MILEI TIENE AHORA OTRO PROBLEMA: HACER QUE LA ECONOMÍA SE MUEVA

Economía | Identidadcorrentina

Durante bastante tiempo el objetivo fue perfectamente comprensible.

Frenar.

Déficit.

Emisión.

Inflación.

Importaciones.

Gasto.

Crédito.

Había que estabilizar una economía que venía acumulando desequilibrios.

Pero cualquier automóvil tiene dos pedales.

Uno sirve para frenar.

El otro para avanzar.

Y después de haber utilizado intensamente el primero, el Gobierno argentino comienza a enfrentarse con una pregunta mucho más complicada:

¿cómo hacer que la economía vuelva a moverse sin perder aquello que consiguió estabilizar?

EL PROBLEMA

La actividad necesita consumo.

El consumo necesita ingresos.

Las empresas necesitan ventas.

La inversión necesita crédito.

El crédito necesita tasas razonables.

Y todo eso debe ocurrir sin que vuelva a dispararse el dólar, la inflación o el gasto público.

Parece sencillo cuando se escribe.

No lo es.

El Gobierno comenzó a ensayar durante las últimas semanas distintas medidas destinadas a estimular la actividad sin abandonar explícitamente su disciplina fiscal.

Crédito.

Hipotecas.

Medidas salariales sobre los ingresos más bajos.

Cambios financieros destinados a movilizar recursos.

No estamos ante un gran programa keynesiano.

Prácticamente lo contrario.

El experimento consiste en intentar que la economía privada empiece a empujar mientras el Estado procura no aumentar significativamente el gasto.

SEPTIEMBRE

Y justamente septiembre comienza mostrando por qué el problema es complicado.

El dólar mayorista volvió a ubicarse por encima de los 1.500 pesos.

El mercado observa las tasas.

Observa la inflación.

Observa las reservas.

Y comienza además a mirar algo inevitable:

2027.

Porque las elecciones presidenciales están acercándose.

Todavía falta.

Pero los mercados y la política suelen comenzar las campañas bastante antes que los candidatos.

UNA PARADOJA

Ayer ocurrió además algo curioso.

Wall Street cayó.

El petróleo subió con fuerza.

Los rendimientos de los bonos estadounidenses aumentaron.

El contexto internacional fue claramente adverso.

Y los activos argentinos hicieron exactamente lo contrario.

Algunas acciones argentinas subieron hasta alrededor del 7%.

Los bonos soberanos avanzaron.

Y el riesgo país quedó aproximadamente en 500 puntos básicos.

No significa que Argentina haya resuelto sus problemas.

Agosto acaba de demostrar precisamente lo contrario.

Las acciones habían sufrido.

El riesgo país había aumentado.

Y la economía continúa mostrando sectores con dificultades.

Pero la reacción resulta interesante.

Los inversores parecen estar diciendo:

todavía estamos dispuestos a mirar.

EL EQUILIBRISTA

Milei enfrenta ahora probablemente una etapa diferente de su experimento económico.

Reducir un déficit puede ser doloroso.

Pero conceptualmente es sencillo.

Se gasta menos.

Se recauda.

Se corta emisión.

Se soportan las consecuencias.

Reactivar una economía manteniendo simultáneamente equilibrio fiscal, estabilidad cambiaria y desinflación es bastante más delicado.

Porque cada movimiento afecta al siguiente.

Si baja demasiado la tasa, puede presionar al dólar.

Si mantiene tasas demasiado altas, puede perjudicar crédito y actividad.

Si aumenta salarios artificialmente, puede afectar costos y precios.

Si no mejoran los ingresos, el consumo puede permanecer debilitado.

Y si utiliza gasto público para acelerar la economía, compromete una de las principales banderas del programa.

LA PRUEBA

Por eso quizás septiembre resulte interesante.

No solamente porque comienza otro mes.

Puede comenzar otra etapa.

El Gobierno ya demostró que está dispuesto a aplicar el freno.

Ahora deberá demostrar que sabe utilizar el acelerador.

Sin que el automóvil vuelva a derrapar.

Y allí posiblemente encontremos una de las preguntas económicas y políticas centrales camino a 2027:

¿puede crecer la economía argentina sin abandonar el equilibrio que Milei considera la piedra fundamental de su programa?

Ya no alcanza con responderlo desde una teoría económica.

A partir de ahora comenzarán a responderlo los salarios.

El crédito.

Las empresas.

Los consumidores.

El dólar.

Y finalmente, como siempre ocurre en democracia,

las urnas.