Ejercicio por la mañana: qué dice un estudio sobre el corazón

Un estudio con datos del Biobanco del Reino Unido vinculó la actividad física entre las 8 y las 11 de la mañana con un menor riesgo cardiovascular. La evidencia sugiere que no solo importa cuánto se entrena, sino también en qué momento del día.

“El reloj biológico no perdona”: desde hace décadas, la ciencia viene demostrando que el organismo no reacciona igual a todos los estímulos a cualquier hora. En esa línea, un estudio publicado en European Journal of Preventive Cardiology volvió a poner el foco en un detalle clave: hacer ejercicio entre las 8 y las 11 de la mañana podría asociarse con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular.

La investigación, difundida por Sportlife y basada en datos del Biobanco del Reino Unido, encontró que las personas que concentran su actividad física en las primeras horas del día presentan menos probabilidades de desarrollar enfermedad coronaria o sufrir un accidente cerebrovascular que aquellas cuya mayor actividad se registra al mediodía.

El trabajo se enmarca en la llamada cronoactividad, una línea de estudio que analiza cómo el horario de la actividad física puede incidir en la salud. La premisa es simple, pero relevante: el cuerpo no responde del mismo modo a ciertos estímulos según el momento del día en que se producen. En este caso, los investigadores buscaron determinar si la franja horaria del ejercicio influye en la aparición de eventos cardiovasculares.

Cómo se hizo el estudio

Para realizar el análisis, los autores recurrieron al UK Biobank, una de las bases de datos poblacionales más amplias del Reino Unido. Los participantes usaron durante siete días un acelerómetro triaxial, un dispositivo que permitió registrar con precisión el movimiento diario. Con esa información, los investigadores clasificaron a los participantes según patrones de actividad similares, considerando además la intensidad total promedio del ejercicio.

El estudio también calculó cocientes de riesgo cardiovascular según edad y sexo, e incorporó análisis estratificados por nivel medio de actividad física y por cronotipo de sueño autoinformado. Esa metodología permitió evaluar si el horario del ejercicio tenía una relación propia con la salud cardiovascular, más allá de otras variables personales y conductuales.

La muestra estuvo integrada por 86.657 personas, con una edad media de 61,6 años, un índice de masa corporal promedio de 26,6 kg/m² y una proporción de 58 % de mujeres. Durante seis años de seguimiento, se registraron 3.707 eventos cardiovasculares, entre ellos 2.911 casos de enfermedad de las arterias coronarias y 796 accidentes cerebrovasculares.

Qué resultados encontraron

Los datos mostraron que quienes desarrollaban su mayor nivel de actividad física por la mañana tenían un 16% menos de riesgo de enfermedad coronaria y un 17% menos de riesgo de accidente cerebrovascular, en comparación con quienes concentraban su actividad al mediodía. Uno de los puntos más llamativos fue que esa diferencia se mantuvo al margen del nivel total de actividad física diaria.

Ese hallazgo refuerza una hipótesis que gana terreno entre especialistas en medicina del ejercicio y cronobiología: no solo importa cuánto ejercicio se hace, sino también a qué hora se realiza.

Un efecto más marcado entre las mujeres

La asociación fue todavía más fuerte en las mujeres. Según los datos difundidos por Sportlife, en ese grupo el riesgo de enfermedad coronaria se redujo 22% cuando el ejercicio se realizaba a primera hora de la mañana y 24% cuando se concentraba al final de la mañana.

La diferencia abrió nuevos interrogantes sobre la posible influencia de factores biológicos y hormonales en la relación entre actividad física y salud del corazón. En términos generales, la cronobiología sostiene que variables como el sueño, la temperatura corporal, la sensibilidad a la insulina y las hormonas pueden modificar la respuesta del organismo a la actividad física a lo largo del día.

Los autores señalaron que estos resultados aportan una primera evidencia amplia sobre el valor potencial de la cronoactividad como herramienta de prevención. El concepto apunta a examinar cómo la distribución temporal del movimiento a lo largo del día puede tener efectos específicos sobre el organismo, en línea con otros estudios sobre ritmos circadianos y funcionamiento metabólico.

Qué cambió en los últimos años

En los últimos años, el interés científico por el ejercicio dejó de concentrarse únicamente en la duración, la intensidad y la frecuencia, y comenzó a incorporar con más fuerza la variable del horario. Antes predominaba una visión más clásica: cualquier movimiento era mejor que el sedentarismo. Hoy, la discusión es más precisa y apunta a optimizar el beneficio según el momento del día, especialmente en personas con riesgo cardiometabólico.

También cambió la forma de medir estos fenómenos. El uso de dispositivos de seguimiento objetivo, como acelerómetros, permitió avanzar sobre estudios más confiables que los basados solo en encuestas de hábitos. Ese cambio metodológico fortaleció las investigaciones observacionales y abrió la puerta a futuras pruebas experimentales más controladas.

Análisis y proyecciones

Aun así, los resultados deben interpretarse con cautela. El estudio muestra una asociación estadística, pero no prueba de manera definitiva que entrenar por la mañana sea la causa directa de la reducción del riesgo cardiovascular. Se trata de un trabajo observacional, basado en hábitos ya existentes entre los participantes, y no de un ensayo clínico con horarios asignados de forma controlada.

Pese a esa limitación, la magnitud de la muestra, el tiempo de seguimiento y el uso de mediciones objetivas fortalecen el valor del hallazgo. La principal proyección es que este tipo de evidencia pueda influir en futuras recomendaciones personalizadas, sobre todo para personas con factores de riesgo cardiovascular, siempre que nuevos estudios confirmen que el efecto depende realmente del horario y no de hábitos asociados, como el sueño, la alimentación o la constancia en el entrenamiento.

La enfermedad cardiovascular sigue entre las principales causas de muerte en el mundo, y la actividad física ocupa desde hace años un lugar central en la prevención. Este estudio suma una variable adicional a ese consenso: la posibilidad de que la mañana, en particular la franja entre las 8 y las 11, ofrezca beneficios extra para la salud cardiovascular.