EL NIÑO ESTÁ AHÍ. PERO NO HAGAMOS CRECER EL RÍO ANTES DE TIEMPO

Los pronósticos comienzan a mostrar un septiembre potencialmente lluvioso sobre sectores de la Cuenca del Plata. Es información importante. Pero entre un pronóstico climático y una creciente del Paraná existe una enorme cantidad de variables que conviene observar antes de sacar conclusiones.

Región | Identidadcorrentina

Los correntinos tenemos una relación particular con el río.

Lo miramos.

Lo conocemos.

Lo respetamos.

Y también sabemos que cada vez que aparece la palabra El Niño comienzan a aparecer otras inmediatamente detrás.

Lluvias.

Tormentas.

Creciente.

Inundaciones.

Algunas tienen fundamento.

Otras llegan demasiado rápido.

Por eso quizás convenga separar las cosas.

PRIMERO: EL NIÑO

El fenómeno El Niño modifica la circulación atmosférica y aumenta las probabilidades de determinadas anomalías climáticas en diferentes regiones del planeta.

En nuestra zona puede favorecer períodos con precipitaciones superiores a las normales.

Pero una probabilidad no es una sentencia.

Un pronóstico estacional tampoco puede decirnos exactamente cuánto lloverá sobre Goya dentro de cuarenta días.

Mucho menos qué altura tendrá entonces el Paraná.

SEGUNDO: LA LLUVIA

Los pronósticos que comienzan a circular para septiembre muestran la posibilidad de acumulados importantes sobre sectores del Litoral argentino y Brasil.

Eso merece atención.

Especialmente para la producción agropecuaria, caminos rurales, zonas bajas y sistemas urbanos de drenaje.

Pero tampoco toda lluvia que cae dentro de la enorme Cuenca del Plata termina llegando inmediatamente frente a nuestras costas.

Importa dónde llueve.

Cuánto.

Durante cuánto tiempo.

Qué humedad tienen previamente los suelos.

Cómo están los afluentes.

Y cómo se encuentran los grandes sistemas de almacenamiento y regulación aguas arriba.

TERCERO: EL RÍO

El Paraná integra una maquinaria hidrológica extraordinariamente compleja.

Su comportamiento frente a Goya no depende exclusivamente de lo que llueva en Corrientes.

Debemos observar la Alta Cuenca.

Brasil.

Paraguay.

El aporte del Iguazú.

Los tributarios.

Los embalses.

Los caudales.

Y finalmente la propagación de esa enorme masa de agua hacia el Paraná Medio.

Por eso conviene evitar un error frecuente:

confundir un escenario meteorológico favorable a lluvias con un pronóstico hidrológico de creciente.

Son cosas relacionadas.

Pero no son lo mismo.

SEPTIEMBRE SERÁ INTERESANTE

Eso no significa despreocuparse.

Todo lo contrario.

Significa mirar mejor.

Septiembre puede convertirse en un mes importante para comenzar a observar cómo evoluciona este escenario.

Si las lluvias efectivamente se producen sobre sectores estratégicos de la cuenca.

Si comienzan a modificarse los niveles de almacenamiento.

Si aumentan los caudales de los grandes tributarios.

Si los modelos mantienen o corrigen sus proyecciones.

Entonces tendremos información nueva.

Y podremos evaluar nuevamente el cuadro.

INFORMACIÓN, NO ALARMA

Existe una enorme diferencia entre advertir y alarmar.

Advertir significa observar datos, prepararse y conocer escenarios posibles.

Alarmar significa convertir una posibilidad en certeza antes de tener elementos suficientes.

Nosotros preferimos lo primero.

Porque quienes vivimos cerca del Paraná sabemos algo que ningún modelo necesita enseñarnos:

el río merece respeto.

Pero respetarlo también significa no atribuirle una creciente que todavía no ocurrió.

El Niño está ahí.

Los pronósticos están ahí.

Las lluvias habrá que medirlas.

Los embalses habrá que observarlos.

Los caudales habrá que seguirlos.

Y el Paraná, como siempre, nos irá contando su propia historia.

No hace falta despertarlo antes de tiempo.