A toda acción corresponde una reacción: el Ártico empieza a cambiar el mapa del comercio mundial
China y Rusia avanzan sobre la Ruta Marítima del Norte mientras Ormuz y Bab el-Mandeb muestran la vulnerabilidad de las grandes arterias del comercio. El mundo comienza a buscar caminos alternativos.
Por Jagua Arandú
Desde el Rancho de la Cambicha, mirando el Paraná, uno termina aprendiendo algo bastante sencillo.
Cuando el agua encuentra un obstáculo, busca otro camino.
Puede demorar.
Puede desviarse.
Puede recorrer muchos kilómetros.
Pero finalmente encuentra por dónde pasar.
Algo parecido parece estar ocurriendo con el comercio mundial.
Y para tratar de entenderlo podemos pedirle prestada una vieja enseñanza a la física.
LA TERCERA LEY DE NEWTON
Isaac Newton estableció que:
“A toda acción corresponde una reacción igual y opuesta.”
Newton hablaba de fuerzas físicas.
Nosotros no vamos a cometer el disparate de pretender convertir una ley de la mecánica en una ley de la política internacional.
Pero la imagen sirve.
Porque durante décadas el comercio mundial construyó enormes corredores marítimos alrededor de determinados puntos estratégicos.
Y precisamente por eso esos lugares se transformaron también en puntos de vulnerabilidad.
Ormuz.
Bab el-Mandeb.
Suez.
Malaca.
Son nombres que alguna vez parecían pertenecer solamente a los mapas de navegación.
Hoy pertenecen a la geopolítica.
EL PROBLEMA DE LOS ESTRECHOS
El estrecho de Ormuz constituye una de las arterias energéticas más importantes del planeta.
Por allí circuló históricamente una parte extraordinariamente importante del petróleo y del gas natural licuado comercializados internacionalmente.
Pero los acontecimientos de Medio Oriente volvieron a demostrar algo que los estrategas conocen perfectamente:
una ruta extraordinariamente importante también puede convertirse en una extraordinaria debilidad.
En estos días, el tránsito comercial por Ormuz volvió a reducirse drásticamente después de nuevos ataques contra petroleros. Datos de seguimiento marítimo citados por Reuters mostraron apenas cinco buques de commodities atravesándolo el sábado y ninguno el domingo, frente a más de 130 tránsitos diarios antes de la guerra.
Más al oeste aparece otro cuello de botella.
Bab el-Mandeb.
Es la puerta meridional del Mar Rojo.
Quien atraviesa Bab el-Mandeb puede continuar hacia el Canal de Suez y desde allí alcanzar el Mediterráneo y Europa.
Pero también allí los conflictos demostraron la vulnerabilidad del sistema.
A comienzos de agosto, Lloyd's List Intelligence registró una caída del 24% del tránsito por Bab el-Mandeb después del bloqueo marítimo anunciado por los hutíes contra Arabia Saudita.
Entonces aparece Newton.
Acción.
Reacción.
Si una ruta se vuelve peligrosa, costosa o imprevisible, el comercio busca otra.
Y EL MUNDO EMPEZÓ A MIRAR HACIA EL NORTE
Muy al norte.
Hacia un lugar que durante siglos fue considerado prácticamente imposible para el comercio marítimo regular.
El Ártico.
Allí existe la denominada Ruta Marítima del Norte, que recorre aproximadamente 5.500 kilómetros siguiendo buena parte de la costa ártica rusa.
El retroceso estacional del hielo está ampliando las posibilidades de navegación y Rusia lleva años desarrollando infraestructura, puertos, rompehielos y capacidad logística.
Pero ahora aparece un actor fundamental.
China.
Una compañía china acaba de iniciar un servicio regular de carga entre Ningbo-Zhoushan y Felixstowe, en Gran Bretaña, utilizando la Ruta Marítima del Norte.
El viaje puede realizarse en alrededor de 18 a 20 días, frente a tiempos considerablemente mayores por las rutas tradicionales hacia Europa.
Ya no estamos hablando solamente de una expedición experimental.
Estamos hablando del intento de convertir una posibilidad geográfica en corredor comercial.
CHINA PONE LA MERCADERÍA. RUSIA PONE LA GEOGRAFÍA
Aquí comienza la parte verdaderamente interesante.
China necesita rutas.
Rusia tiene territorio, costas árticas, puertos, recursos naturales y una importante flota de rompehielos.
Y ambos tienen razones estratégicas para disminuir su dependencia de corredores marítimos vulnerables o dominados por terceros.
Rusia, además, ya está utilizando intensamente esa alternativa.
En lo que va de la temporada 2026, siete cargamentos rusos que suman aproximadamente seis millones de barriles de petróleo emprendieron viaje hacia Asia por la Ruta Marítima del Norte.
Es casi la mitad del volumen transportado por esa vía durante toda la temporada 2025.
Otra vez:
acción y reacción.
Sanciones sobre Rusia.
Rusia busca otros mercados.
Conflictos en Medio Oriente.
China busca otras rutas.
Problemas en los grandes estrechos.
El comercio comienza a explorar corredores que hasta hace pocos años parecían secundarios.
PERO EL ÁRTICO NO REEMPLAZARÁ MAÑANA A SUEZ
Conviene poner los pies sobre la tierra.
La Ruta Marítima del Norte todavía presenta enormes dificultades.
El hielo continúa siendo un condicionante.
La navegación tiene una fuerte estacionalidad.
Se necesitan barcos preparados para condiciones extremas.
Los seguros pueden resultar más caros.
La infraestructura es limitada frente a las rutas tradicionales.
Y existe además una cuestión geopolítica nada menor:
gran parte de la ruta está bajo control ruso.
Cambiar la dependencia de un estrecho por la dependencia de una potencia tampoco significa eliminar el riesgo.
Además existe un enorme interrogante ambiental.
La paradoja resulta evidente: el calentamiento del planeta facilita parcialmente la navegación por el Ártico y esa misma navegación puede aumentar las presiones ambientales sobre uno de los ecosistemas más frágiles de la Tierra.
Por eso sería exagerado anunciar la muerte del Canal de Suez.
No está ocurriendo.
Lo importante es otra cosa.
Está apareciendo una alternativa.
Y cuando aparece una alternativa estratégica, aunque todavía sea pequeña, cambia la capacidad de negociación de todos los jugadores.
EL MAPA DEL MUNDO EMPIEZA A MOVERSE
Durante siglos la geografía condicionó el comercio.
Los imperios comprendieron perfectamente la importancia de controlar puertos, canales y estrechos.
Gibraltar.
Suez.
Malaca.
Bab el-Mandeb.
Ormuz.
Panamá.
Quien controlaba los pasos podía influir sobre las rutas.
Pero ahora está ocurriendo algo extraordinariamente interesante.
La tecnología, el clima y la geopolítica están modificando las posibilidades que ofrece la propia geografía.
El hielo que durante siglos cerró una ruta comienza a retroceder durante períodos más prolongados.
Rusia desarrolla rompehielos y puertos.
China pone barcos y mercaderías.
Y las guerras y tensiones del sur aumentan el valor estratégico del norte.
TRES GRANDES JUGADORES
Y nuevamente aparecen los tres actores que venimos observando.
Estados Unidos.
China.
Rusia.
China necesita asegurar el movimiento de mercaderías y energía.
Rusia necesita vender sus recursos y desarrollar su enorme territorio ártico.
Estados Unidos no puede ignorar que una región que durante décadas fue considerada periferia está adquiriendo importancia económica, militar y estratégica.
Por eso el Ártico ya no puede mirarse simplemente como una enorme extensión de hielo.
Puede convertirse en uno de los grandes tableros geopolíticos del siglo XXI.
¿Y NOSOTROS QUÉ TENEMOS QUE VER?
Muchísimo.
Argentina está lejos del Ártico.
Pero no está lejos del comercio mundial.
Exportamos alimentos.
Exportamos energía.
Queremos exportar muchísimo más gas y petróleo.
Tenemos puertos.
Tenemos la Hidrovía Paraná-Paraguay.
Tenemos el Atlántico Sur.
Y tenemos una posición geográfica que también debe ser pensada estratégicamente.
Porque si las grandes potencias están estudiando cómo serán las rutas comerciales dentro de veinte o treinta años, nosotros no podemos limitarnos a discutir únicamente cuánto cuesta transportar un camión hasta Rosario.
Debemos preguntarnos:
¿por dónde circularán las mercaderías del futuro?
¿Dónde estarán los grandes mercados?
¿Qué puertos crecerán?
¿Qué corredores perderán importancia?
¿Qué nuevas rutas aparecerán?
¿Y qué lugar queremos ocupar nosotros?
EL AGUA SIEMPRE BUSCA SU CAMINO
Desde el Rancho de la Cambicha no hace falta mirar demasiado lejos para comprenderlo.
El Paraná nos lo enseña permanentemente.
Cuando encuentra resistencia, el agua presiona.
Busca.
Rodea.
Y finalmente encuentra otro lugar por donde seguir.
El comercio mundial hace algo parecido.
Ormuz se complica.
Bab el-Mandeb se vuelve peligroso.
Suez pierde previsibilidad.
Los costos aumentan.
Los barcos buscan alternativas.
Y miles de kilómetros hacia el norte, entre hielos que durante siglos parecieron infranqueables, comienza a dibujarse otro camino.
Newton seguramente jamás imaginó portacontenedores chinos navegando frente a Siberia.
Pero aquella vieja idea continúa resultando sugerente:
a toda acción corresponde una reacción.
Y quizás mientras nosotros seguimos mirando los viejos mapas, China y Rusia ya estén comenzando a dibujar el nuevo.





















