CORRIENTES, UNA PROVINCIA GUARANÍ
Fiel a su historia, sus tradiciones y su identidad, Corrientes siempre defenderá sus derechos. Cambian los gobiernos, cambian los funcionarios y cambian los discursos. Pero algunos reclamos permanecen: energía, Hidrovía y rutas. No se trata de pedir privilegios. Se trata de exigir condiciones para competir, producir y desarrollarnos con los recursos que la propia provincia aporta al país.
Editorial de Identidadcorrentina
Corrientes no nació ayer.
Tampoco comenzó su historia con la última elección, con el último gobernador ni con el último presidente.
Hay una identidad correntina construida durante siglos, mucho antes de que las actuales divisiones políticas ocuparan nuestras discusiones cotidianas.
Somos una provincia guaraní.
No solamente porque hablamos una lengua que sobrevivió a generaciones y que forma parte de nuestra cultura.
Somos guaraníes por una manera de pertenecer a nuestra tierra, de relacionarnos con nuestros ríos, nuestros campos, nuestros pueblos y nuestra historia.
Y también por algo que Corrientes ha demostrado muchas veces:
podemos discutir entre nosotros, pero sabemos defender lo nuestro.
Hoy existen tres asuntos que deberían encontrarnos nuevamente en ese lugar.
Energía. Hidrovía. Rutas.
Producimos energía
Yacyretá está allí.
Sobre el Paraná.
Una de las mayores centrales hidroeléctricas de América Latina genera enormes cantidades de energía que ingresan al Sistema Argentino de Interconexión y alimentan al país.
Desde Rincón Santa María parten corredores eléctricos de 500 kV que vinculan nuestra región con el sistema nacional y permiten transportar grandes bloques de potencia hacia los centros de consumo.
Corrientes forma parte física y territorial de esa extraordinaria infraestructura.
Sin embargo, llevamos años discutiendo cuánto corresponde recibir por las regalías hidroeléctricas y bajo qué criterios deben calcularse.
El reclamo llegó incluso a la Corte Suprema de Justicia de la Nación.
No estamos hablando de una gentileza.
Estamos hablando de derechos.
Y mientras discutimos regalías, los correntinos seguimos pagando nuestra electricidad dentro de un sistema nacional de generación, transporte y distribución cuyos costos terminan formando parte de la factura.
Conviene aclararlo porque no necesitamos exageraciones para defender nuestros argumentos.
La electricidad de Yacyretá no “viaja hasta Buenos Aires y vuelve” como podría hacerlo un camión cargado de mercadería. El sistema eléctrico interconectado no funciona de esa manera.
Pero existe una realidad imposible de ocultar:
Corrientes participa del territorio donde se genera una enorme cantidad de energía hidroeléctrica y continúa reclamando infraestructura, reconocimiento y una compensación que considera justa por ese recurso.
No pedimos que nos regalen energía.
Pedimos que nuestra condición de provincia productora sea reconocida como corresponde.
Tenemos el río
Después está el Paraná.
El mismo río.
Una extraordinaria vía natural que atraviesa nuestro territorio y nos conecta con Paraguay, Brasil, Bolivia, los grandes puertos del Gran Rosario, el Río de la Plata y finalmente el océano.
Pero una cosa es tener un río.
Y otra muy diferente es disponer de una vía navegable competitiva.
Corrientes y Misiones llevan tiempo reclamando la extensión efectiva de las condiciones de navegación de la Hidrovía hacia el norte, con las obras de dragado, balizamiento e infraestructura necesarias.
La pregunta es elemental:
¿por qué una provincia atravesada por semejante autopista natural debe seguir dependiendo de manera abrumadora del transporte carretero para colocar su producción?
Una barcaza puede mover enormes volúmenes con una eficiencia energética que el camión jamás podrá igualar.
El camión es imprescindible.
Pero no debería hacer solo el trabajo del camión, del tren y de la barcaza.
Tenemos el Paraná delante de nuestros ojos.
Hay que utilizarlo.
Y tenemos las rutas
O, mejor dicho, tenemos lo que queda de algunas de ellas.
Las rutas nacionales 12 y 14 no son caminos secundarios.
Son arterias estratégicas del Mercosur.
Por ellas circulan personas, turismo, arroz, madera, yerba, cítricos, ganado, productos industriales y miles de camiones que vinculan al Nordeste con el resto de la Argentina y con los países vecinos.
Cada pozo tiene un costo.
Cada banquina deteriorada tiene un costo.
Cada kilómetro recorrido a menor velocidad tiene un costo.
Lo pagan los neumáticos.
Lo paga el combustible.
Lo paga el mantenimiento.
Lo paga el tiempo.
Y algunas veces, lamentablemente, se paga con vidas.
Después ese costo aparece en el flete.
Del flete pasa al producto.
Y finalmente alguien lo paga.
Nunca desaparece.
Tres problemas que son uno solo
Podemos discutir Yacyretá por un lado.
La Hidrovía por otro.
Las rutas por otro.
Y seguramente conseguiremos tres expedientes diferentes en tres escritorios diferentes.
Pero desde Corrientes deberíamos mirarlos juntos.
Porque los tres hablan de lo mismo:
infraestructura y federalismo.
Por las líneas transportamos energía.
Por el río deberíamos transportar nuestra producción.
Por las rutas transportamos prácticamente todo lo demás.
Y en los tres casos aparece una pregunta inevitable:
¿en qué condiciones se incorpora Corrientes al sistema productivo argentino?
No queremos una provincia subsidiada eternamente.
Queremos una provincia competitiva.
No importa quién esté en la Casa Rosada
Este punto debe quedar absolutamente claro.
Estos reclamos no comenzaron con el actual Gobierno nacional.
Ni deberían terminar cuando termine.
Corrientes debe reclamar ante Javier Milei exactamente aquello que reclamó ante Alberto Fernández, Mauricio Macri, Cristina Fernández de Kirchner, Néstor Kirchner y cada administración anterior cuando nuestros intereses provinciales estuvieron en juego.
Y deberá hacerlo ante quien venga después.
Porque los derechos de una provincia no pueden depender del color político del Presidente de turno.
Los gobiernos pasan.
Corrientes queda.
Tampoco alcanza con culpar a Buenos Aires
Sería cómodo terminar esta editorial diciendo que todos nuestros problemas nacen en el centralismo porteño.
La historia argentina ofrece argumentos suficientes para alimentar esa discusión durante otros doscientos años.
Pero también debemos mirarnos nosotros mismos.
¿Qué hicimos con las oportunidades que tuvimos?
¿Qué infraestructura planificamos?
¿Qué proyectos sostuvimos durante décadas independientemente del gobierno provincial?
¿Qué inversiones dejamos pendientes?
¿Qué podríamos haber hecho mejor?
Defender los derechos de Corrientes también significa exigir responsabilidad a quienes administramos Corrientes.
El federalismo funciona en ambas direcciones.
No pedimos privilegios
Pedimos rutas transitables.
Pedimos aprovechar el Paraná como herramienta de desarrollo.
Pedimos que nuestra condición de provincia vinculada directamente con la generación hidroeléctrica sea reconocida justamente.
Pedimos infraestructura para producir.
Para trabajar.
Para competir.
No queremos que un productor correntino necesite explicar su código postal antes de calcular si puede competir.
No queremos contemplar cómo pasan recursos frente a nuestra costa mientras seguimos preguntándonos cuánto cuesta llegar al puerto.
Y tampoco queremos que nuestros reclamos reaparezcan solamente cuando llega la próxima reunión de gobernadores y hay que sacarse otra fotografía.
Corrientes, una provincia guaraní
Nuestra historia está llena de diferencias.
También de enfrentamientos.
Pero existe algo anterior a nuestras diferencias políticas.
Nuestra identidad.
Corrientes sabe quién es.
Tiene memoria.
Tiene cultura.
Tiene idioma.
Tiene sus ríos.
Tiene producción.
Tiene energía.
Y tiene derechos.
Podemos negociar mecanismos.
Podemos discutir números.
Podemos acordar plazos.
Podemos sentarnos cien veces alrededor de una mesa.
Lo que no deberíamos hacer es acostumbrarnos.
Acostumbrarnos a las rutas deterioradas.
Acostumbrarnos a mirar pasar el Paraná sin aprovechar plenamente su enorme capacidad de transporte.
Acostumbrarnos a producir energía mientras discutimos durante años qué reconocimiento corresponde a nuestra provincia.
Porque cuando una sociedad termina acostumbrándose a aquello que debería cambiar, el problema deja de ser solamente del Gobierno.
Pasa a ser nuestro.
Por eso estos reclamos no pertenecen a un gobernador, a un partido ni a una administración.
Son reclamos de Corrientes.
Y cualquiera sea el Gobierno nacional que esté enfrente, deberían sostenerse con datos, con argumentos, con firmeza y con la paciencia necesaria para negociar.
Pero también con una condición:
sin renunciar.
Porque los gobiernos pasan.
Los funcionarios pasan.
Las fotografías pasan.
El Paraná seguirá corriendo.
Y Corrientes seguirá siendo Corrientes.
Una provincia guaraní, fiel a su historia, sus tradiciones y su identidad.
Y siempre dispuesta a defender lo suyo.
IDENTIDADCORRENTINA






















