Alerta en Colombia por el humo de los incendios forestales
La ola de incendios forestales en Colombia encendió una alerta sanitaria por los efectos del humo, con Tolima como el departamento más afectado. Especialistas advierten que el mayor riesgo recae en niños, adultos mayores, embarazadas y personas con patologías previas.Hace más de medio siglo, la medicina ambiental empezó a advertir que el aire contaminado no solo irrita: también descompensa enfermedades ya existentes. Ese principio vuelve a cobrar fuerza en Colombia, donde los incendios forestales elevaron la preocupación sanitaria por el humo y sus efectos sobre la población, especialmente en Tolima.
El avance de los incendios forestales en Colombia generó una alerta sanitaria por los efectos del humo en la población, con especial impacto en el departamento del Tolima, donde las autoridades reportan la mayor cantidad de municipios afectados por focos activos.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (Ungrd) informó que hay diez incendios activos en tres departamentos del país: nueve en Tolima y uno en Valle del Cauca.
El Ministerio de Salud advirtió que la exposición al humo deteriora la calidad del aire y eleva los riesgos para la salud pública, sobre todo en niños y niñas, personas mayores, mujeres embarazadas y quienes padecen enfermedades respiratorias, cardiovasculares o crónicas.
Efectos del humo en la salud
La directora nacional de Gestión Integral del Riesgo en Salud de Bienestar IPS, Carmen Hernández, explicó que respirar humo de incendios puede desencadenar enfermedades respiratorias agudas, como inflamación bronquial, bronquitis aguda, infecciones virales o bacterianas y neumonías. Además, quienes viven con enfermedades crónicas como EPOC o asma pueden sufrir un agravamiento de su cuadro, con mayor riesgo de internación y, en los casos más severos, consecuencias fatales.
“Hay personas que ya pueden tener una enfermedad respiratoria crónica diagnosticada, como EPOC o asma, o que la padecen sin diagnóstico. Cuando se exponen a este tipo de eventos ambientales, es muy probable que la condición de base se agrave, lo que puede llevar a hospitalizaciones, complicaciones, dificultad respiratoria e incluso a la muerte, dependiendo de la gravedad y de la rapidez con que se intervenga en caso de crisis”, sostuvo Hernández.
El médico internista Sebastián Torres, de la Clínica Keralty Ibagué, aclaró que los incendios no originan enfermedades nuevas, pero sí empeoran o exacerban patologías preexistentes.
“Personas con asma, EPOC, bronquitis crónica, fibrosis quística o bronquiectasias suelen ver un empeoramiento de sus síntomas. En las clínicas recibimos pacientes con mayor tos, producción de moco, expectoración e incluso fiebre, ya que la exposición al humo puede facilitar infecciones respiratorias”, detalló Torres.
Entre los síntomas iniciales en personas sin enfermedades previas, Hernández mencionó la tos persistente, la dificultad para respirar y el aumento de la frecuencia respiratoria.
“Estos síntomas requieren especial atención, sobre todo en niños menores de cinco años, adultos mayores de sesenta, mujeres embarazadas o personas con enfermedades crónicas”, puntualizó la especialista.
Grupos más vulnerables y razones de su susceptibilidad
Los especialistas consultados coinciden en que niños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con enfermedades crónicas presentan mayor riesgo frente a la contaminación por humo.
En los niños, el sistema inmunológico aún está en desarrollo y responde con menor eficiencia ante agentes externos. En los adultos mayores, en cambio, pesa la disminución de las defensas y la mayor tendencia a acumular moco, lo que favorece infecciones.
“El sistema inmunológico no ha generado todos los anticuerpos necesarios para combatir agentes externos, por eso los niños son especialmente susceptibles”, explicó Carmen Hernández.
En el caso de las personas con enfermedades cardiovasculares, la inflamación y el aumento de la frecuencia respiratoria pueden agravar cuadros preexistentes y provocar descompensaciones.
“El aumento de la frecuencia respiratoria y la inflamación pueden llevar a una descompensación de la enfermedad de base”, indicó Hernández.
Las mujeres embarazadas, por los cambios inmunológicos y circulatorios propios de la gestación, también requieren vigilancia especial, ya que la exposición puede afectar tanto a la madre como al feto.
“Durante el embarazo, hay cambios circulatorios que pueden afectar la respuesta del organismo ante la exposición al humo”, puntualizó Hernández.
Recomendaciones y medidas preventivas
Hernández recomendó reforzar la vacunación en los grupos más vulnerables, como niños y adultos mayores, especialmente contra la influenza y el neumococo. También subrayó la importancia de una alimentación adecuada, la hidratación y el cumplimiento regular de los tratamientos en personas con enfermedades crónicas.
“La vacunación es una de las herramientas más importantes para prevenir enfermedades antes de que aparezcan. En los niños, es fundamental fortalecer el sistema inmunológico con las vacunas correspondientes a su ciclo de vida, como contra la influenza y el neumococo”, señaló.
Torres aconsejó reducir al máximo la exposición al humo. Ante incendios y presencia de partículas contaminantes como el material particulado PM2.5, señaló que lo más recomendable es no salir a la calle mientras persista el humo.
Indicó que conviene permanecer en casa, cerrar puertas y ventanas y, si es posible, usar aire acondicionado en modo de recirculación o filtros HEPA para mejorar la calidad del aire interior.
“Las mascarillas N95 ofrecen protección, pero no están diseñadas para niños y su eficacia es limitada frente al monóxido de carbono. Si se debe salir, utilizar mascarillas de alta eficiencia de manera transitoria”, agregó.
El médico internista también sugirió no suspender la medicación en quienes tienen enfermedades respiratorias o cardíacas previas.
“No deben suspender su medicación y, ante cualquier empeoramiento de síntomas, como dificultad para respirar, fiebre, coloración azulada o baja saturación de oxígeno, deben acudir de inmediato a urgencias”, explicó.
Finalmente, Torres recomendó evitar fumar, mantener una hidratación adecuada —entre dos y tres litros de agua al día— y no incrementar la carga de humo en los espacios cerrados.
Análisis y proyecciones
La experiencia internacional muestra que los episodios de humo por incendios no se limitan a una molestia pasajera: suelen traducirse en un aumento de consultas por urgencias, crisis asmáticas, descompensaciones cardiovasculares y mayor presión sobre los sistemas de salud. En contextos de sequía, altas temperaturas y vientos, el impacto puede extenderse por varios días, incluso cuando el fuego ya fue controlado. Por eso, la prevención domiciliaria, la vigilancia clínica y la comunicación temprana de riesgos son claves para evitar un salto en la demanda asistencial.
Evolución del problema
En los últimos años, la región ha visto cómo los incendios forestales y las olas de calor dejan de ser eventos aislados para convertirse en riesgos más frecuentes y complejos. En ese escenario, la mirada sanitaria también cambió: ya no se evalúa solo la superficie quemada, sino el efecto del material particulado en la salud pública. Los actores del sistema, desde autoridades hasta profesionales de la salud, han pasado de una respuesta reactiva a insistir cada vez más en medidas preventivas, vigilancia de poblaciones vulnerables y protección del aire interior como parte central de la respuesta.
En Colombia, la advertencia oficial y el énfasis de los especialistas reflejan esa misma evolución: frente al humo, la prioridad no es solo apagar los incendios, sino reducir la exposición, sostener tratamientos y anticipar complicaciones en los sectores más expuestos.






















