Trump cae en las encuestas y crece el temor republicano

La última medición de Reuters/Ipsos muestra al presidente estadounidense en su nivel más bajo de aprobación desde que asumió. El descontento económico y la guerra en Irán alimentan un escenario adverso para los republicanos de cara a las legislativas.

En la política estadounidense, pocas señales pesan tanto como el humor económico: en 1932, en plena Gran Depresión, Franklin D. Roosevelt construyó su ascenso sobre el desgaste de la gestión republicana. Más de ocho décadas después, esa vieja regla vuelve a asomar en la mala racha de Donald Trump, cuya imagen atraviesa su peor momento desde que llegó al poder.

La última encuesta de Reuters/Ipsos ubica la desaprobación del presidente de Estados Unidos en el 67 por ciento, con apenas un 33 por ciento de respaldo. El dato encendió alarmas dentro del Partido Republicano a menos de las elecciones de medio término del 3 de noviembre, en las que Trump podría perder la mayoría tanto en la Cámara de Representantes como en el Senado.

El sondeo refleja un escenario de amplia insatisfacción con la situación económica y con la guerra en Irán, dos variables que hoy erosionan con fuerza la imagen del mandatario. En ese contexto, la consulta electoral también marca una ventaja para los demócratas entre los votantes independientes: el 36% dijo que elegiría a ese partido si los comicios legislativos fueran hoy, frente al 22% que se inclina por los republicanos.

Otro dato relevante es la diferencia en el nivel de entusiasmo para votar. El 46% de los electores que se identifican como demócratas aseguró estar “muy entusiasmado” con participar en noviembre, contra el 31% de los republicanos. En campañas de medio término, esa brecha suele ser decisiva, porque la participación de los votantes más motivados tiende a definir el resultado en distritos cerrados.

La encuesta también muestra un fuerte malestar con el costo de vida: el 71% desaprueba la gestión de Trump en ese frente, una cifra que incluye a cuatro de cada diez republicanos. A eso se suma que la mayoría de los consultados considera ahora que los demócratas tienen mejores ideas para enfrentar la crisis económica, algo que ocurre por primera vez en casi una década.

El rechazo al presidente llega además al 60 por ciento en términos generales, mientras que los Obama aparecen como los líderes con mejor imagen. En paralelo, apenas uno de cada cuatro estadounidenses aprueba la gestión de Trump en materia de inflación, uno de los flancos más sensibles de su administración.

La guerra en Irán aparece como otro factor de desgaste, especialmente por su vínculo con la suba del combustible y su impacto directo en la inflación. En la encuesta, sólo el 36% de los estadounidenses aprueba esa guerra, un dato que alimenta la percepción de que el costo político del conflicto recae sobre la Casa Blanca.

Análisis y proyecciones: si esta tendencia se sostiene, los republicanos podrían enfrentar un escenario clásico de castigo electoral de medio término, en el que la combinación de inflación, fatiga política y baja aprobación presidencial favorece a la oposición. Para Trump, una derrota en noviembre no sólo implicaría perder margen legislativo, sino también complicar de manera seria la gobernabilidad en la segunda mitad de su mandato, con un Congreso más hostil para impulsar iniciativas, bloquear nombramientos o condicionar el presupuesto.

Evolución del escenario político: en los últimos años, la imagen de Trump se ha movido al ritmo de la economía y de la polarización partidaria. Aunque conservó una base dura de apoyo entre los republicanos, su relación con votantes independientes se volvió más frágil, especialmente cuando la agenda pública estuvo dominada por precios, empleo y seguridad internacional. En ese marco, la ventaja demócrata en entusiasmo electoral y en percepción sobre la economía sugiere un cambio relevante respecto de ciclos anteriores, cuando los republicanos lograban capitalizar mejor el voto de medio término.

Una derrota republicana en las elecciones del 3 de noviembre sería un golpe muy fuerte para la gestión de Trump, porque una mayoría de la oposición en el Congreso podría bloquear su agenda y debilitar su capacidad de negociación política.