Milei, la deuda y la pelea por los jóvenes: el nuevo foco del Gobierno
Javier Milei endureció su discurso contra el endeudamiento y el periodismo mientras el Gobierno busca recomponer apoyo entre los jóvenes. En paralelo, se aceleran movimientos internos, cambios de estrategia económica y tensiones en el oficialismo.“La Argentina quedó atrapada durante décadas en una cultura de la deuda y la inflación”, suele resumir la experiencia económica local desde el retorno democrático. En ese marco, Javier Milei elevó el tono interno y externo al cuestionar la morosidad, defender el rumbo fiscal y volver a insistir en que su Gobierno no cederá ante lo que define como “populismo”.
El episodio arrancó en uno de los días de reclusión en Olivos, cuando una coma mal colocada en la reforma del Banco Central desató la furia del Presidente. Según el relato, Milei gritó con bronca por un detalle del proyecto, aún en etapa de borrador, ante el desconcierto de quienes estaban en el despacho.
Algo similar ocurrió en la reunión de gabinete, la primera tras 45 días. Alertado por Karina Milei, el Presidente debió salir del encierro. La llamada “Hermana de Hierro” lidia con encuestas en baja como si fueran papas calientes y procura sostener la disciplina política en un escenario más áspero de lo previsto.
En ese contexto, los operadores de La Libertad Avanza encontraron alivio en el último Índice de Confianza en el Gobierno de la Universidad Di Tella. Milei marcó 2,06 puntos en una escala de 0 a 5. El informe, de ocho páginas, circuló rápidamente por grupos de WhatsApp seleccionados con la intención de instalarlo como señal positiva en la agenda oficial.
Ante los ministros, el Presidente bajó una línea nítida: negó ser el responsable de los sobreendeudados y apuntó contra los “ensobrados”, una acusación ya convertida en rasgo recurrente de su comunicación. Patricia Bullrich, que suele actuar como un freno o “superyó” dentro del universo libertario, acompañó el planteo y sostuvo que existen mecanismos como los créditos del Banco Nación, aunque “sin populismo”.
Luego, en público, el Gobierno ensayó un giro discursivo para defender el acceso al crédito como herramienta de reactivación. En esa lógica, la administración busca construir una suerte de etiquetado frontal sobre el “robo” de las tasas, con una advertencia implícita a quienes necesitan financiarse para sostener consumos y pagos básicos.
La dureza oficial con la morosidad parece convivir con una lectura electoral más compleja. No sería extraño que en la Casa Rosada asuman que buena parte de los endeudados integró el electorado que acompañó a Sergio Massa en 2023, y que el rechazo al endeudamiento funcione también como una forma de diferenciación política.
Sin embargo, una encuesta del Centro de Investigación de Acción Social (CIAS) introdujo una alarma adicional: 4 de cada 10 jóvenes de entre 16 y 24 años del conurbano que votaron a Milei en 2023 no volverían a hacerlo en 2027. El Gobierno se apoya en la aversión al pasado, pero la morosidad comenzó a unir a sectores de la oposición, que el 9 de septiembre buscarán debatir en Diputados proyectos de asistencia.
También reaparece la llamada estrategia del tero: gritos hacia el periodismo y, al mismo tiempo, un giro más pragmático de Luis “Toto” Caputo para “reactivar” la economía. El ministro llegó a sostener que los créditos hipotecarios forman parte de la justicia social, una formulación que convive con el credo antipopulista del oficialismo.
En esa línea, el Gobierno impulsa créditos en dólares para pymes e hipotecarios para sectores de clase media alta, en un país donde, según el propio dato citado en la nota, el 78% de los salarios está por debajo de los 2,5 millones de pesos. Además, se instaló la idea de que el salario mínimo no debería quedar por debajo de $ 1.070.000, con un tope de 2% en las paritarias y margen para bonos no remunerativos que aseguren ese piso.
La apuesta incluye, además, la reconquista de los jóvenes. Milei volvió a desplegar su estilo performático y prometió “otro recital” para reafirmar su identidad política. El jueves, dio una charla en la ORT para alumnos de 4.º y 5.º año, en una intervención que combinó arenga y adoctrinamiento, con el nexo del presidente de la DAIA, Mauro Berestein. Ante estudiantes de 16 y 17 años, que podrían votar por primera vez el año próximo, el mandatario comparó al marxismo con Satanás.
La escena ocurre en medio de una narrativa oficial que atribuye la crisis de consumo a factores casi caricaturescos, como la idea de que detrás de los morosos habría un ejército de compradores de televisores que dejaron de pagar cuotas porque la Selección perdió una final. Milei y Bertie Benegas Lynch, a la cabeza de una campaña contra los TV, empujan una lectura fuertemente ideológica del problema, en clave cultural además de económica.
El mileísmo, de todos modos, aparece obligado a reinventarse si quiere ampliar su electorado. Esa discusión remite a experiencias previas de otros espacios, como el peronismo, que expandió su base con el voto femenino en 1951 y con la ampliación del voto joven en 2013. En la práctica, el oficialismo necesita sostener identidad sin quedar encerrado en un núcleo cada vez más reactivo.
La propia encuesta de la Universidad Di Tella, celebrada por el Gobierno, muestra que los jóvenes son el grupo etario más reactivo y, por lo tanto, también el más volátil. Esa combinación explica por qué el oficialismo intenta retenerlos con gestos simbólicos, mensajes directos y confrontación cultural, pero también con algunas señales de pragmatismo económico.
La evolución reciente de la gestión revela, además, tensiones internas cada vez más visibles. La crisis entre Karina Milei y Santiago Caputo derivó en una disputa por áreas de poder y comunicación que debilitó a las llamadas Fuerzas del Cielo. A ello se sumaron desprolijidades públicas de portavoces y movimientos en la estructura de influencia del oficialismo.
En esa pulseada, la Aduana quedó en el centro. El titular del organismo, José Andrés Velis, pidió una licencia de 15 días y ya circulan versiones sobre su reemplazo. La dependencia fue una parcela clave del poder de Santiago Caputo, al igual que la SIDE, mientras que en Justicia esa influencia habría quedado ahora en manos de Juan Bautista Mahiques.
La licencia de Velis también quedó asociada a un posible impacto judicial por el caso de la pasajera Laura Belén Arrieta, que pasó por su casa en Aeroparque. TN había revelado videos en los que se ve el “siga, siga” de la segunda de la Aduana, Silvana Abalsamo de Silva, permitiendo que la pasajera sorteara los escáneres por una fila especial.
Sobre las 10 valijas sin control llegadas desde Miami en un avión privado de Royal Class, del empresario Leonardo Scatturice, nunca se sabrá con certeza qué transportaban. La causa, según el texto original, va camino al archivo: el juez que fue ascendido por el Senado está próximo a cerrarla, con una advertencia a la Aduana para reformular un protocolo que, por sus múltiples grises, termina oscureciendo más de lo que aclara.
Análisis y proyecciones: el Gobierno parece entrar en una fase de doble cálculo. Por un lado, necesita preservar su núcleo duro mediante confrontación ideológica y una narrativa de orden fiscal; por otro, debe recuperar segmentos más frágiles, en especial jóvenes y sectores endeudados, que suelen reaccionar con fuerza a la pérdida de poder adquisitivo, al crédito caro y a los conflictos simbólicos. En términos políticos, esa tensión suele resolverse con una mezcla de ajuste discursivo y pequeños gestos de elasticidad económica. Si la recuperación no llega al bolsillo, la estrategia cultural puede sostener adhesión por un tiempo, pero difícilmente alcance para blindar al oficialismo en una elección de mediano plazo.
Evolución reciente del tema: en los últimos años, la postura de Milei pasó de una oposición frontal al crédito, al Estado y a los bancos públicos a una convivencia más pragmática con instrumentos financieros que puedan servir a la reactivación. Esa transformación también alcanzó a su entorno: Karina Milei reforzó su rol de ordenamiento interno, mientras que Luis Caputo se movió desde el énfasis en la ortodoxia hacia mensajes más orientados a dinamizar la economía. En paralelo, el vínculo con los jóvenes cambió de una seducción basada en ruptura y épica libertaria a una etapa más defensiva, en la que el Gobierno busca evitar la fuga de apoyo en el mismo segmento que le dio volumen electoral inicial.
En ese marco, la combinación de endeudamiento, consumo, disputa interna y desgaste comunicacional configura un escenario incierto para el oficialismo. La pelea por los jóvenes y por el humor social ya no parece un capítulo accesorio, sino uno de los ejes centrales de la gobernabilidad libertaria.
























