Como la vaca ve pasar el tren, nosotros vemos pasar los barcos por el Paraná
Corrientes tuvo carpinteros de ribera, navegación comercial y una industria naval capaz de construir remolcadores, barcazas, buques tanque y hasta plataformas petroleras. Hoy, frente a nuestras costas, más del 90% de las embarcaciones de la Hidrovía llevan bandera paraguaya. ¿Qué nos pasó?
Por Jagua Arandú
Si don Pedro Ferré pudiera pararse hoy en la Costanera Sur de Corrientes y mirar el Paraná durante unas horas, probablemente entendería perfectamente lo que está viendo.
Porque Ferré conocía el río.
Antes de ser gobernador, legislador, militar y uno de los grandes protagonistas de la organización política argentina, había aprendido de su padre el oficio de carpintero de ribera.
Sabía construir embarcaciones.
Sabía repararlas.
Conocía el comercio fluvial.
En 1811 colaboró incluso construyendo balsas y canoas utilizadas por las tropas de Manuel Belgrano durante su campaña al Paraguay.
Por eso quizás no habría que explicarle demasiado.
Bastaría con señalarle el río.
Y dejarlo mirar.
Pasaría un remolcador.
Después otro.
Detrás, enormes convoyes de barcazas.
Uno.
Otro.
Y otro más.
Entonces posiblemente don Pedro nos haría una pregunta bastante sencilla:
¿Qué nos pasó?
NUEVE DE CADA DIEZ
Desde el Paraná Medio, el Jagua Arandú no necesita estadísticas para advertir algo que salta a los ojos.
Cuando estamos pescando y pasan los enormes convoyes frente a nuestras narices, una bandera se repite una y otra vez:
la paraguaya.
Pero esta vez la impresión visual coincide con la documentación disponible.
La Comisión Mixta Argentino-Paraguaya del Río Paraná informa que Paraguay posee una de las mayores flotas fluviales del mundo y que las embarcaciones con esa bandera representan más del 90% de las embarcaciones de la Hidrovía Paraguay-Paraná.
El predominio es todavía mayor en el tramo compartido del Paraná entre Argentina y Paraguay.
Conviene hacer una aclaración.
Estamos hablando de bandera.
No necesariamente de nacionalidad del propietario, del capital o de la mercadería transportada.
Pero el dato es suficientemente contundente.
Más del 90%.
Mientras nosotros pescamos en la costa correntina, aproximadamente nueve de cada diez embarcaciones que integran ese sistema llevan la bandera del país vecino.
Y entonces vuelve la pregunta:
¿Qué nos pasó?
PORQUE CORRIENTES SABÍA HACER BARCOS
No estamos hablando de una fantasía sobre aquello que alguna vez podríamos haber sido.
Estamos hablando de algo que fuimos.
En las primeras décadas del siglo XX ya existía actividad naval en Corrientes.
Después apareció una familia cuyo apellido quedaría definitivamente relacionado con la navegación y la industria naval correntina.
Gutnisky.
Samuel Gutnisky desarrolló una empresa de navegación que transportaba cargas por los ríos Paraná y Paraguay y pasajeros hacia Formosa.
Pero tenía un problema.
Cuando sus embarcaciones necesitaban reparaciones importantes debían ser enviadas hasta Rosario o Buenos Aires.
Y entonces tomó una decisión extraordinariamente sencilla.
¿Por qué mandar nuestros barcos a reparar afuera si podemos hacerlo nosotros?
En 1958, junto con sus hijos, fundó Astilleros Corrientes S.A.
DE REPARAR BARCOS A CONSTRUIRLOS
Aquello que comenzó resolviendo una necesidad de mantenimiento terminó transformándose en una industria pesada.
Astilleros Corrientes incorporó calderería, mecánica, electricidad, soldadura, carpintería y sistemas de tuberías.
Y comenzó a construir.
Remolcadores de empuje.
Barcazas.
Transbordadores de granos.
Buques tanque.
Embarcaciones para productos químicos.
La documentación histórica de la industria naval argentina confirma que su producción estuvo orientada especialmente al transporte fluvial.
Pero Corrientes llegó todavía más lejos.
DESDE EL PARANÁ HASTA EL MAR
Entre 1980 y 1986 Astilleros Corrientes construyó dos plataformas de exploración petrolera offshore.
No fueron maquetas.
No fueron proyectos.
Fueron construidas aquí.
Eran enormes estructuras autoelevables destinadas a la exploración petrolera marítima, encargadas por una empresa estadounidense.
La construcción de aquellas plataformas llegó a ocupar aproximadamente 2.500 técnicos y obreros durante tres años, según el testimonio histórico publicado por León Horacio Gutnisky.
Desde una provincia a la que demasiadas veces se considera simplemente agrícola, ganadera o administrativa, salieron estructuras industriales capaces de operar en el Golfo de México y Medio Oriente.
Corrientes demostró que podía desarrollar industria pesada.
Entonces la pregunta se vuelve todavía más incómoda.
¿Qué nos pasó?
Y PARAGUAY HIZO SU CAMINO
Mientras nuestra industria naval perdía protagonismo, del otro lado de la frontera ocurrió otra historia.
Paraguay desarrolló una enorme flota fluvial.
Y hay un detalle que merece ser recordado sin buscar culpables ni construir teorías.
Parte del conocimiento generado en Corrientes cruzó la frontera.
Una reconstrucción histórica publicada en 2026 señala que exobreros e ingenieros de Astilleros Corrientes posteriormente participaron en astilleros de Asunción.
Es decir que aquello que se había aprendido trabajando sobre esta misma costa del Paraná no desapareció completamente.
En algunos casos, simplemente cruzó el río.
Hoy Paraguay posee una de las mayores flotas fluviales del mundo.
Nosotros la vemos pasar.
LA HIDROVÍA NO ES SOLAMENTE UN CANAL
Quizás allí estuvo también parte de nuestro error.
Pensar la Hidrovía solamente como un canal que hay que dragar.
La Hidrovía Paraguay-Paraná es mucho más.
Es un sistema económico.
Alrededor de cada embarcación existe actividad.
Hay armadores.
Tripulaciones.
Astilleros.
Talleres.
Reparaciones.
Motores.
Repuestos.
Combustible.
Seguros.
Puertos.
Depósitos.
Logística.
Servicios.
Carga.
Descarga.
Comercio exterior.
Empleo.
Y conocimiento técnico.
Un barco que pasa no es solamente un barco.
Es una pequeña economía navegando frente a nuestra costa.
Y CORRIENTES ESTÁ EN EL MEDIO
Miremos ahora un mapa.
No estamos en un rincón perdido del continente.
Estamos sobre el Paraná.
Tenemos enfrente al Chaco.
Limitamos con Paraguay.
Estamos próximos a Brasil.
Tenemos conexión con la Hidrovía Paraguay-Paraná.
Tenemos Yacyretá.
Tenemos puertos.
Tenemos producción forestal, arrocera, ganadera, agrícola e industrial.
Y estamos dentro del espacio económico del Mercosur.
Geográficamente, Corrientes se encuentra en una posición extraordinaria para vincular territorios productivos de Argentina, Paraguay, Brasil y Bolivia con el sistema Paraná-Paraguay y, finalmente, con el Atlántico.
No estamos lejos del corredor.
El corredor pasa por nuestra casa.
Y SIN EMBARGO...
Cuando en mayo de este año se realizó una reunión convocada por la Agencia Nacional de Puertos y Navegación para analizar las propuestas de la nueva concesión de la Vía Navegable Troncal, la información oficial publicada mencionó la participación de representantes provinciales de Santa Fe, Chaco, Entre Ríos y Formosa, además de usuarios y sectores privados.
Corrientes no apareció mencionada entre esas representaciones provinciales.
Nada más.
No vamos a afirmar que Corrientes no fue invitada.
No vamos a afirmar que Corrientes decidió no participar.
No vamos a afirmar que alguien quiso excluirla.
Porque no tenemos elementos comprobados para decir ninguna de esas cosas.
Solamente podemos formular una pregunta:
¿Por qué Corrientes no aparece allí?
Y agregar otra:
¿Qué lugar estamos reclamando dentro de una vía navegable que pasa frente a nuestras costas?
NO SE TRATA DE MIRAR HACIA ATRÁS
Recordar a Pedro Ferré o a Astilleros Corrientes no significa vivir de nostalgias.
Todo lo contrario.
Sirve para demostrar algo.
Se pudo hacer.
Existieron trabajadores.
Existieron técnicos.
Existieron ingenieros.
Existieron instalaciones.
Existió conocimiento.
Existieron empresarios dispuestos a invertir.
Existió una industria capaz de competir.
Y algunas de aquellas instalaciones y capacidades todavía existen, aunque con una actividad muy inferior a la que alguna vez alcanzaron.
Por eso la pregunta importante no es:
¿Por qué ya no somos lo que fuimos?
La pregunta debería ser:
¿Qué podemos volver a hacer?
COMO LA VACA VE PASAR EL TREN
Hay una vieja expresión popular.
“Como la vaca ve pasar el tren.”
Describe perfectamente a quien permanece quieto mientras delante suyo ocurre algo importante.
Desde nuestra costa vemos pasar los convoyes.
Veinte barcazas pueden integrar uno solo.
Miles y miles de toneladas.
Granos.
Minerales.
Combustibles.
Mercaderías.
Capital.
Trabajo.
Negocios.
La mayoría bajo bandera paraguaya.
Y nosotros los vemos pasar.
Pero existe una diferencia fundamental entre aquella vaca y nosotros.
La vaca nunca construyó el tren.
Nosotros construíamos los barcos.
¿QUÉ NOS DIRÍA DON PEDRO?
Volvamos entonces a aquella imagen.
Pedro Ferré parado en la Costanera Sur.
El viejo carpintero de ribera mirando el Paraná.
Seguramente reconocería muchas cosas.
El río sigue allí.
La corriente sigue allí.
Los barcos continúan navegándolo.
El comercio continúa buscando el camino hacia el mar.
Lo que cambió fue nuestra relación con ese río.
Quizás don Pedro no nos reprocharía nada.
Tal vez simplemente miraría uno de aquellos enormes convoyes alejándose aguas abajo.
Miraría la bandera.
Después miraría hacia Corrientes.
Y nos haría nuevamente aquella pregunta:
¿Qué nos pasó?
Nosotros deberíamos agregar otra.
Mucho más importante.
¿Qué vamos a hacer ahora?






















