EL RADICALISMO CORRENTINO: MUCHO PODER, ¿PERO QUÉ IDENTIDAD?

Mientras la UCR nacional busca una razón para seguir existiendo, en Corrientes conserva el gobierno, el territorio y una poderosa estructura electoral. En Goya también administra la Municipalidad y conduce el partido. Sin embargo, detrás de las victorias aparece una pregunta que ninguna elección puede responder: ¿qué distingue hoy a un gobierno radical de cualquier otra fuerza política?

Hay partidos que atraviesan una crisis porque pierden elecciones.

Y hay otros que pueden seguir ganando mientras comienzan a perder aquello que alguna vez les permitió explicar para qué existían.

La Unión Cívica Radical enfrenta hoy ese segundo problema.

En el escenario nacional aparece dividida entre gobernadores, intendentes, legisladores y dirigentes que adoptan posiciones diferentes frente al Gobierno de Javier Milei.

Algunos acompañan.

Otros negocian.

Otros intentan diferenciarse.

Y unos pocos todavía procuran reconstruir una propuesta nacional propia.

Pero Corrientes constituye un caso particular.

Aquí el radicalismo no es un partido testimonial.

No está peleando por sobrevivir.

Gobierna.

Conduce la Provincia, administra numerosos municipios, cuenta con legisladores, comités, militancia, aliados y una estructura territorial que cualquier fuerza nacional desearía tener.

Por eso, la crisis de identidad radical adquiere en Corrientes características diferentes.

La pregunta no es si la UCR correntina desaparecerá.

La pregunta es otra:

¿Qué hará con el poder que conserva?

LA EXCEPCIÓN CORRENTINA

Mientras en buena parte del país la UCR perdió centralidad, Corrientes lleva más de dos décadas gobernada por dirigentes surgidos del radicalismo.

Ricardo Colombi.

Arturo Colombi.

Nuevamente Ricardo Colombi.

Gustavo Valdés.

Y ahora Juan Pablo Valdés.

Cambian los nombres, las circunstancias y las alianzas, pero existe una continuidad política evidente.

En las elecciones provinciales de 2025, Juan Pablo Valdés consiguió la Gobernación en primera vuelta al frente de una coalición amplia. Ese resultado confirmó que el oficialismo provincial conserva una capacidad electoral y territorial considerable. El nuevo gobernador asumió en diciembre de 2025 y prolongó la hegemonía radical en Corrientes.

Pero allí aparece la primera distinción necesaria.

Una cosa es el radicalismo.

Otra es Vamos Corrientes.

La UCR conduce la coalición, aporta sus principales candidatos y administra el poder político. Sin embargo, necesita una extensa red de partidos provinciales, fuerzas municipales y sectores de diferentes procedencias ideológicas.

Esa amplitud ha sido una de las claves de su permanencia.

También puede convertirse en una dificultad para definir su identidad.

Porque cuanto más amplia es una alianza, más sencillo resulta ponerse de acuerdo sobre cómo ganar una elección y más complicado acordar qué proyecto de sociedad se quiere construir.

LA DOCTRINA DE LA GESTIÓN

El radicalismo correntino parece haber encontrado una respuesta práctica a la crisis nacional de la UCR:

gestionar y mostrar resultados.

Obras públicas.

Caminos.

Hospitales.

Escuelas.

Conectividad.

Modernización administrativa.

Desarrollo urbano.

Promoción turística.

Apoyo a la producción.

Relación permanente con los intendentes.

La gestión se convirtió en su principal carta de presentación.

No es poco.

En una Argentina atravesada por gobiernos inestables, crisis económicas y administraciones frecuentemente ineficientes, la capacidad de gobernar representa un valor político importante.

Pero la gestión no reemplaza completamente a la política.

Pavimentar una calle responde qué se hace.

Construir un hospital responde dónde se invierte.

Ordenar las cuentas públicas explica cómo se administra.

Sin embargo, todavía queda otra pregunta:

¿Hacia qué modelo de provincia se pretende avanzar?

Ahí comienza la discusión sobre la identidad.

¿ALFONSINISMO, DESARROLLISMO O PRAGMATISMO?

El radicalismo de Raúl Alfonsín hablaba de democracia, derechos humanos, educación pública, ciudadanía, igualdad y construcción institucional.

No era solamente una estructura electoral.

Pretendía representar una concepción de la Argentina.

El radicalismo correntino actual conserva parte de ese lenguaje, pero en la práctica ha incorporado componentes muy diferentes.

Defiende el equilibrio fiscal.

Promueve la inversión privada.

Busca acuerdos con el Gobierno nacional.

Construye coaliciones amplias.

Negocia recursos.

Prioriza la administración provincial.

Y procura mantener autonomía frente a las disputas ideológicas de Buenos Aires.

Nada de eso resulta necesariamente incompatible con la tradición radical.

La responsabilidad fiscal no pertenece exclusivamente a la derecha.

La inversión privada no contradice por sí misma la justicia social.

El desarrollo productivo puede convivir con un Estado presente.

El problema aparece cuando la negociación cotidiana termina reemplazando la definición de principios.

Cuando el partido comienza a decir solamente que gobierna mejor, pero deja de explicar para qué quiere gobernar.

GOYA: EL RADICALISMO DESDE EL MUNICIPIO

En Goya esta discusión tiene nombres y experiencias concretas.

La UCR conduce la Municipalidad a través de Mariano Hormaechea, quien en 2025 fue reelegido para un segundo mandato con aproximadamente el 45,6 por ciento de los votos, acompañado por Sebastián Mazzaro, del Partido Popular. La fórmula oficialista consiguió 21.184 votos.

El resultado confirmó una continuidad política iniciada anteriormente con Ignacio Osella y sostenida ahora por Hormaechea.

También ratificó el funcionamiento del modelo correntino:

un dirigente radical encabeza una coalición integrada por distintas fuerzas y presenta la administración municipal como prueba principal de su capacidad política.

Hormaechea reúne, además, dos responsabilidades que merecen atención.

Es intendente de Goya y conduce el radicalismo departamental desde las elecciones internas realizadas a fines de 2024.

Es decir, administra el municipio y también ocupa un lugar central en la vida partidaria.

Eso ofrece una oportunidad.

Pero implica igualmente un riesgo.

La oportunidad consiste en convertir a Goya en un espacio de debate, formación política y construcción de nuevas propuestas.

El riesgo es que el comité radical termine funcionando únicamente como respaldo electoral de la gestión municipal.

Un partido no puede limitarse a organizar actos, presentar candidatos, movilizar fiscales y defender a sus funcionarios.

También debe debatir.

Escuchar.

Formar dirigentes.

Aceptar disidencias.

Promover una renovación generacional.

Y mantener una vida institucional que no dependa exclusivamente de quienes ocupan cargos públicos.

GANAR NO RESUELVE TODO

El radicalismo goyano tiene razones para valorar sus resultados.

Conservó la Municipalidad.

Mantuvo una coalición competitiva.

Logró continuidad administrativa.

Y volvió a imponerse frente a una oposición peronista dividida y una fuerza libertaria que todavía busca consolidar una estructura territorial propia.

Pero una victoria electoral no debería cerrar la discusión.

Debería abrirla.

Porque los partidos suelen cometer un error cuando permanecen mucho tiempo en el gobierno:

confundir el respaldo obtenido en las urnas con una aprobación ilimitada de todo lo que hacen.

El ciudadano puede votar una gestión porque la considera mejor que las alternativas disponibles.

Eso no significa que renuncie a exigir transparencia, participación, controles institucionales, renovación y explicaciones.

Precisamente porque gobierna, el radicalismo goyano debería demostrar con mayor claridad su compromiso republicano.

No alcanza con recordar a Alfonsín en los aniversarios.

El legado alfonsinista se expresa en la calidad institucional cotidiana.

En el respeto a la oposición.

En la información pública accesible.

En el funcionamiento del Concejo Deliberante.

En la discusión abierta dentro del propio partido.

Y en la aceptación de que administrar recursos públicos no convierte a nadie en propietario del Estado.

EL PELIGRO DEL PARTIDO-ESTADO

Cuando una fuerza política gobierna durante muchos años, comienza a producirse una superposición casi inevitable.

El partido se confunde con la coalición.

La coalición se confunde con el gobierno.

El gobierno se confunde con el Estado.

Y el Estado termina apareciendo como una prolongación natural del oficialismo.

No afirmamos que esa confusión se haya consumado completamente en Corrientes o en Goya.

Advertimos que es un riesgo inherente a toda permanencia prolongada en el poder.

Le ocurrió al peronismo en numerosas provincias.

Les ocurrió a fuerzas provinciales de distinto signo.

Y también puede sucederle al radicalismo.

La mejor defensa frente a ese peligro no es un discurso.

Son las instituciones.

Controles.

Transparencia.

Alternancia dentro del propio espacio.

Concursos.

Información pública.

Separación entre actividades partidarias y recursos estatales.

Y organismos capaces de controlar incluso a quienes los designaron.

Ahí se demuestra el republicanismo.

No cuando se lo declama desde un escenario, sino cuando puede limitar el poder propio.

¿QUÉ DIFERENCIA AL RADICALISMO DE LA LIBERTAD AVANZA?

La llegada del movimiento libertario obligó a todos los partidos a revisar su discurso.

También a la UCR.

Si el radicalismo propone solamente equilibrio fiscal, reducción del gasto, modernización y promoción de la actividad privada, corre el riesgo de convertirse en una versión provincial y moderada de La Libertad Avanza.

Pero si se limita a reivindicar el Estado sin discutir su eficiencia, puede quedar atrapado en una nostalgia incapaz de responder a los problemas actuales.

Su lugar podría encontrarse en otra combinación.

Responsabilidad fiscal con sensibilidad social.

Iniciativa privada con igualdad de oportunidades.

Modernización con inclusión.

Autoridad con respeto institucional.

Producción con protección ambiental.

Tecnología con educación pública.

Desarrollo provincial con equilibrio territorial.

Y autonomía correntina sin aislamiento nacional.

Esa construcción podría otorgarle una identidad reconocible.

Pero necesita ser expresada, discutida y convertida en políticas verificables.

GOYA NECESITA ALGO MÁS QUE CONTINUIDAD

Goya tiene desafíos que exceden un período municipal.

El desarrollo productivo.

La infraestructura hídrica.

La situación de los caminos rurales.

El futuro del puerto.

La relación con el río.

La generación de empleo privado.

La emigración de los jóvenes.

La formación tecnológica.

El crecimiento urbano.

La atención de los barrios.

La integración con Carolina y el área rural.

La adaptación frente a fenómenos climáticos cada vez más variables.

Frente a esos asuntos, el radicalismo local debería explicar algo más que la continuidad de una administración.

Debería presentar una visión de Goya para los próximos veinte años.

¿Qué ciudad imagina?

¿Qué actividades productivas pretende impulsar?

¿Qué lugar tendrán los jóvenes?

¿Cómo se integrará el campo con la ciudad?

¿Cómo se preparará Goya frente a las crecientes y las lluvias intensas?

¿Cómo se evitará que la modernización beneficie solamente a quienes ya tienen oportunidades?

Esas preguntas requieren gestión.

Pero también requieren doctrina, planificación y debate político.

EL PODER COMO OPORTUNIDAD

El radicalismo correntino todavía posee algo que la UCR nacional perdió en buena medida:

poder real.

Gobernación.

Municipios.

Legisladores.

Territorio.

Dirigentes.

Militancia.

Capacidad para convocar aliados.

Ese poder puede utilizarse únicamente para conservar posiciones.

O puede convertirse en la plataforma para reconstruir una identidad política.

Goya podría desempeñar un papel importante en esa tarea.

No solamente como una de las principales ciudades gobernadas por el radicalismo, sino como un espacio desde donde discutir producción, federalismo, desarrollo, educación, ambiente, tecnología e instituciones desde la realidad del interior.

La UCR correntina no necesita copiar mecánicamente al alfonsinismo.

Tampoco puede vivir contemplando fotografías de 1983.

Pero sí debería recuperar algo de aquella ambición:

la voluntad de ofrecer una idea de país y no solamente una maquinaria para administrar una provincia.

Porque conservar el poder demuestra capacidad electoral.

Gobernar correctamente demuestra capacidad administrativa.

Pero ninguna de esas dos cosas responde por completo la pregunta decisiva:

¿para qué existe hoy el radicalismo correntino?

En Goya, donde la UCR gobierna, conduce su coalición y conserva respaldo ciudadano, esa pregunta no constituye una crítica destructiva.

Es una responsabilidad.

Porque cuando un partido tiene poder, territorio y tiempo, ya no puede justificar la ausencia de una identidad propia señalando sus debilidades.

Debe explicar qué representa.

Qué valores no está dispuesto a negociar.

Y qué clase de sociedad pretende dejar cuando algún día le toque abandonar el gobierno.