escribió Santiago Caputo en su cuenta de X para celebrar el gesto de Trump. Caputo, uno de los principales impulsores de la llamada “batalla cultural” libertaria, busca instalar temas que ordenen la agenda pública y desplacen del centro de la escena los problemas de gestión y las tensiones del Gobierno.

El asunto Malvinas ya había dejado al oficialismo en una posición incómoda durante el Mundial, cuando los jugadores de la Scaloneta se burlaron de un supuesto “acuerdo” que anunció Alejandra Monteoliva para prohibir manifestaciones sobre las islas durante la semifinal contra Inglaterra y luego mostraron una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”. Ese episodio expuso el alto voltaje simbólico del reclamo y cómo la sociedad argentina sigue vinculando la causa con el deporte, la memoria y la identidad nacional.

Sin embargo, el canciller Pablo Quirno buscó este mismo martes bajarle el tono al entusiasmo que intentaron instalar las milicias digitales del Gobierno. “Nosotros sobre lo que no tenemos control no operamos; nosotros operamos sobre lo que nosotros controlamos”, sostuvo al referirse a un eventual apoyo de Estados Unidos a la posición argentina.

“Lo que haga Trump por Inglaterra será Trump por Inglaterra”, agregó. Y remarcó: “Si nosotros somos beneficiarios directos o indirectos de las decisiones de ellos... acá no hay un triángulo mágico donde estamos hablando en estos términos”.

Las declaraciones prudentes de Quirno se alinearon con la respuesta del Gobierno británico. Un portavoz del primer ministro Andy Burnham buscó minimizar los dichos de Trump y afirmó que “los habitantes de las Islas Malvinas son británicos y tienen derecho a determinar su propio futuro”. Además, recordó que expresaron su voluntad de seguir siendo un territorio británico de ultramar y que el compromiso de Londres con ellos es “inquebrantable”.

Análisis y proyecciones: El movimiento de Milei revela una estrategia conocida en la política argentina: cuando la agenda doméstica se vuelve adversa, el Ejecutivo suele apoyarse en causas de alta carga simbólica para recomponer iniciativa. Malvinas, por su potencia identitaria, ofrece un terreno fértil para la polarización y la movilización emocional, aunque rara vez produce resultados concretos inmediatos en el plano diplomático. En términos históricos, la disputa mantiene un patrón estable: la Argentina insiste en su reclamo soberano, el Reino Unido reafirma la autodeterminación de los isleños y cualquier novedad externa suele terminar en reacomodamientos discursivos más que en cambios de fondo. Si la administración libertaria logra capitalizar políticamente el episodio, podría fortalecer su narrativa nacionalista; si el gesto de Trump no se traduce en hechos, el episodio quedará como un pico de expectativa con escaso impacto real en la negociación bilateral.

Evolución reciente del tema: En los últimos años, la cuestión Malvinas osciló entre la diplomacia de baja intensidad y la utilización política interna. Bajo distintos gobiernos argentinos, el reclamo alternó entre tonos moderados y énfasis más confrontativos, pero sin alteraciones sustantivas en la posición británica. Con Milei, el tema quedó atravesado por una lógica más mediática y cultural: el Gobierno intenta instalarlo como bandera de identidad nacional y como herramienta para ordenar la conversación pública. Del lado británico, en cambio, la postura se mantiene invariable, apoyada en el referéndum de 2013 y en la defensa del estatus actual del archipiélago, lo que deja el conflicto en un punto de fuerte simbolismo y escaso margen de avance práctico.