Ortigoza camino a juicio oral por la causa de violencia de género
La investigación contra Néstor Ortigoza por la denuncia de su ex pareja Lucila Cassiau quedó cerrada y la causa avanza hacia el juicio oral. En su descargo, el ex futbolista negó los hechos, cuestionó los videos y pidió objetividad a la Justicia.“Nadie está por encima de la ley”: la máxima, asociada a la idea moderna de igualdad ante los tribunales, vuelve a cobrar relieve en una causa que involucra a una figura pública y que ahora se encamina a debate oral. La Justicia dio por concluida la investigación contra Néstor Ortigoza, imputado por la denuncia de violencia de género presentada por su ex pareja, Lucila Cassiau, y dejó el expediente listo para la siguiente etapa.
La causa, que tramita ante la UFI N°3 de Ezeiza, llega a este punto dos años después de la presentación inicial que activó la investigación. Según la resolución, la etapa de instrucción quedó cerrada y el proceso avanzará hacia el juicio oral, instancia en la que se evaluarán las pruebas reunidas y los planteos de las partes.
Días antes de esa decisión, la fiscal recibió un escrito del ex dirigente de San Lorenzo, quien había sido citado a indagatoria acusado por daño y lesiones leves. Ortigoza se negó a declarar en esa audiencia y anticipó que luego presentaría un descargo, algo que finalmente hizo la semana pasada.
En su defensa, a la que accedió Infobae, relativizó los episodios de violencia denunciados por Cassiau, con quien convivió durante 10 años y tiene dos hijos. También cuestionó a la denunciante por tener, según su planteo, demasiada vida social y sostuvo que los videos en los que se lo observa agrediéndola en su casa están editados. Además, remarcó que es buen padre.
“Nunca ejercí violencia física contra Lucila Cassiau ni contra ninguna otra mujer. No la golpeé, no la empujé, no le provoqué lesión alguna”, aseguró el ex futbolista en el documento presentado ante las autoridades.
Ortigoza también sostuvo que la acusación en su contra está atravesada por la “exposición televisiva” impulsada por la denunciante. “La investigación penal no puede funcionar como prolongación de una campaña mediática que busca destruir mi buen nombre y honor, ganados a fuerza de trabajo y profesionalismo”, expresó, al tiempo que reclamó objetividad en el análisis del caso.
Sobre el video que originó la acusación, afirmó que se trata de “un recorte editado y tendencioso” que omite, según su versión, la escalada previa del conflicto. En su relato, Cassiau aparece “provocadora, fuera de sí, agrediéndome verbalmente a mí y a Federico (hijo), que le reclamaba por su ausencia”. También aseguró que las imágenes se obtuvieron de manera parcial desde algún dispositivo del domicilio y que resulta necesario contar con la versión original completa. En ese sentido, advirtió que existirían secuencias que la denunciante ocultó.
El ex mediocampista explicó que la secuencia del video comenzó cuando su hijo lloraba por la supuesta ausencia de su madre en la casa y que él intentó calmar la situación. Sin embargo, señaló que cuando intervino ya era tarde porque, según su interpretación, la denuncia en su contra “ya estaba orquestada”.
En otro tramo de su descargo, aseguró que los videos aportados “eliminan o suprimen deliberadamente” las razones que habrían motivado esos momentos de tensión. A su vez, negó que las imágenes muestren actos de violencia capaces de provocar lesión o daño y sostuvo que se intenta invertir indebidamente la carga de la prueba. “La ausencia de lesión no es una afirmación retórica. La constancia sanitaria confeccionada no refleja lesión corporal”, planteó.
El escrito también incorpora referencias extensas a tres mujeres que trabajaron como niñeras y empleadas domésticas en la casa familiar. De acuerdo con el descargo, esas personas declararon que nunca observaron actos de violencia de Ortigoza hacia Lucila Cassiau ni hacia sus hijos, que ella se ausentaba con frecuencia del hogar y que él era “muy buen padre”.
Análisis y proyecciones: Como ocurre en muchas causas de violencia de género con alta exposición pública, el juicio oral será clave para contrastar versiones, valorar la prueba audiovisual y examinar el contexto de convivencia. En este tipo de expedientes, la jurisprudencia suele otorgar especial relevancia a los videos, testimonios de entorno cercano y constancias médicas, aunque también exige preservar la cadena de custodia y la integridad del material probatorio. La evolución de estos casos en los últimos años muestra una mayor centralidad de la prueba digital y una sensibilidad social creciente frente a la violencia en el ámbito doméstico, especialmente cuando involucra a figuras conocidas. De cara al proceso, el eje estará puesto en si la fiscalía logra sostener la acusación con evidencia suficiente y si la defensa consigue instalar una duda razonable sobre la autenticidad y el alcance de las imágenes.
En perspectiva, la postura de los actores principales también fue cambiando con el avance del expediente. Cassiau llevó la denuncia a la esfera judicial y pública, mientras que Ortigoza pasó de la negativa inicial a una defensa escrita más elaborada, orientada a discutir el contexto, la edición de los videos y la interpretación de los hechos. La Justicia, por su parte, avanzó desde la investigación preliminar hacia el cierre de instrucción, señal de que considera reunido el material necesario para que un tribunal oral determine responsabilidades. Ese giro es consistente con la tendencia judicial de los últimos años: dejar que el debate de prueba se resuelva en audiencia, con mayor contradicción entre las partes y un escrutinio más profundo de cada evidencia.
Ahora, con la instrucción terminada, la causa ingresa en una fase decisiva. El juicio oral deberá establecer si los hechos denunciados configuran daño y lesiones leves o si, como sostiene la defensa, se trató de una reconstrucción parcial y descontextualizada de una conflictiva relación de pareja.
























