Thiago Príncipe, el joven inventivo que sigue la huella de su hermano Joel

Con apenas 14 años, Thiago Príncipe ya llama la atención por su habilidad para construir y reparar piezas en el galpón familiar. Su historia se suma al legado creativo de su hermano Joel, el “Da Vinci” cordobés.

“No se puede enseñar nada a un hombre; solo se le puede ayudar a descubrirlo en sí mismo”, decía Galileo Galilei, una idea que parece encajar con la historia de Thiago Príncipe, el adolescente que encontró en el taller familiar un espacio para aprender haciendo.

El chico tiene 14 años y se volvió viral en redes sociales gracias a un video publicado por su hermano Joel, conocido como el “Da Vinci” cordobés por sus inventos mecánicos aplicados al trabajo rural. Joel desarrolló sistemas de automatización de motores e incluso un detector de consumo de alcohol pensado para prevenir accidentes de tránsito. Tras pasar de empleado de una compañía a crear su propia empresa tecnológica vinculada al agro, ahora en el galpón de los Príncipe la tradición de creatividad, utilidad e ingenio sigue creciendo.

Durante la semana, Thiago vive en el internado del Colegio Salesiano Don Ambrosio. Su padre, Hugo, de 54 años, contó a TN que cuando vuelve de la escuela deja sus cosas y se mete de inmediato en el galpón para trabajar con repuestos y herramientas.

“A los 11 años arregló su primer motor y después también había logrado armar una camionetita que tenía una forma rara, pero andaba. Reniega a veces para soldar, y no todo le sale bien, pero yo lo dejo que se equivoque y haga, para que se dé cuenta y aprenda”, relató.

Hugo explicó que su hijo “va construyendo con lo que encuentra; va recuperando y arma con lo que tiene”. Según detalló, en la zona hay muchas piezas y materiales dañados o abandonados a raíz del tornado que pasó por el lugar. “Con mi señora Adriana nos sacamos el sombrero ante él”, afirmó, y agregó que para el Día del Niño pidió un juego de llaves y herramientas para seguir trabajando.

Aunque Thiago empieza a ser conocido en la zona por sus ideas, su padre remarcó que mantiene un perfil bajo: “No fanfarronea, no fantasea, anda tranquilo, con sus alpargatitas”.

“A él le encanta almorzar con los empleados, ama esa vida de compartir con los muchachos, de trabajar. Va a tener un futuro porque sabe hacer cosas con las manos, más allá de que siga o no algún estudio”, sostuvo Hugo.

En diálogo con TN, el hombre aseguró que junto a Adriana intentan criarlo con los valores con los que ellos fueron educados: reconocer el esfuerzo, entender cómo se generan recursos y aprender a resolver con lo que se tiene. “Si yo no tuviese una compañera como ella, no tendríamos estos chicos que nos dan mucho orgullo. Thiago con lo que puede y con lo que tiene se da idea de cómo hacer, armar y te explica. Adriana lo cuida mucho cuando él está en el galpón”, expresó.

Mientras Joel continúa creciendo en el sector agro con sus diseños tecnológicos, Thiago va trazando su propio camino bajo la mirada atenta de sus padres. “Que la gente sepa lo que hacen son caricias al alma para los chicos. A mí me da mucha tristeza ver campos vacíos y abandonados porque todos se van a la ciudad. En el campo hay trabajo, hay posibilidades”, reflexionó Hugo.

Análisis y proyecciones: El caso de Thiago encaja en una tendencia de fondo muy reconocida en el interior productivo argentino: la persistencia de saberes prácticos transmitidos en el ámbito familiar, muchas veces por fuera de los circuitos formales de innovación. En tiempos en que el agro incorpora cada vez más automatización, sensores y soluciones de bajo costo, perfiles como el de Thiago pueden convertirse en la base de una nueva generación de técnicos, mecánicos e inventores rurales. Si logra sostener ese aprendizaje con formación técnica y acompañamiento, podría ampliar su potencial; si no, el riesgo es que estas vocaciones queden como talentos aislados y no se transformen en trayectorias consolidadas.

Evolución reciente del tema: En los últimos años, la conversación sobre el futuro del campo cambió de manera marcada. Antes dominaba la idea del trabajo rural ligado solo a la fuerza física; hoy gana terreno una visión que combina oficio, reparación, electrónica, automatización y eficiencia. En ese cambio, Joel representa la etapa más visible de innovación aplicada al agro, mientras Thiago simboliza la continuidad generacional: curiosidad, reparación, aprovechamiento de recursos y aprendizaje por prueba y error. La postura de la familia también se afianzó en esa línea, al reivindicar el trabajo en el campo no solo como una tradición, sino como una oportunidad concreta de desarrollo.