Los inicios ocultos de Gustavo Cerati antes de Soda Stereo
Antes de convertirse en una figura central del rock en español, Gustavo Cerati transitó por varias bandas y dejó señales tempranas de su talento como guitarrista y cantante. Testimonios de músicos que compartieron escenario con él reconstruyen sus primeros años y el camino que lo llevó a Soda Stereo.En la historia del rock argentino, pocas trayectorias condensan tan bien la idea de evolución artística como la de Gustavo Cerati: de tocar guitarra a los 9 años, en un barrio porteño, a convertirse en uno de los nombres decisivos de Soda Stereo y del rock en español. Mucho antes del éxito masivo, su camino ya mostraba una combinación singular de técnica, intuición y búsqueda estética.
La relación de Cerati con la música comenzó desde muy pequeño. A los 9 años empezó clases de guitarra y se acercó primero a temas folclóricos con una profesora del barrio de Villa Urquiza. En reuniones familiares, sorprendía al interpretar y cantar clásicos como “Yo vendo unos ojos negros”. Ese aprendizaje temprano fue moldeando una versatilidad que luego sería una marca de su carrera.
En su adolescencia integró una banda de la parroquia del colegio San Roque, que participó de un concurso de La canción navideña con León Gieco y Carlos Cutaia en el jurado. Más tarde pasó por distintos grupos, entre ellos Koala, Triciclo y Savage, una formación dedicada a los covers de éxitos bailables y algunos lentos. Como suele ocurrir con muchos músicos que luego se vuelven icónicos, esos primeros escenarios fueron un laboratorio de prueba: tocar, acompañar, aprender repertorios y ganar oficio en vivo.
También llegó a ser guitarrista de la banda de Manuela Bravo y participó de actuaciones junto a Vozarrón y The Morgan. En esta última tocaba Zeta Bosio, a quien conoció mientras cursaba Publicidad en la Universidad del Salvador. Ese encuentro sería decisivo para la historia posterior de Soda Stereo, pero entonces ambos todavía estaban sumergidos en el circuito de bandas y ensayos de comienzos de los años 80.
Vozarrón, una experiencia clave en su formación
“Antes de formar Soda tuve un grupo de música de fusión. Yo era el guitarrista; ni siquiera era el compositor, y si bien disfrutaba de ser el guitarrista de una banda que mezclaba el jazz, el rock y el folklore, me resultaba muy forzado pensar en ‘la fórmula de’. Para mí eso es como una prisión y las cosas que me salen me salen naturalmente”, explicó Cerati en una entrevista. La frase resume una tensión que atravesó buena parte de su obra: la búsqueda de libertad expresiva por encima de cualquier molde.
Vozarrón fue formado por el tecladista y compositor Marcelo Kaplan a comienzos de los años 80. “Tenía 19 años y armé un trío de teclados, bajo y batería, con temas instrumentales míos, y con un guitarrista como músico invitado”, recordó en diálogo con La Viola. Según explicó, el debut en vivo se produjo por iniciativa del pianista y compositor Manolo Juárez, con quien estudiaba composición, en un ciclo realizado en el Teatro del Picadero en noviembre de 1980.
Kaplan definió aquel repertorio como “música latinoamericana de fusión”, un estilo en el que convivían ritmos latinoamericanos con armonías de jazz y sonoridades de rock. Esa combinación no era casual: en la escena argentina de fines de los 70 y comienzos de los 80, la fusión se convirtió en un territorio fértil para músicos formados en el jazz, el rock y el folklore, en un país que salía de una etapa de fuerte censura cultural y empezaba a recuperar espacios de experimentación.
“Simultáneamente a este proyecto, me desempeñaba como músico profesional con distintas bandas y cantantes, y por ese entonces me convocan para sumarme a un grupo de covers llamado Savage, donde el guitarrista y cantante era Gustavo Cerati”, relató Kaplan. El grupo tocaba en fiestas y, en el verano de 1981, fue contratado para hacer temporada en un boliche de Punta del Este.
La experiencia, sin embargo, terminó mal. Kaplan recordó que quienes los contrataron “no tenían experiencia ni solvencia” y que el grupo quedó “varado” en Punta del Este, sin dinero, porque no les pagaron y tampoco podían regresar con sus equipos e instrumentos. En ese contexto, Cerati terminó durmiendo en la habitación de su compañero de facultad, Zeta Bosio, que tocaba con The Morgan, y del sonidista Marcelo Angiolini, quien luego sería el primer manager de Soda. Le prestaron una frazada para que pudiera dormir en el suelo, entre las dos camas.
“En toda esa experiencia nos hicimos muy amigos con Gustavo. De vuelta en Buenos Aires, fue el candidato natural para sumar a Vozarrón cuando yo decido impulsar el grupo como un proyecto serio y empezar a actuar con regularidad”, recordó Kaplan sobre el ingreso del futuro líder de Soda.
En Vozarrón participaron distintas formaciones. Entre sus integrantes estuvieron Marcelo y Gustavo, Alex Sheridan en bajo, Fabián Feld en batería, Enrique Bonetto en saxo, flauta y clarinete, Sebastián Schon en saxos y flauta, y también Pablo Rodríguez, saxofonista que más tarde integraría Los Auténticos Decadentes.
Kaplan destacó el talento del joven Cerati: “Gustavo tenía un talento natural. Una persona súper musical. Era un excelente guitarrista y cantante, que con los años desarrolló todo su potencial y que nos aportó muchísimo durante el año y medio que estuvo en el grupo. Hasta llegué a componer un tema con letra para aprovechar las dotes de Gustavo”. También recordó que en 1982 ya estaba armando Soda y que a mediados de ese año le comunicó que dejaría Vozarrón para concentrarse exclusivamente en su nueva banda.
Sebastián Schon, por su parte, recordó que fue el primer grupo en el que tocó cuando decidió dedicarse a la música. “Llegué por un amigo de un amigo y no tenía mucha idea de qué era. Me encontré con un estilo de música que me sorprendió”, señaló. Explicó que, aunque estaba más enfocado en el jazz, Vozarrón lo atrapó por su mezcla de folklore y armonías de jazz, bajo la conducción de Marcelo Kaplan, discípulo de Manolo Juárez.
Schon remarcó que Cerati lo impresionó por su nivel musical. Dijo que tocaba muy bien, que el repertorio era mayormente instrumental y que además cantaba de manera destacada la única canción que incluía el set. También lo describió como meticuloso, con anotaciones en un cuaderno pentagramado “Istonio”. El paso compartido fue breve, pero suficiente para dejar una impresión duradera.
Pablo Rodríguez sumó otro recuerdo de aquella etapa: dijo que con Cerati eran “dos jóvenes entusiastas” que confiaban mucho en su trabajo musical y que eran obsesivos del audio y del estudio. Durante un ensayo, Cerati le dijo “vos vas a llegar”. Rodríguez también recordó un show en el Sindicato de Músicos, poco tiempo después de la mudanza a la Avenida Belgrano, en la planta baja del edificio donde funcionaba un restaurante.
Richard Coleman también rememoró una presentación de Vozarrón en la vieja La Trastienda, en Tames y Gorriti. Contó que fue a ver a amigos y que esa noche quedó impactado por la propuesta. Describió el espectáculo como una fusión de jazz rock y folklore, con una formación en la que predominaban los instrumentos y solo una o dos canciones cantadas. Para Coleman, Cerati ya destacaba por su forma de tocar una guitarra SG, por su soltura para los solos y por el momento en que se animaba a cantar, cuando el grupo parecía transformarse por completo.
“El asunto cambió cuando cantó ya que marcó una diferencia, porque fue el día y la noche, fue como otro grupo. Era una especie de zamba rara, no me acuerdo bien, pero fue impresionante, fue hipnótico, cambió todo”, contó Coleman. Esa imagen anticipa un rasgo que después sería esencial en Cerati: la capacidad de convertir una interpretación en una experiencia emocional y escénica de alto impacto.
El vínculo entre ambos siguió con el tiempo. Coleman llegó a participar en algunos ensayos de Soda, fue invitado a shows importantes y mantuvo una relación cercana con Cerati durante su etapa solista. Sobre aquella primera noche, recordó que la anécdota creció con los años, pero que hubo un detalle innegable: cuando Gustavo empezó a cantar, cambió la reacción del público, en especial la femenina.
El reencuentro en la era Soda Stereo
Schon se fue a estudiar música a Boston y volvió a cruzarse con Cerati en 1985. Al regresar, preguntó a un amigo qué estaba pasando en la escena musical y recibió como respuesta una referencia a Soda Stereo. Al ver un afiche, reconoció a Gustavo pese al cambio de imagen y de estilo.
En 1986, Schon fue convocado para la grabación de Signos. Llegó de la mano de Juan “Pollo” Raffo, con quien había tocado en otro grupo. Raffo había trabajado en teclados y arreglos de vientos para “Sin sobresaltos” y “Prófugos”. Sobre este último tema, Schon recordó que era una composición extensa y que finalmente en el disco quedó solo una nota, “un hit de brass”. En tono de broma, definió esa intervención como “mi participación más mínima de la historia”.
Durante una jornada de grabación ocurrió una escena llamativa: mientras hablaban de la época de Vozarrón, se abrió la puerta del control de Moebio y entró Marcelo Kaplan. El encuentro fue sorpresivo y ambos se saludaron, aunque nunca quedó claro por qué había ido al estudio. Schon señaló que no suele ser habitual que alguien ingrese sin aviso a una sesión ajena.
Pablo Rodríguez también fue convocado por el Pollo Raffo para el show de presentación de Signos en Obras, con una sección de vientos importante. Recordó que los arreglos estaban muy ajustados y que, en una pausa, Cerati se quedó tocando temas de Pink Floyd, con los solos de David Gilmour aprendidos con precisión. Para Rodríguez, eso demostraba que además de talento tenía estudio, dedicación y una obsesión por alcanzar el resultado deseado.
Kaplan, ya desde la distancia del tiempo, también conservó escenas de aquella etapa. Dijo que cuando Cerati comenzó con Soda, se empezaron a ver esporádicamente y que le gustaba cantar los temas instrumentales como si fuera un hincha de fútbol, especialmente en los viajes en auto rumbo a los shows. Esa energía lúdica, según su recuerdo, servía para animar a todo el grupo.
Análisis y proyecciones
La reconstrucción de estos primeros pasos permite entender por qué Cerati no apareció de la nada como líder de Soda Stereo: llegó a ese lugar después de una formación larga, cruzada por el folklore, la fusión, el jazz rock, los covers y el aprendizaje de escenario. En términos culturales, ese recorrido ayudó a que Soda conectara con una generación que, a comienzos de los 80, buscaba modernidad sin perder identidad local. La combinación de rigor musical y sensibilidad pop fue una de las claves de su posterior expansión regional.
La evolución de Cerati también refleja un movimiento más amplio del rock argentino: de los circuitos pequeños y experimentales de la posdictadura a una etapa de masividad continental. En los últimos años de su vida artística y luego en la consolidación de su legado, la percepción pública sobre él se amplió: dejó de ser solo el frontman de una banda histórica para convertirse en un referente de composición, producción y estética sonora. Mirado en perspectiva, Vozarrón funciona como una pieza de arqueología musical que muestra al Cerati previo al mito, todavía en búsqueda, pero ya con rasgos de autor.
En ese sentido, es probable que el interés por estas historias tempranas siga creciendo, porque permiten leer con mayor claridad el origen de su método: disciplina, escucha atenta, apertura estilística y una obsesión por el detalle. Esas características, que en los 80 podían parecer apenas virtudes de un músico promisorio, terminaron siendo la base de una obra que influyó de manera decisiva en varias generaciones.
Agradecimientos: Sergio Ponfil, Marcelo Fernández Vitar, Sergio Marchi, FlacoStereo.






















