EL LUGAR DONDE UN BARCO PUEDE MOVER LA ECONOMÍA DEL PLANETA
Tiene apenas unas decenas de kilómetros en su sector navegable más angosto, pero por allí circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo mundial antes de la guerra. Estados Unidos e Irán volvieron a intercambiar ataques y el estrecho de Ormuz reaparece en el centro del tablero. Lo que suceda allí puede recorrer miles de kilómetros sin necesidad de que ningún misil salga del Golfo Pérsico.
Hay lugares cuya importancia no puede medirse por su superficie.
El estrecho de Ormuz es uno de ellos.
A un lado está Irán.
Al otro, la península arábiga.
Más allá aparece el océano Índico.
Y atravesándolo se encuentra una de las rutas energéticas fundamentales del planeta.
Petróleo.
Gas.
Petroleros.
Buques mercantes.
Una parte importante de la energía que alimenta economías situadas a miles de kilómetros pasa por allí.
Por eso cuando Ormuz se inquieta, los mercados escuchan.
Y esta vez volvieron a escuchar.
REGRESARON LOS DISPAROS
Después de varias semanas en las cuales el enfrentamiento entre Washington y Teherán había desplazado buena parte de su intensidad hacia sanciones, bloqueos y presión económica, Estados Unidos volvió a atacar posiciones iraníes.
Las fuerzas estadounidenses dijeron haber alcanzado lanzadores en la isla de Larak que, según Washington, estaban vinculados con operaciones destinadas a colocar minas en el estrecho.
Irán respondió.
Hubo lanzamientos contra instalaciones utilizadas por fuerzas estadounidenses en Jordania.
Donald Trump prometió una nueva respuesta.
Y una situación que parecía desplazarse lentamente hacia la negociación volvió a demostrar que conserva capacidad para escalar.
PERO MIREMOS LOS BARCOS
Los misiles producen imágenes espectaculares.
Los barcos producen consecuencias económicas.
Antes del conflicto, aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de petróleo atravesaba Ormuz.
Hoy el tránsito está considerablemente reducido.
Los datos disponibles indican que continúan circulando hidrocarburos, pero en cantidades inferiores a las normales.
Eso significa que el mercado energético funciona con una arteria parcialmente restringida.
Y cualquier nuevo incidente puede modificar rápidamente las expectativas.
Esta semana incluso se informó que un petrolero fue alcanzado por proyectiles cuando abandonaba el estrecho.
No hubo víctimas ni consecuencias ambientales informadas.
Pero el mensaje para armadores, aseguradoras y operadores es evidente:
la ruta continúa siendo peligrosa.
EL PRECIO DEL RIESGO
Cuando un barco atraviesa una zona de guerra no aumenta solamente el riesgo militar.
Aumentan los seguros.
Aumentan determinadas tarifas.
Cambian rutas.
Se demoran entregas.
Los compradores buscan alternativas.
Los vendedores incorporan incertidumbre al precio.
Por eso el petróleo reaccionó inmediatamente.
El Brent volvió a superar los 90 dólares.
No porque mañana necesariamente vaya a faltar petróleo.
Sino porque el mercado comenzó nuevamente a calcular cuánto vale el riesgo de que pueda faltar.
Los mercados funcionan muchas veces de esa manera.
Primero compran el miedo.
Después verifican si ocurrió aquello que temían.
DEL GOLFO A LA ESTACIÓN DE SERVICIO
Acá aparece una característica formidable de la economía contemporánea.
Un conflicto localizado puede transmitir sus consecuencias al resto del planeta mediante los precios.
No hace falta que Argentina compre petróleo directamente a Irán.
Ni que un barco que abastece Brasil atraviese necesariamente Ormuz.
El petróleo tiene referencias internacionales.
Si esas referencias aumentan durante un período suficientemente prolongado, comienzan las repercusiones.
Combustibles.
Fletes.
Fertilizantes.
Petroquímica.
Transporte.
Producción.
Inflación.
Y entonces algo ocurrido entre Irán, Omán y los Emiratos puede terminar entrando indirectamente en las cuentas de una empresa de Rosario, San Pablo, Hamburgo o Tokio.
TAMBIÉN ENTRA EN LOS BANCOS CENTRALES
Aquí la geopolítica se encuentra con las finanzas.
Los principales bancos centrales están intentando determinar si la inflación se encuentra verdaderamente controlada.
Una nueva presión energética complica esa tarea.
Si el petróleo permanece caro, bajar las tasas de interés se vuelve más difícil.
Si las tasas permanecen altas, financiar deudas resulta más costoso.
Entonces aparece una cadena extraordinaria.
Ormuz.
Petróleo.
Inflación.
Tasas.
Deuda.
Cinco palabras aparentemente separadas.
En realidad forman parte del mismo mecanismo.
TODOS SABEN LO QUE ESTÁ EN JUEGO
Estados Unidos lo sabe.
Irán también.
China lo sabe.
Los países del Golfo lo saben perfectamente.
Por eso alrededor del enfrentamiento militar también existe una intensa actividad diplomática.
Qatar y Omán han intentado acercar posiciones.
Teherán dice que puede responder si Washington vuelve a los compromisos asumidos.
Washington mantiene la presión.
Nadie parece querer entregar sus cartas.
Pero tampoco resulta evidente que alguno de los principales protagonistas tenga interés económico en una interrupción prolongada de Ormuz.
Porque existen victorias militares que pueden resultar extraordinariamente costosas cuando llega la factura económica.
LA GEOGRAFÍA NO NEGOCIA
Los gobiernos pueden cambiar.
Las alianzas pueden modificarse.
Los acuerdos pueden firmarse y romperse.
Los precios pueden subir y bajar.
Hay algo que permanece exactamente en el mismo lugar.
El estrecho.
El petróleo del Golfo necesita encontrar una salida.
Los barcos necesitan atravesarla.
Y el mundo necesita buena parte de esa energía.
Por eso Ormuz posee una característica que ningún discurso político puede modificar:
es angosto.
Muy angosto.
Y detrás de ese pequeño paso espera una economía mundial extraordinariamente grande.






















