TRES PREGUNTAS FRENTE AL MONITOR
Por Jagua Arandú | Identidadcorrentina
El Jagua está frente a su monitor transparente.
Embelezado.
Toca y estudia.
Toca y aprende.
Pregunta.
Vuelve a preguntar.
Y después de varias horas ocurre algo curioso:
tiene más dudas que antes.
Quizás eso sea bueno.
Porque estamos viviendo una transformación tecnológica extraordinaria y nadie puede decir con certeza cómo terminará.
Pero podemos hacernos algunas preguntas.
Y la información necesaria para comenzar a comprenderlas está allí, accesible y muchas veces gratuitamente disponible para cualquier ciudadano.
No estamos hablando del año 2100.
Estamos hablando de nuestro futuro cercano.
1. ¿CUÁNTOS SOMOS O CUÁNTOS PODEMOS COMPRAR?
El mundo supera los 8.000 millones de habitantes.
Pero contar habitantes no alcanza.
Una parte relativamente pequeña de la población concentra todavía una enorme capacidad de consumo, mientras miles de millones tienen ingresos considerablemente menores.
Ahí aparece la primera pregunta:
¿qué ocurriría si la tecnología permitiera que productos hoy caros fueran accesibles para miles de millones de personas?
Ya ocurrió.
Automóviles.
Televisores.
Teléfonos.
Anteojos.
Paneles solares.
Medicamentos.
Computadoras.
Lo extraordinario de la tecnología no consiste solamente en fabricar algo nuevo.
También consiste en conseguir que lo extraordinariamente caro termine siendo extraordinariamente barato.
China demostró hasta dónde pueden llegar la escala industrial, la automatización y la competencia.
Ahora aparece la Inteligencia Artificial.
¿Podrá hacer con el conocimiento y los servicios algo parecido?
No lo sabemos.
Primera pregunta para guardar.
2. ¿QUIÉN PRODUCE LA RIQUEZA Y QUIÉN ES PROPIETARIO DE ELLA?
La economía mundial produce anualmente bienes y servicios por más de cien billones de dólares.
Al mismo tiempo, las bolsas mundiales representan valoraciones también gigantescas.
No son magnitudes que puedan sumarse.
Una cosa es produccción.
Otra es valoración de activos.
Pero compararlas permite hacerse una pregunta interesante.
Una acción representa, en buena medida, una expectativa sobre las ganancias futuras de una empresa.
Millones de personas poseen esas acciones directamente o mediante fondos de inversión, seguros y sistemas jubilatorios.
¿Y qué ocurre cuando aparece una tecnología inesperada?
Una empresa formidable puede dejar de serlo.
Una renta considerada segura puede desaparecer.
Un producto de 300 dólares puede encontrarse mañana compitiendo con otro de 30.
Un automóvil puede encontrarse frente a otro que cuesta muchísimo menos.
Y una tecnología de Inteligencia Artificial que hoy necesita inversiones gigantescas podría descubrir mañana una manera muchísimo más barata de hacer exactamente lo mismo.
Entonces aparece otra pregunta:
¿cuánta de la riqueza que creemos poseer corresponde a cosas que existen y cuánta depende de lo que esperamos que produzcan mañana?
Segunda pregunta para guardar.
3. ¿Y SI LA IA EMPIEZA A MOVER LOS VASOS?
Imaginemos la economía mundial como enormes reservorios conectados.
Trabajo.
Capital.
Producción.
Ahorro.
Crédito.
Consumo.
Tecnología.
Durante generaciones aprendimos aproximadamente cómo circulaba el líquido entre ellos.
Trabajábamos.
Cobrábamos.
Consumíamos.
Las empresas vendían.
Obtenían beneficios.
Invertían.
Contrataban trabajadores.
Y comenzaba nuevamente el recorrido.
Ahora colocamos una bomba nueva entre esos vasos:
Inteligencia Artificial.
Puede aumentar extraordinariamente la productividad.
Puede reducir costos.
Puede abaratar productos.
Puede crear empresas nuevas.
Pero también puede eliminar trabajos, destruir empresas antiguas, trasladar rentas de un sector hacia otro y modificar el valor de enormes inversiones.
Incluso puede ocurrir algo aparentemente contradictorio:
que una persona pierda parte del valor de sus inversiones y, al mismo tiempo, pueda vivir mejor porque aquello que necesita comprar cuesta muchísimo menos.
Entonces llegamos a la tercera pregunta.
Quizás la más importante:
si cada vez podemos producir más utilizando menos trabajo humano, ¿cómo llegará a las personas el ingreso necesario para comprar todo aquello que somos capaces de producir?
No tengo la respuesta.
Y desconfío un poco de quien asegure tenerla.
El Jagua sigue frente al monitor.
Toca y estudia.
Toca y aprende.
La pantalla devuelve datos, explicaciones, posibilidades.
Pero cada respuesta abre otra pregunta.
Quizás ésa sea precisamente la utilidad de esta extraordinaria herramienta.
No pedirle que piense por nosotros.
Utilizarla para ayudarnos a pensar.
Porque detrás de los billones de dólares, las bolsas, China, Estados Unidos, las grandes empresas y la Inteligencia Artificial hay finalmente una cuestión mucho más sencilla.
¿Cómo vamos a producir?
¿De qué vamos a vivir?
¿Y quién podrá comprar lo que el mundo sea capaz de producir?
No es una conversación solamente para economistas, empresarios o gobiernos.
Es una conversación sobre nosotros.
Y sobre nuestros hijos y nuestros nietos.
La información está disponible.
La herramienta también.
Toca y estudia.
Toca y aprende.
Y, sobre todo:
preguntá.






















