Terremoto en Indonesia deja 53 muertos en la isla de Flores

El sismo de magnitud 7,7 sacudió la isla de Flores durante la madrugada y dejó un saldo de 53 muertos, 135 heridos y miles de evacuados. Las tareas de rescate siguen en marcha y el número de víctimas podría aumentar.

“La Tierra no olvida su lugar en el Cinturón de Fuego del Pacífico”: la advertencia resume la vulnerabilidad sísmica de Indonesia, uno de los países más expuestos del planeta a terremotos y tsunamis por su ubicación sobre el encuentro de placas tectónicas. En ese contexto, el sismo de magnitud 7,7 que golpeó la isla de Flores volvió a poner en evidencia la fragilidad de las zonas costeras y montañosas del sudeste asiático frente a estos eventos extremos.

El balance de víctimas mortales por el terremoto de 7,7 en la escala de Ritcher que sacudió en la madrugada de este sábado la isla de Flores, en el suroeste de Indonesia, ascendió a 53, según informaron este domingo las autoridades locales.

El jefe de la Agencia Nacional de Gestión de Desastres (BNPB), Abdul Muhari, precisó que los muertos se registraron en distintas zonas afectadas por el terremoto. El distrito de Manggaria concentra la mayor cantidad, con 25 fallecidos, seguido por Manggarai Oriental, donde se contabilizan 20.

El funcionario advirtió que la cifra podría crecer, ya que las labores de búsqueda y rescate continúan. De acuerdo con el reporte oficial, también se registraron 135 heridos y alrededor de 5.000 personas evacuadas.

El seísmo se produjo a las 04.58 horas, hora local, con epicentro frente a la costa norte de la isla y a una profundidad de apenas 15 kilómetros, según indicó la Agencia de Meteorología, Climatología y Geofísica (BMKG) de Indonesia. Esa escasa profundidad explica, en parte, la intensidad de los daños en superficie, un patrón habitual en los terremotos someros.

Luego del temblor, se contabilizaron más de 340 réplicas. Además, más de 1.300 viviendas resultaron dañadas, de las cuales unas mil sufrieron roturas graves. También se reportaron afectaciones en un centenar de escuelas, 36 centros de salud y casi 40 instalaciones gubernamentales.

Las autoridades emitieron de forma preventiva una alerta de tsunami para las zonas costeras cercanas, aunque fue retirada poco después, una vez evaluada la situación. “Se ha declarado finalizada la alerta temprana de tsunami provocada por el terremoto”, informó previamente el organismo meteorológico indonesio mediante un comunicado oficial.

Minutos después del sismo principal, se registraron réplicas de entre 5,6 y 6,1 de magnitud en la misma región, además de otro movimiento de 6,9 en la isla de Sumatra, al oeste de Flores. Mientras tanto, los equipos de emergencia siguen evaluando los daños y sosteniendo las operaciones de búsqueda y rescate, por lo que se esperan nuevos reportes a medida que avance el trabajo en el terreno.

Indonesia arrastra una larga experiencia de catástrofes sísmicas devastadoras. Su ubicación en el Cinturón de Fuego del Pacífico la convierte en una de las naciones más expuestas del mundo a terremotos, erupciones volcánicas y tsunamis, una combinación que ha impulsado en los últimos años mejoras en los sistemas de alerta temprana, los protocolos de evacuación y la coordinación entre agencias, aunque la magnitud de eventos como el de Flores sigue poniendo a prueba esa capacidad de respuesta.

Análisis y proyecciones: En crisis de este tipo, la cifra de víctimas suele crecer en las primeras 24 a 72 horas, cuando los rescatistas acceden a zonas aisladas y se confirma el estado de estructuras colapsadas. La profundidad del epicentro, la calidad de las construcciones y la densidad poblacional son variables decisivas para medir el alcance final del desastre. En el caso de Indonesia, la experiencia acumulada tras grandes terremotos y tsunamis ha fortalecido la cultura de evacuación, pero también dejó en claro que la reducción del riesgo depende de inversiones sostenidas en infraestructura resiliente, monitoreo sísmico y capacitación comunitaria.

Evolución del tema: En la última década, Indonesia pasó de una respuesta más reactiva ante los desastres naturales a un esquema con mayores herramientas de prevención y alerta, impulsado por la necesidad de reducir el impacto de eventos cada vez más complejos. Sin embargo, la exposición geográfica del archipiélago no cambió: la convivencia con el riesgo sísmico sigue siendo estructural. Por eso, cada nuevo terremoto reabre el debate sobre urbanización segura, control de edificaciones y rapidez en la asistencia humanitaria, especialmente en islas y regiones periféricas como Flores.