La UIA pide bajar impuestos y mejorar la competitividad

La Unión Industrial Argentina celebrará su acto por el Día de la Industria con un fuerte diagnóstico sobre la caída de la producción, la pérdida de empleo y la alta presión fiscal. En paralelo, buscará recomponer el diálogo con el Gobierno en medio de las tensiones por el rumbo económico.

“La industria es la columna vertebral de la modernización económica”, suele resumirse desde hace décadas en el debate productivo argentino. Bajo esa lógica, la Unión Industrial Argentina (UIA) volverá a poner este miércoles en el centro de la escena las tensiones estructurales que atraviesan al sector: impuestos, actividad, empleo y competitividad.

La entidad realizará su tradicional evento por el Día de la Industria en la planta del laboratorio Elea Phoenix, en la localidad bonaerense de Malvinas Argentinas. El acto estará encabezado por el titular de la UIA, Martín Rappallini. En un principio estaba prevista la participación del jefe de Gabinete, Diego Santilli, pero finalmente no asistirá. Tampoco estarán el presidente Javier Milei ni el ministro de Economía, Luis Caputo. Sí confirmaron su presencia el ministro de Salud, Mario Lugones, y el secretario de Coordinación Productiva, Pablo Lavigne.

El encuentro reunirá a más de 200 empresarios industriales y se desarrollará en un contexto de retroceso de la actividad. Según la entidad, en el primer semestre la producción del sector acumuló una baja de 2,2%, mientras que en el último año se perdieron alrededor de 52.000 empleos directos.

A ese escenario se suma uno de los reclamos más persistentes de la UIA: la presión tributaria. Un informe elaborado por la entidad ubicó a la Argentina en el primer puesto entre los países con mayor carga fiscal sobre el sector formal de la economía.

El estudio comparó 30 países, incluidos los integrantes del G20, naciones de Sudamérica, Países Bajos, España y Suiza. De acuerdo con el relevamiento, la carga tributaria sobre la actividad formal llegó al 56% en 2024, seis puntos porcentuales por encima del registro del año anterior.

El análisis consideró los principales tributos que pesan sobre las empresas: Impuesto a las Ganancias para sociedades, IVA, Impuesto a los Débitos y Créditos, Impuesto al Patrimonio, derechos de exportación, Ingresos Brutos, tasas municipales e Impuesto de Sellos. En la discusión industrial, este tipo de mediciones suele leerse como una señal de pérdida de competitividad frente a otras economías, en un país donde la estructura impositiva se ha convertido históricamente en una de las principales objeciones del sector productivo.

A principios de agosto, y tras las críticas de Luis Caputo a la industria, Rappallini sostuvo que defender al sector no implica ir en contra del orden macroeconómico que impulsa el Gobierno. El dirigente remarcó que la industria busca competir en igualdad de condiciones y reclamó una mayor valoración para quienes invierten, innovan y exportan desde la Argentina.

El contrapunto entre Caputo y Rappallini se produjo luego de que el ministro cuestionara a quienes alertan sobre la situación de la industria y defendiera su postura sobre los resultados de los subsidios otorgados durante los últimos años. “Para todos los tarados que hablan de la industria, entre 2011 y 2023 cayó 10% a pesar de los subsidios”, había expresado Caputo. Frente a esas declaraciones, el titular de la UIA evitó escalar la disputa personal y apeló a sostener los canales de diálogo entre el Gobierno y el sector productivo.

“No voy a entrar en polémicas, pero no son declaraciones felices que ayudan al diálogo que tanto se necesita para sacar a este país adelante. Nosotros creemos que defender la industria no es incompatible con defender la estabilidad macroeconómica, la baja de la inflación, el equilibrio fiscal, la normalización de la economía”, afirmó Rappallini.

Análisis y proyecciones: el mensaje de la UIA llega en una etapa en la que la industria argentina vuelve a debatirse entre la necesidad de estabilización macroeconómica y la urgencia de recuperar rentabilidad, inversión y empleo. En términos históricos, cada ciclo de ajuste o apertura en la economía local reaviva el mismo dilema: sin crédito, infraestructura y alivio fiscal, el sector manufacturero pierde capacidad para sostener producción y trabajo; pero sin orden fiscal y monetario, tampoco logra consolidar una recuperación duradera. Si el Gobierno avanza con una reducción gradual de impuestos distorsivos y una normalización de reglas, la UIA podría encontrar margen para reconstruir puentes. Si eso no ocurre, es probable que continúe la tensión entre el discurso de competitividad y la caída del entramado industrial.

Evolución del tema: en los últimos años, la postura de la UIA se fue desplazando desde una demanda centrada en la protección frente a la crisis y la pandemia hacia un reclamo más enfocado en la competitividad sistémica: costos laborales no salariales, presión tributaria, acceso al financiamiento y tipo de cambio. Del lado del Gobierno, en cambio, el tono pasó de la crítica a los subsidios y al “proteccionismo” a una agenda de fuerte ajuste fiscal y orden macroeconómico. En ese marco, la relación entre ambas partes combina respaldo al equilibrio fiscal con desacuerdos profundos sobre cómo reactivar la producción sin asfixiar al entramado fabril.