LA CAMPAÑA EMPEZÓ: TODOS MIRAN HACIA 2027

Aunque todavía faltan quince meses para las elecciones, las principales fuerzas ya comenzaron a disputar candidaturas, territorios y alianzas. Mientras la dirigencia calcula su futuro, la sociedad necesita respuestas en el presente.

Falta mucho para las elecciones presidenciales.

Quince meses, en la Argentina, pueden equivaler a una eternidad.

Puede cambiar la economía.

Puede bajar o subir la inflación.

Puede recuperarse el consumo o profundizarse la recesión.

Puede aparecer un escándalo, una crisis internacional, una devaluación o un dirigente que hoy ni siquiera figura entre los candidatos.

Sin embargo, la temporada de caza ya comenzó.

Las principales figuras de la política nacional están marcando territorio, reuniendo aliados y calculando quién encabezará cada fórmula.

Javier Milei busca la reelección.

Karina Milei organiza y controla el armado libertario.

Mauricio Macri intenta conservar el valor político del PRO.

Axel Kicillof prepara su proyección nacional.

Máximo Kirchner defiende el poder territorial del kirchnerismo.

Sergio Massa vuelve a ocupar el lugar que mejor conoce: el del hombre que dialoga con todos mientras espera su oportunidad.

Nadie quiere llegar tarde.

MILEI COMPITE CONTRA SU PROPIA GESTIÓN

Javier Milei ya expresó que pretende continuar otros cuatro años.

Tiene una ventaja fundamental: ocupa la Presidencia. Puede fijar la agenda, administrar los tiempos políticos y presentar cada decisión de gobierno como parte de una transformación histórica.

Pero también carga con una dificultad que ningún candidato opositor posee:

debe mostrar resultados.

En 2023 podía explicar los problemas recurriendo a la herencia recibida. En 2027 deberá responder por cuatro años completos de gobierno.

La estabilidad fiscal, la inflación, los salarios, las jubilaciones, el empleo, la actividad económica, las rutas, la educación y la seguridad serán parte del balance.

Milei podrá discutir con el peronismo, el periodismo, los gobernadores, los empresarios o los organismos internacionales. Pero su principal adversario electoral será la vida cotidiana de los argentinos.

Una cosa es presentar una planilla con equilibrio fiscal.

Otra es que el comerciante vuelva a vender.

Una cosa es anunciar inversiones por miles de millones de dólares.

Otra es que la pyme consiga crédito, pague la energía y mantenga a sus empleados.

Una cosa es afirmar que la economía está creciendo.

Otra es que ese crecimiento llegue al bolsillo.

Si la recuperación se extiende y resulta perceptible, Milei llegará fortalecido. Si los indicadores mejoran pero la sociedad no lo siente, tendrá dificultades para convencerla de que debe esperar otros cuatro años.

KARINA Y MACRI: SE NECESITAN, PERO DESCONFÍAN

El acercamiento entre Karina Milei y Mauricio Macri no responde a una reconciliación sentimental.

Responde a la aritmética.

La Libertad Avanza necesita ampliar su estructura, consolidar equipos, asegurar fiscales y evitar que una fuerza ubicada en un espacio ideológico parecido termine dividiendo votos decisivos.

El PRO, por su parte, necesita impedir que el oficialismo termine de absorber a sus dirigentes, legisladores y electores.

Por eso se creó una mesa política conjunta integrada por representantes de ambos sectores.

En público hablarán de defender el rumbo económico, evitar el regreso del populismo y coordinar la agenda legislativa.

En privado discutirán poder.

Candidaturas.

Listas.

Distritos.

La Ciudad de Buenos Aires.

La provincia de Buenos Aires.

La integración de la fórmula presidencial.

Y, sobre todo, quién conduce y quién acompaña.

Macri conserva experiencia, relaciones internacionales y dirigentes con conocimiento territorial. Pero ya no posee la fuerza electoral de otros tiempos.

Karina Milei controla el instrumento político que actualmente ocupa el Gobierno, pero sabe que una elección nacional no se gana solamente desde los despachos de la Casa Rosada.

Se necesitan.

Precisamente por eso deberán negociar.

LA PELEA POR LA VICEPRESIDENCIA

Mientras la candidatura presidencial oficialista parece reservada para Milei, la segunda posición de la fórmula abre otra batalla.

La relación con Victoria Villarruel quedó demasiado deteriorada como para imaginar, hoy, una repetición automática de la fórmula de 2023.

Eso convierte la Vicepresidencia en una pieza central.

El nombre elegido deberá ampliar electoralmente al oficialismo, garantizar lealtad política y contribuir a construir una mayoría en el Senado.

Patricia Bullrich, dirigentes provenientes del PRO, figuras del propio espacio libertario y funcionarios de confianza aparecen dentro de un tablero todavía abierto.

La elección no será un detalle.

La experiencia argentina demuestra que los vicepresidentes pueden convertirse en aliados fundamentales, adversarios internos o simples espectadores.

Milei y Karina Milei buscarán evitar una nueva fuente de autonomía dentro del Gobierno.

EL PERONISMO SE SIENTA A LA MISMA MESA

Casi simultáneamente con los movimientos del oficialismo y el PRO, Axel Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner, gobernadores y jefes parlamentarios volvieron a reunirse.

La fotografía muestra unidad.

La realidad conserva profundas diferencias.

Kicillof gobierna la provincia más poblada del país y construye una fuerza propia con proyección nacional. No puede aspirar a otra reelección consecutiva en Buenos Aires, de modo que su destino político natural apunta hacia la Presidencia.

Pero para llegar necesita extender su influencia fuera de la provincia y demostrar que puede representar a algo más amplio que el kirchnerismo tradicional.

Máximo Kirchner conserva estructura partidaria, legisladores, intendentes y una militancia disciplinada. Su principal preocupación consiste en evitar que Kicillof construya una conducción autónoma desplazando a La Cámpora.

Sergio Massa posee otra clase de poder.

Mantiene vínculos con gobernadores, empresarios, medios, sindicatos y dirigentes de diferentes espacios. No dispone del territorio propio de Kicillof ni de la estructura militante de Máximo Kirchner, pero conserva una extraordinaria capacidad para ubicarse en el centro de cualquier negociación.

Los tres pueden reunirse.

Pueden acordar documentos.

Incluso pueden coordinar una estrategia legislativa.

Pero todavía deben resolver la pregunta decisiva:

¿quién conduce?

LAS PASO TAMBIÉN FORMAN PARTE DE LA BATALLA

La discusión sobre la continuidad o eliminación de las elecciones primarias no es solamente institucional.

También es electoral.

Para un oficialismo con un candidato presidencial prácticamente definido, eliminar las PASO puede simplificar el camino y obligar a la oposición a resolver sus candidaturas dentro de sus propias estructuras.

Para un peronismo dividido, mantenerlas puede proporcionar un mecanismo aceptado para ordenar la competencia entre Kicillof, Massa, el kirchnerismo y los gobernadores.

Cada sector defenderá su posición mediante argumentos democráticos.

Pero detrás de esos argumentos también existen cálculos.

Las reglas electorales nunca deberían modificarse pensando en quién puede ganar la próxima elección. Sin embargo, en la Argentina, demasiadas veces se discuten precisamente con ese objetivo.

LA OTRA CARRERA: LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES

La candidatura presidencial no es la única presa disputada.

La sucesión de Kicillof en la provincia de Buenos Aires ya puso en movimiento a intendentes y ministros.

Jorge Ferraresi, Gabriel Katopodis, Julio Alak, Andrés Larroque y Carlos Bianco aparecen entre los nombres que buscan instalarse.

No se trata de un cargo secundario.

La provincia concentra cerca del 40 por ciento del padrón electoral argentino, administra un presupuesto gigantesco y constituye la principal base territorial del peronismo.

Quien controle Buenos Aires tendrá recursos, estructura y capacidad para influir sobre la política nacional.

Por eso la discusión bonaerense estará directamente conectada con la candidatura presidencial.

Kicillof necesitará un sucesor confiable.

La Cámpora intentará conservar poder.

Los intendentes exigirán participación.

Massa procurará incorporar dirigentes propios.

Y el oficialismo nacional buscará aprovechar cada división.

LA CAMPAÑA EMPEZÓ, AUNQUE NADIE LA HAYA ANUNCIADO

Todavía no veremos actos de lanzamiento todos los días.

Los candidatos evitarán admitir que están en campaña con tanta anticipación.

Hablarán de reuniones de gestión, mesas legislativas, encuentros partidarios y construcción de consensos.

Pero la campaña comenzó.

Cada viaje a una provincia tendrá una lectura electoral.

Cada obra inaugurada será parte de una estrategia.

Cada conflicto interno revelará una candidatura.

Cada encuesta comenzará a circular como instrumento de presión.

Cada decisión económica será evaluada también por su impacto en las urnas.

La política argentina ya dejó de mirar solamente el presente.

Está organizando el reparto del poder futuro.

EL CIUDADANO NO PUEDE SER SOLAMENTE ESPECTADOR

Existe, sin embargo, un peligro.

Que durante los próximos quince meses toda la dirigencia discuta quién ocupará cada cargo y nadie resuelva los problemas que deberían justificar la existencia de esos cargos.

Las familias no pueden esperar hasta 2027 para recuperar sus ingresos.

Las pymes no pueden suspender sus vencimientos hasta que se definan las candidaturas.

Los productores necesitan rutas transitables hoy.

Las escuelas necesitan educación de calidad ahora.

Los hospitales no pueden aguardar el resultado electoral para recibir medicamentos y controles adecuados.

La política es necesaria.

Construir alianzas también.

En una democracia es legítimo que los dirigentes aspiren a gobernar.

Lo que no resulta aceptable es que la campaña se convierta en una excusa para abandonar la gestión.

La temporada de caza ya comenzó.

Las principales fieras políticas salieron de sus refugios y comenzaron a rodearse, estudiarse y disputarse el territorio.

Milei busca conservar la Presidencia.

Macri intenta salvar al PRO.

Karina construye poder.

Kicillof quiere cruzar la General Paz.

Máximo defiende la herencia.

Massa espera su momento.

Mientras tanto, millones de argentinos continúan trabajando, produciendo y pagando impuestos.

No deberían conformarse con comprar pochoclos para observar el espectáculo.

Son ellos quienes, finalmente, tendrán la última palabra.

Y cuando llegue el momento de votar, no elegirán solamente entre nombres.

También juzgarán quién dedicó estos quince meses a resolver problemas y quién los utilizó exclusivamente para cazar cargos.