GAZA: MORIR DE SED Y OTROS PELIGROS

La falta de agua potable es solamente la parte más visible de un problema sanitario mucho mayor. Informes de UNICEF, la Organización Mundial de la Salud, Médicos Sin Fronteras y Naciones Unidas describen redes dañadas, plantas y pozos con funcionamiento limitado, aguas residuales, acumulación de residuos y familias obligadas a reducir al mínimo el consumo. En esas condiciones aumentan la deshidratación, las gastroenteritis, las enfermedades de la piel y el riesgo de propagación de infecciones vinculadas con el agua, el saneamiento y el hacinamiento.

Gaza está junto al mar.

Agua no falta.

Lo que falta es algo completamente diferente:

agua segura para beber.

Convertir agua salada o salobre en agua potable requiere instalaciones.

Bombas.

Electricidad.

Combustible.

Membranas.

Productos químicos.

Tuberías.

Repuestos.

Personal especializado.

Y después hace falta una red capaz de llevar esa agua hasta las personas.

En Gaza, buena parte de ese sistema se encuentra dañada, destruida o funcionando bajo condiciones extraordinariamente precarias.

Por eso la crisis del agua no puede explicarse mirando solamente las plantas desalinizadoras.

Es un sistema completo que perdió buena parte de su capacidad.

SEIS LITROS

UNICEF publicó a mediados de julio una evaluación que permite medir la dimensión del problema.

Estimó que el 82 por ciento de las familias de Gaza padecía inseguridad hídrica.

Y que hasta el 70 por ciento de la población no conseguía acceder siquiera a seis litros de agua por persona y por día para beber y cocinar.

Seis litros.

Para tomar.

Preparar alimentos.

Y atravesar temperaturas elevadas durante el verano.

UNICEF también estimó que cerca del 90 por ciento de la infraestructura de agua y saneamiento había sido dañada o destruida.

No significa que el 90 por ciento haya desaparecido físicamente.

Significa que una proporción extraordinariamente grande del sistema sufrió algún nivel de afectación que limita su funcionamiento.

Eso incluye pozos.

Tuberías.

Estaciones de bombeo.

Instalaciones sanitarias.

Redes cloacales.

Y plantas de tratamiento.

TRES DE CADA CUATRO

Otra cifra ayuda a entender cómo sobrevive hoy buena parte de la población.

La Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios informó que, hacia finales de julio, aproximadamente el 75 por ciento de los habitantes de Gaza dependía principalmente de camiones cisterna para conseguir agua potable.

Decenas de miles de metros cúbicos deben transportarse todos los días.

Los camiones recorren rutas determinadas.

Cargan agua en puntos disponibles.

La distribuyen en miles de lugares.

Cuando una ruta queda bloqueada, una instalación deja de funcionar o la seguridad impide el movimiento, esa cadena puede interrumpirse.

Y detrás de cada interrupción hay personas esperando agua.

LAS DESALINIZADORAS

Gaza dispone de instalaciones que convierten agua marina o agua salobre en agua apta para consumo.

Pero una planta desalinizadora no funciona solamente porque el edificio continúe en pie.

En marzo, por ejemplo, una importante instalación del sur quedó parcialmente fuera de servicio después de sufrir daños su principal alimentación eléctrica.

UNICEF informó entonces que la producción cayó al menos un 80 por ciento, hasta que pudieron realizarse reparaciones.

En mayo la organización volvió a advertir que la producción total de agua desalinizada había descendido por falta de productos químicos y repuestos.

Y el 24 de agosto una instalación apoyada por UNICEF en Deir al-Balah, que incluía un pozo y una unidad de desalinización, quedó severamente dañada por un ataque cercano.

Más de 4.000 personas dependían de ella.

UNICEF debió reemplazar temporalmente ese suministro mediante camiones.

Estos episodios muestran por qué conviene evitar una simplificación.

No todas las instalaciones están destruidas.

No todos los daños tienen la misma causa.

Pero el conjunto del sistema opera bajo una combinación de destrucción física, daños derivados de acciones militares, restricciones de acceso, insuficiencia de energía, escasez de combustible y dificultades para conseguir insumos y repuestos.

El resultado para la población termina siendo el mismo:

menos agua disponible.

DESPUÉS VIENE EL SANEAMIENTO

El agua potable constituye solamente una mitad del problema.

La otra es aquello que hacemos con el agua después de utilizarla.

Las aguas residuales necesitan tuberías.

Bombas.

Plantas de tratamiento.

Electricidad.

Mantenimiento.

Cuando esos sistemas fallan, las aguas servidas comienzan a acumularse.

Naciones Unidas informó recientemente que algunas instalaciones de Gaza continúan recibiendo aguas residuales acumuladas desde el comienzo de la guerra y requieren trabajos de limpieza y recuperación.

También existen problemas con la recolección y disposición de residuos sólidos.

Durante meses se formaron depósitos temporales cerca de zonas densamente pobladas.

UNICEF advirtió sobre proliferación de roedores y otras plagas.

Entonces cambia completamente la naturaleza de la crisis.

Ya no hablamos solamente de tener sed.

Hablamos de vivir rodeado de posibles fuentes de contaminación sin disponer del agua necesaria para mantener condiciones básicas de higiene.

LO QUE VEN LOS MÉDICOS

Médicos Sin Fronteras aportó una perspectiva diferente.

No mide solamente tuberías o litros.

Mira pacientes.

Durante 2026, sus equipos atendieron miles de casos infantiles de infecciones respiratorias, gastroenteritis y enfermedades de la piel.

Son patologías que pueden aumentar cuando coinciden varios factores:

hacinamiento.

Mala alimentación.

Escasez de agua.

Dificultades para lavarse.

Falta de baños adecuados.

Contaminación.

Y servicios médicos debilitados.

Una diarrea que en condiciones normales puede resultar manejable se vuelve mucho más peligrosa cuando el niño ya está desnutrido, no dispone de agua segura y tampoco tiene acceso sencillo a medicamentos o atención médica.

AGUA Y ENFERMEDAD

La Organización Mundial de la Salud explica desde hace décadas que el agua contaminada y un saneamiento inadecuado favorecen enfermedades como diarreas infecciosas, disentería, hepatitis A, fiebre tifoidea y cólera.

Eso no significa que todas esas enfermedades estén necesariamente circulando de manera epidémica en Gaza en este momento.

La distinción es fundamental.

Riesgo epidemiológico no significa epidemia confirmada.

Pero la OMS y UNICEF advierten que Gaza reúne precisamente muchos de los factores que facilitan la propagación de enfermedades:

agua insuficiente o insegura.

sistemas cloacales deteriorados.

hacinamiento.

desplazamientos masivos.

limitaciones para lavarse las manos.

acumulación de residuos.

y un sistema sanitario debilitado.

Es la combinación la que preocupa.

EL CÍRCULO MÁS PELIGROSO

Existe además una relación especialmente grave entre desnutrición e infección.

Una persona mal alimentada tiene menos capacidad para enfrentar una enfermedad.

Una infección gastrointestinal puede provocar diarrea.

La diarrea produce pérdida de líquidos y nutrientes.

Eso agrava la deshidratación y la desnutrición.

Y una persona todavía más debilitada queda expuesta a nuevas infecciones.

El círculo puede repetirse.

En los niños pequeños resulta particularmente peligroso.

Por eso las organizaciones humanitarias no separan fácilmente alimentación, agua y salud.

Los tres problemas pueden potenciarse entre sí.

HIGIENE

Hay algo todavía más elemental.

Una persona puede intentar reservar toda el agua disponible exclusivamente para beber.

Pero entonces comienza a faltar para otras necesidades.

Lavarse las manos.

Lavar alimentos.

Limpiar utensilios.

Lavar ropa.

Higienizar heridas.

Limpiar un baño.

Mantener limpio un lugar donde duerme un niño.

En condiciones de hacinamiento, estas actividades dejan de ser cuestiones de comodidad.

Se convierten en barreras contra las enfermedades.

Cuando falta agua, esas barreras empiezan a desaparecer.

LOS HOSPITALES TAMBIÉN NECESITAN AGUA

Un hospital sin suministro seguro enfrenta otro tipo de peligro.

Necesita agua para pacientes.

Para el personal.

Para limpiar salas.

Para esterilización.

Para cirugía.

Para maternidad.

Para laboratorios.

Para controlar infecciones.

La Organización Mundial de la Salud continúa describiendo el sistema sanitario de Gaza como severamente degradado.

Algunos establecimientos funcionan parcialmente.

Otros dejaron de hacerlo.

Muchos dependen de generadores y enfrentan limitaciones de medicamentos, equipamiento y recursos.

Una crisis hídrica dentro de semejante sistema aumenta todavía más sus dificultades.

SOBREVIVIR DEPENDIENDO DE CAMIONES

A pesar de este cuadro existe una operación humanitaria considerable.

UNICEF informó que durante el primer semestre de 2026 proporcionó agua segura aproximadamente a un millón de personas, incluyendo unos 470.000 niños.

Parte provino de camiones cisterna.

Parte de plantas desalinizadoras.

Parte de pozos recuperados.

También suministró millones de litros de combustible para mantener bombas de agua, instalaciones de saneamiento y operaciones de distribución.

Otras organizaciones realizan tareas similares.

Sin ese esfuerzo la situación sería todavía peor.

Pero existe una diferencia fundamental entre una red pública y una operación de emergencia.

Una ciudad puede vivir permanentemente de tuberías.

Difícilmente pueda vivir indefinidamente de camiones.

EL AGUA COMO SISTEMA

Quizás esa sea la mejor manera de comprender lo que ocurre.

No existe solamente una crisis de agua.

Existe una crisis de infraestructura.

Una crisis sanitaria.

Una crisis alimentaria.

Una crisis de vivienda.

Y una enorme concentración de población desplazada dentro de un territorio muy pequeño.

Cada problema alimenta al siguiente.

La falta de agua dificulta la higiene.

La mala higiene facilita infecciones.

Las infecciones debilitan organismos ya afectados por falta de alimentos.

Las aguas residuales y los residuos aumentan la contaminación ambiental.

Y un sistema sanitario deteriorado tiene menos capacidad para atender las consecuencias.

SIN NECESIDAD DE EXAGERAR

Las guerras producen además una batalla de relatos.

Cada parte acusa.

Cada parte responde.

Cada cifra puede convertirse en argumento político.

Por eso resulta especialmente importante distinguir aquello que puede comprobarse.

UNICEF verifica que gran parte de las familias no dispone de cantidades adecuadas de agua.

Naciones Unidas verifica que millones de litros deben distribuirse diariamente mediante camiones.

Médicos Sin Fronteras verifica en sus centros de atención miles de casos de enfermedades compatibles con condiciones sanitarias deterioradas.

La Organización Mundial de la Salud verifica que agua insegura, saneamiento deficiente y hacinamiento aumentan el riesgo de enfermedades transmisibles.

Y todas coinciden en que el sistema sanitario y de agua de Gaza se encuentra sometido a una presión extraordinaria.

No hace falta agregar nada.

UNA NECESIDAD ELEMENTAL

Podemos sobrevivir varias semanas sin determinados bienes.

Podemos postergar compras.

Reducir consumos.

Improvisar refugios.

Pero el cuerpo humano tiene límites mucho más estrictos cuando falta agua.

Y allí termina cualquier discusión geopolítica.

Israel.

Hamas.

Estados Unidos.

Irán.

Negociaciones.

Fronteras.

Responsabilidades.

Todo eso pertenece a una guerra compleja que deberá ser discutida y analizada.

Pero hay otra realidad bastante más elemental.

En Gaza viven alrededor de dos millones de personas.

Necesitan agua todos los días.

Para beber.

Para cocinar.

Para lavarse.

Para atender enfermos.

Para evitar que las aguas residuales se conviertan en una amenaza.

No es una posición política.

Es una necesidad biológica.