Sadiq Khan fue multado por un vehículo registrado a su nombre

El alcalde de Londres fue condenado y multado por un supuesto impago vinculado a un vehículo registrado a su nombre por terceros. La causa se da en medio de la polémica por la ampliación de la Zona de Bajas Emisiones en el Gran Londres.

En Londres, una ciudad donde la regulación del tránsito se ha vuelto una de las grandes batallas políticas de la década, el alcalde Sadiq Khan terminó en el centro de una causa por un vehículo que, según su entorno, nunca le perteneció: una ironía que resume el nivel de tensión que rodea a la movilidad urbana y a la política ambiental en la capital británica.

El alcalde de Londres, Sadiq Khan, fue condenado y multado este miércoles por el supuesto impago de impuestos y tasas de circulación vinculados a un vehículo registrado a su nombre por terceros, en el marco de un caso que él mismo calificó como una “estafa” impulsada por opositores a la ampliación de la zona de bajas emisiones en toda el área del municipio que alberga la capital británica.

Tras ser acusado de no abonar los gravámenes de un Nissan Micra de unos 24 años, el dirigente laborista fue hallado culpable de “poseer un vehículo sin licencia” en un proceso iniciado por la Agencia de Licencias de Conducir y Vehículos (DVLA) del Reino Unido, organismo responsable de mantener la base de datos nacional de conductores y vehículos.

Los documentos judiciales indican que las cartas enviadas por la DVLA a nombre del alcalde, con la factura de los impuestos impagos, fueron remitidas por error a un restaurante del chef Gordon Ramsay en el este de Londres, en lugar de llegar a la oficina del alcalde, que ahora busca reabrir el expediente para lograr la revocación de la condena.

El juez a cargo del caso, resuelto por la vía exprés, ordenó que Khan pague una multa de 220 libras (256 euros), además de 85 libras (98 euros) en costas y una deuda de 35,84 libras (41,6 euros) en impuestos por tener el vehículo en circulación.

El registro del automóvil, que a todas luces habría sido realizado por terceros, se produjo en paralelo a la insistencia de Khan por ampliar la Zona de Bajas Emisiones a todo el Gran Londres, una medida que ha desatado protestas, resistencias y amenazas. En ese contexto, algunos conductores incluso han dicho que planean registrar sus propios vehículos a nombre del alcalde para que sea él quien asuma la tasa de 12,50 libras —unos 14,50 euros— que implica circular con un coche antiguo considerado “altamente contaminante”.

Desde la oficina del alcalde rechazaron la situación y la definieron como una “estafa”, al tiempo que remarcaron que ese tipo de maniobras “constituye también un delito”. “No es la primera vez que el alcalde es víctima de una estafa en la que se afirma falsamente que es el propietario de un vehículo”, señaló un portavoz, quien insistió en que esta conducta es “ilegal” y aseguró que la DVLA ya está al tanto.

Por su parte, la agencia gubernamental informó que estudia “con urgencia” la posibilidad de reabrir el caso con el objetivo de retirar la acusación. Además, se investigará si la matrícula es falsa.

La oficina del alcalde también subrayó que Khan no posee coche privado y que, por lo general, utiliza el transporte público. Solo en actos oficiales recurre a un Range Rover blindado cedido por la Policía.

Análisis y proyecciones: El episodio vuelve a exponer la sensibilidad política que rodea las zonas de bajas emisiones en las grandes ciudades europeas. En términos de gestión urbana, estas políticas suelen dividir aguas entre quienes las consideran una herramienta indispensable para reducir contaminación y mejorar la salud pública, y quienes las perciben como una carga económica para trabajadores y automovilistas. En el caso londinense, la ampliación de la ULEZ se convirtió en un símbolo de la agenda ambiental de Khan y, al mismo tiempo, en un foco de resistencia social. Si la DVLA decide reabrir el expediente, el foco podría desplazarse desde la anécdota administrativa hacia el debate sobre la seguridad de los registros y la posibilidad de fraude sistemático en la asignación de vehículos, un problema que en el Reino Unido ya ha tenido antecedentes de errores burocráticos y suplantaciones. A nivel político, el episodio puede alimentar la narrativa de los sectores contrarios a la expansión de la medida, aunque también refuerza el argumento de la alcaldía de que existe una campaña de hostigamiento en torno a la política ambiental.

Evolución reciente del tema: En los últimos años, la postura de Khan se ha endurecido a favor de ampliar las restricciones a los vehículos más contaminantes, en línea con una tendencia global de endurecimiento regulatorio en grandes urbes. Al mismo tiempo, la oposición a esas medidas se ha vuelto más visible y organizada, especialmente entre automovilistas y sectores que sostienen que las tasas afectan de manera desproporcionada a quienes dependen del coche para trabajar. La situación general ha pasado así de un debate técnico sobre emisiones a una disputa política y simbólica sobre el costo de la transición ecológica en la vida cotidiana. En ese marco, el caso del vehículo registrado a nombre del alcalde se suma a una disputa mayor que ya no gira solo en torno a un impuesto, sino al modelo de ciudad que Londres quiere sostener en el mediano plazo.